Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

«Mi primera boda»: Como anillo al dedo

[5/10]   Una boda siempre es momento de felicitaciones y buenos deseos, de nervios e inquietudes que marcan un antes y un después… sobre todo para los que se casan. En «Mi primera boda», Ariel Winograd no afirma ni niega que haya un segundo enlace, pero sí deja claro que quien llega al altar no puede creerse impecable ni subestimar al otro, que la vida depara muchas sorpresas -y no siempre negativas-, y que siempre hay algún cínico experimentado dispuesto a augurar tiempos difíciles tras el compromiso. Todo eso y alguna situación cómica tenemos en esta película cien por cien argentina. Se casa Adrián -un judío no practicante- con Leonora -una católica poco practicante-, y a la ceremonia y banquete llegan sus amigos… y algún que otro enemigo, además del cura y del rabino que lo hacen a escondidas. Lo que tendría que ser presagio de una vida de dicha se torna pronto en una catarata de desgracias… que hace peligrar el feliz desenlace.

 

En esta comedia de enamorados en crisis solo se respira buen humor y simpatía, y las situaciones que podrían derivar hacia lo chusco y soez se evitan en pro de ese tono amable y familiar. Hay una trama central que viene como anillo al dedo y que descansa sobre el gran trabajo de Daniel Hendler, y otras secundarias que dejan ver las costuras del guión y que no pasan de ser acumulaciones de gags poco trabados. No tienen demasiada gracia los coloquios chistosos y pseudo-filosóficos del cura y del rabino… aún con los Luthiers, mientras que los amig@s de los novios no escapan del estereotipo más simple y trillado, y el personaje de Miguel Ángel está como un pulpo en un garaje… a pesar de los esfuerzos que hace Imanol Arias, en un papel que es un error de casting.

Pero como la cinta no tiene mayores pretensiones que hacer pasar un rato agradable, el espectador acaba queriendo a esa madre frívola, a ese primo un poco torpe, a ese abuelo que suspira por un porro, o a esa amiga que pretende dar rienda suelta a sus afectos. Todos son vistos con cariño por Winograd, que explota hasta la saciedad el percance del anillo y pierde el ritmo narrativo de la historia, que no termina de sacar partido a la condición de matrimonio mixto, que genera sonrisas pero no muchas risas en el espectador. Sin grandes riesgos, opta el director por ceder la palabra a la pareja de novios para que den su versión de los hechos presentándose como narradores inocentes, y también por insertar flash back explicativos y otros recursos fáciles que ayuden a no perder el hilo de la historia.

Aparte de la interpretación de Hendler, quizá lo mejor esté en esa música clásica, seria y dramática, que acompaña a los personajes en momentos patéticos y cuyo contraste arranca hilaridad. En definitiva, de Argentina nos llega un cuento de hadas (así hay que entender el increíble desenlace) con una princesa y un sapo que iban a jurarse amor eterno… hasta el próximo año, y una cinta que gustará a los amantes del cine más comercial del país austral. Un divertimento simpático y ligero en el que un anillo viene al dedo, a pesar de todo el cinismo y de los presagios agoreros de algunos.

Calificación: 5/10

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En las imágenes: Fotogramas de “Mi primera boda”, película distribuida en España por Oliete Films © 2011 Tresplanos Cine. Todos los derechos reservados.

Publicado el 5 octubre, 2013 | Categoría: 5/10, Año 2013, Argentina, Comedia, Críticas

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Un comentario en “«Mi primera boda»: Como anillo al dedo”

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