Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

Seminci’57, días 20-21: En busca de una identidad

No podía comenzar más dubitativamente la 47ª edición de la Seminci, con una floja película de José Luis Cuerda que inauguraba el festival. “Todo es silencio” quiere ser un relato costumbrista ambientado en la Galicia del contrabando y del narcotráfico, del capo del pueblo y los amores juveniles, y se queda en una estampa sin vida y sin ritmo, con personajes sin nervio y subtramas deslavazadas que en ningún momento atrapan al espectador. Basada en la obra de Manuel Rivas, la película aburre y avanza a duras penas, con silencios vacuos e interpretaciones planas… donde sólo se salvan los niños actores, que hacen de ellos mismos. Sin chispa ni atractivo alguno, sin química entre los personajes, con efectos especiales que suenan a pretencioso y fuera de lugar, y con una puesta en escena acartonada… no ha sido un comienzo feliz de la Semana.

En las antipodas se encuentra la película de Margarethe von Trotta, “Hannah Arendt”, en torno a la figura de la filósofa judío alemana que quiso escribir un reportaje aséptico sobre Adolf Eichmann después de asistir a su juicio en Jerusalén. Biopic de visionado arduo por lo discursivo del mensaje y por el tono filosófico de los diálogos, por la profundidad de contenido y lo matizado de sus reflexiones, la directora cede la palabra a la filósofa para indagar sobre las raíces del mal y su banalidad, sobre el juicio al que es sometido un sujeto no moral por estar alienado en su irracionalidad y obedecer como un autómata las directicez del orden nazi. Un tema interesante que sobrevuela los acotecimientos históricos concretos para preguntarse por la moral y por el hombre, y donde se le hacer poseedor de la dignidad que supone pensar y entregarse de forma radical… sólo cuando el bien está por medio. Y una excelente interpretación de Barbara Sukoba, de honda y expesiva mirada, capaz de transmitir un pensamiento y contener unos sentimientos que nublarían su juicio.

 

La misma frialdad y frecisión germana encontramos en “Barbara”, película de Christian Petzold que Alemania presentará a los Oscar. Es la historia de un doctora de la República Democrática a quien se le niega el visado de salida y es obligada a permanecer en un hospital rural, bajo la estrecha vigilancia de las autoridades. Bajo una apariencia distante y despreocupada, se esconde unos deseos de fuga y libertad, que deberán ser contrastados y puestos a prueba cuando se establezcan algunas relaciones humanas con pacientes y personal del hospital. Conseguida ambientación de sospecha y desconfianza, y también de tenues chispazos de humanidad y sentimiento contenido para una cinta en que brilla la protagonista Nina Hoss, y que pretende ser -como la de Margarethe von Trotta- ejemplo del revisionismo historico que el cine alemán está llevando a cabo.

 

Como el personaje de Barbara, también en “Midnight’s Children (Hijos de la medianoche)” encontramos a individuos que tratan de encontrar su lugar en el mundo y quiénes son en realidad. En este caso, Deepa Mehta, a partir de la novela del escritor Salman Rushdi, narra la historia imbrincada de dos niños nacidos en la medianoche del 15 de agosto de 1947, momento de la independencia de la India. Intercambiados en su cuna nada más nacer, el hijo pobre “robará” la vida al rico mientras el tiempo vive guerras civiles -de las que surgirán Pakistán y Bangladesh- y enredos familiares… en lo que acaba convirtiéndose en metáfora del conflicto que individuo y nación viven en su seno. De excesivo metraje pero factura cuidada y excelente fotografía, la intrahistoria corre pareja a la Historia y lo realista a lo mágico, para esta historia de perdón y búsqueda de identidad que por momentos parece derivar hacia el melodrama pero que aguanta bien el tirón.

 

También los personajes retratados por Mika Kaurismäki en “Tie phjoiseen (Rumbo al norte)” tratan de buscar sus raíces, en lo que se revela como la necesidad de un reencuentro familiar a tres bandas… tras una vida de soledad y fracaso. Con humor nórdico y abundantes diálogos, esta odisea personal de reparación existencial hace amables y humanos a unos personajes de los que el espectador llega a compadecerse, y tiene en la música su mayor logro, pues no en vano padre e hijo son músicos de profesión. De momento, salvo el fiasco inicial de Cuerda, el resto de las cintas vistas en la Sección Oficial están manteniendo un discreto e incluso aceptable nivel de calidad, sin que ninguna haya llegado a entusiasmar ni a destacar. Esperemos a ver lo que nos deparan los próximos días.

En las imágenes: Fotogramas de “Todo es silencio”, película distribuida en España por Alta Classics © 2012. Todos los derechos reservados. De “Hannah Arendt”, The Match Factory © 2012. Todos los derechos reservados. De “Barbara”, The Match Factory © 2012. Todos los derechos reservados. De “Midnight’s Children”, película distribuida en España por DeAPlaneta © 2012. Todos los derechos reservados.

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Publicado el 21 octubre, 2012 | Categoría: Año 2012, Opinión, Seminci

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