Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

Seminci’58, miércoles 23: huyendo de la miseria y de la corrupción

Cuando a un hombre desesperado se le coloca entre la espada y la pared, es capaz de todo… sobre todo si su intención es sacar a su familia de la miseria. Es lo que le sucede a Óscar cuando se va del campo a la ciudad, cuando termina en los arrabales de Manila y se ve involucrado en una trama de corrupción, engaño y violencia. “Metro Manila” es la crónica de un viaje de la inocencia al desamparo, en donde el protagonista se ve obligado a trabajar en la seguridad de transportes blindados y asumir el dudoso código moral de la empresa. Todo queda justificado si de lo que se trata es de que su mujer deje de prostituirse en un club nocturno, de que su hija pueda ir al dentista o de tener algo para comer… La sordidez del ambiente queda refleja en unas imágenes duras y en una música que cede en ocasiones al silencio buscando el impacto emocional. Bien dirigida por Sean Ellis, esta historia de auto-inmolación se mueve en territorios extremos, con personajes a los que no se les deja otra opción… y con un espectador que debe digerir tanta tensión y creer que ese sacrificio valdrá para algo. La película, rodada en tagalo, ha sido nominada por Gran Bretaña para los Oscar como mejor película en habla no inglesa.

 

Bélgica trajo a competición “I’m the Same, I’m an Other (Soy el mismo, soy otro)”, de Caroline Strubbe. Un hombre huye con una niña pequeña… hacia ninguna parte, y entre ellos apenas se cruzan dos o tres palabras durante toda la cinta. No hay más personajes ni tampoco mucha información sobre su identidad ni sobre relación entre ambos, ni acerca del pasado que ha llevado a esa situación un tanto esquizofrénica o autista. Ni uno ni otro dan muestras de equilibrio mental, con lo que el misterio de su conducta crece hasta poner a prueba la paciencia del espectador. Silencios y perplejidad crecientes, ausencia de referencias y de localizaciones… para un viaje de individuos perdidos en su soledad y dolor, y también en su locura e inadaptación a la realidad. Confusa y algo críptica, la película -parte de una trilogía, según pudimos saber- no tuvo el reconocimiento del público, al que exigió demasiado y le dio bien poco.

Por último, “Zéro” de Nour-Eddine Lakhmari representaba a Marruecos en un intento de denunciar la corrupción de la policía y de las clases altas, pero se queda en una denuncia gruesa y sin sutilidad. La cinta no pasa de ser un thriller televisivo de mala calidad, plano y maniqueo en el retrato de personajes, artificioso en el uso de la cámara y el montaje, caricatura sin gracia en sus pretendidos toques de humor. El hombre del título es un policía con baja autoestima y reducido a tareas de oficia al que llaman Zéro, que -aparte de sus pequeños chanchullos callejeros- un día decide limpiar la ciudad de quienes obligan a menores a prostituirse y de quienes les dan amparo. Se trata de un justiciero con problemas con la bebida y con un padre al que cuidar, de una historia de amor totalmente impostada y absurda con la doctora que le atiende, y de una trama sin mesura ni equilibrio… lo que hacen que esta cinta no encuentre otra justificación para estar en la Sección Oficial que el de ser un tributo a un país, Marruecos, al que el festival dedicaba un ciclo (algo análogo a lo sucedido con la película de Schrader). 

En las imágenes: Fotogramas de “Metro Manila”- © 2013 Festival Films. Todos los derechos reservados. De “I’m the Same, I’m an Other (Soy el mismo, soy otro)”- © 2013 Minds Meet. Todos los derechos reservados. De “Zéro”- © 2012 Motion Pictures. Todos los derechos reservados.

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Publicado el 24 octubre, 2013 | Categoría: Año 2013, Opinión, Seminci

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