Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

“Molière en bicicleta”: el actor y el personaje

Ver “Molière en bicicleta” me ha hecho a pensar en la esencia del trabajo del actor y en su capacidad para mimetizarse bajo la piel del personaje. ¿Cuánto hay de personal en una interpretación y cuánto de técnica para dar vida a lo que dice un guión escrito?: esa es la cuestión. En su película, Philippe Le Guay nos presenta a dos actores que durante cinco días ensayan la obra “El misántropo” de Molière, a la espera de un compromiso para representarla. Serge se ha retirado a la isla de Ré después de un profundo desencanto del mundo del espectáculo y de una depresión. Gauthier es actor de éxito en televisión y llega para convencer a su viejo amigo de que vuelva, jugando con su orgullo y con ese gusanillo que nunca abandonar a quien ha subido al escenario. Por su parte, en la obra de Molière, Alceste encarna al hombre enfadado con el mundo y con los lobos que lo pueblan, frente a su amigo Filinto… que es también rival en amores. Ellos son el odio y el amor, el cinismo y el optimismo, el orgullo y la cordialidad.

La historia de Serge y Gauthier comienza con el rechazo del primero a volver al teatro, pero también con el juego de seducción del segundo para adular su ego al ofrecerle el goloso papel de Alceste… o alternarlo con el de Filinto, reservándose el otro para él. Pronto sale a la luz el alma orgullosa y narcisista de Serge, más preparado que Gauthier para dar vida a Alceste, quizá porque su carácter de ermitaño se parece más a dicho personaje que el de un actor popular y complaciente como es Gauthier. Se suceden los ensayos y será la aparición de Francesca la que perturbe a estos dos expertos de la simulación, para echar por tierra su pose y cuestionar su arte de la representación. Aunque ella les recrimina su actitud constante de mirarse el ombligo, su maldad a la hora de herirse con el dardo punzante de la palabra, su orgullo para imponerse y hacer valer siempre su posición… los dos sucumben a su frescura y a sus encantos, al vitalismo alegre con que canta “Il mondo” -parece que Francia pone el existencialismo, e Italia la alegría de vivir-, y ambos terminan por incorporar definitivamente a su vida la esencia de Alceste y Filinto… casi a partes iguales.

 

Hay un momento clave en la película, cuando Serge ridiculiza a Gauthier delante de Francesca -claramente ha comenzado la pelea de gallos-, con un comentario irónico sobre su interpretación en la serie de televisión que están viendo. La ira se adueña de Gauthier… que se levanta y se va, para en el próximo ensayo hacer su mejor papel como un Alceste enfadado y lleno de rencor. ¿Por qué ahora? Quizá porque se ha metido en su personaje y le ha comprendido, porque ahora habla de lo que hay en su corazón, porque ya no representa sino que vive el despecho. Pero entonces, ¿dónde está el arte de interpretar un papel que encarna sentimientos distintos a los del propio actor? ¿cuánto mérito tiene un trabajo en el que uno hace de sí mismo (esto podría aplicarse, en muchos casos, a los niños-actores)? ¿es necesario interiorizar al personaje y perder el auto-control? Nos estamos acercando a las teorías de la interpretación y a la capacidad para transformarse en el escenario -o en el plató- sin perder el dominio de uno mismo y de la situación… porque Serge y Gauthier claramente han perdido los papeles, y la vida se ha adueñado de la ficción.

Por otra parte, tenemos al espectador y lo que su imaginario ha construido al ver a tal actor sobre la pantalla o en el escenario. A veces, el personaje ha sido tan poderoso que ha sepultado al actor, que se ha convertido en símbolo de un carácter determinado: John Wayne, Humphrey Bogart, Katharine Hepburn, Audrey Hepburn… son iconos del valor, cinismo, independencia, elegancia, entre otras cosas. En la película que nos ocupa, me ha sucedido lo mismo con Fabrice Luchini y con Lambert Wilson: ha sido difícil en el primer caso quitarme de la cabeza su papel cómico en “Las aventuras amorosas de Molière” o en “Las chicas de la 6ª planta”, y más aún en el segundo al recordar a Lambert Wilson como Christian en “De dioses y hombres” y verle tan alejado del prior del convento argelino y de su contención interpretativa… y eso, todo hay que decirlo, habla de su versatilidad como actor.

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En las imágenes: Fotogramas de “Molière en bicicleta”, película distribuida en España por Wanda Visión © 2013 Les Films Des Tournelles, Pathé, AppaloosaDéveloppement, France 2 Cinéma. Todos los derechos reservados.

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Publicado el 7 mayo, 2014 | Categoría: 6/10, Actores, Año 2014, Comedia, Drama, Francia, Opinión

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