Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

«Betrayal (Traición)»: Aprendiendo a fumar

[6/10]   El ruso Kirill Serebrennikov siembra, en su película «Betrayal (Traición)», la semilla de la infidelidad en el matrimonio y de la violencia ante el engaño. No hay sentimiento ni tampoco perdón en la cinta, porque en ella todo es tristeza y soledad, desorientación y venganza, y también búsqueda alocada de un afecto que se impone a la cordura y a la sensatez. Una médico-cardióloga alerta a su paciente de que su mujer le está siendo infiel… precisamente con el marido de ella, y para demostrárselo recorren juntos los lugares de sus citas clandestinas, mientras se va fraguando una complicidad que se transforma en intimidad. El resto de la historia llega de manera cuasi-necesaria por una especie de destino que arrastra irremisiblemente a una víctima para convertirla en verdugo y más tarde en traidor.

Resuena en la película el eco de «In the mood for love» cuando los amantes se engañan diciéndose que «nosotros no somos como ellos»… para después seguir sus mismas pisadas y convertirse en alumnos aventajados en la infidelidad. En su película, Serebrennikov retrata unos ambientes fríos e inhóspitos -los del alma- en los que cuando alguien siente un poco de afecto… lo echa todo a rodar para instalarse en él, con una pasión que deja paso a la rutina para volver todo a empezar. Ahí está esta inspectora de policía que cede a todo su sentido de la justicia cuando descubre que el crimen se hizo por amor -más bien por despecho- y que se conforma con un beso del culpable -medio en broma, medio en serio- para firmar la licencia de entierro. O esas cuatro parejas incapaces de curar las heridas del corazón -la especialidad médica no es casual- y de perdonar para dar una segunda oportunidad.

No hay esperanza ni tampoco emoción en «Betrayal (Traición)». Todo se desarrolla en medio de una estructura cíclica y gélida, donde lo humano solo queda patente por sus debilidades pero no por sus resortes para la regeneración. Serebrennikov hace gala de un exquisito dominio de la cámara (prueba de ello son esos travellings circulares iniciales, reflejo de la confusión interior del protagonista), con una planificación precisa y un elocuente trabajo de los silencios… que congela la sangre y evita cualquier concesión a la emotividad. Dramatismo sin anestesia y dureza emocional para individuos que fácilmente «aprenden a fumar», pues basta con inhalar el humo para tener una sensación nueva y placentera en lo más interior… aunque se precisa un poco de cuidado porque a uno le puede sentar mal, como le dice el hombre a la cardióloga.

 

Demuestra también el director un buen pulso narrativo con la elipsis, muy arriesgada en la secuencia del bosque… cuando un simple cambio de ropa intenta convencernos de que es suficiente para el cambio de vida. No estamos ante una película fácil ni cómoda porque su visión de la vida y del amor es desazonante y pesimista, porque echa mano de los recursos del lenguaje cinematográfico desde la austeridad y la sequedad. Pero es un trabajo que tiene su mérito y su momento, que indaga en lo más profundo del alma humana para quedarse solo con la oscuridad que encuentra… pero sin atisbar el resplandor que en ella también se puede encontrar.

Calificación: 6/10

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En las imágenes: Fotogramas de Betrayal (Traición)» – Copyright © 2012. Olwyn Films. Todos los derechos reservados.

Publicado el 11 septiembre, 2013 | Categoría: 6/10, Año 2013, Críticas, Drama, Rusia

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