Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

“Una vida nueva”: Los niños ya no vienen de París

[7/10]    Con “Una vida nueva” asistimos al duro y abrupto proceso de maduración de una niña de nueve años, que ve cómo la vida se desarrolla en una continua despedida de aquellos en quienes había puesto su cariño y que terminan dándole la espalda. La historia de Jinhee es triste y dolorosa porque la superación de la inocencia infantil va pareja a la pérdida de la confianza en las personas y al endurecimiento de un corazón que al principio era tierno y sonriente. A partir de su propia experiencia personal, la directora Ounie Lecomte nos desvela la alegría y desconcierto de quien es abandonada por su padre en el orfanato, para después transmitirnos su tozudez y rabia al verse engañada, y terminar mostrando su resignación ante la realidad de la vida.

En clave poética e intimista, Lecomte bucea en el alma de una niña que se lleva la primera decepción cuando conoce la mentira y sufre el dolor de la pérdida. Su sonrisa se transforma en gesto adusto y su pureza en escepticismo… conforme descubre las claves del comportamiento humano. Su mirada pierde entonces la ligereza infantil para cargarse de cansancio vital, y sus silencios se convierten en señal de que algo no va bien en su interior. Nada tiene que ver la imagen de felicidad inicial con el críptico rostro de Jinhee en el aeropuerto y que supone el inicio de “una vida nueva”…, nueva no tanto por la presencia de la familia adoptiva como por ser reflejo de un alma probada en la adversidad. El empeño de Jinhee por tener una familia ha sufrido un revés primero con su padre, después con su amiga y finalmente con el abandono del mismo orfanato. Cada despedida ha sido un nuevo golpe que ha marchitado su alegría, y también un empujón a no creer en el amor como vínculo de las relaciones humanas: por eso, no tiene ya sentido enterrar al pajarito muerto o cuidar a las muñecas… pues todo se ha convertido en una nueva ocasión de sufrimiento y dolor.

Con unas monjas que permanecen en un discreto segundo plano y unos padres que vienen y van (abandonando o recogiendo niños, según su voluntad), con el tema de la adopción internacional tratado de soslayo, la directora centra su mirada en la niña testaruda que busca desesperadamente a su papá, que vive con sentimiento de culpa, y que un día decide enterrar esa inocencia -sugerente metáfora- para comenzar a desenvolverse en el mundo de las apariencias (y engaños) de los adultos… o descargar su ira, por ejemplo, golpeando una manta tendida. El rostro de Kim Sae-ron transmite en todo momento frescura y sencillez, soledad y desconcierto, y su interpretación aporta el tono dulce y contemplativo necesario a un drama que cojea, por otra parte, en lo narrativo y que renuncia a cualquier empatía emocional con el espectador.

Contención y mesura dramática que se observa también en la dura historia de la chica mayor del orfanato, contada casi en elipsis y que ilustra otro de los derroteros de estos hijos del desamor. Ésa es la experiencia de la directora, recogida aquí con aires de verdad y sensibilidad exquisita, con acertados símbolos y respetuosos silencios. Por eso, “Una vida nueva” es la crónica de un despertar y la resignación ante un mundo de mentiras donde sobrevivir se convierte en lo esencial. Es también la opera prima de Lecomte y el paradigma de un cine coreano que trata de entender, desde la sencillez de una mirada inocente, un mundo de contradicciones y paradojas donde los niños ya no vienen de París… otra mentira que Jinhee también experimentó en su propia vida.

Calificación: 7/10

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En las imágenes: Fotogramas de “Una vida nueva”, película distribuida en España por Paco Poch Cinema © 2009 Gloria Films y Now Films. Todos los derechos reservados.

Publicado el 27 septiembre, 2012 | Categoría: 7/10, Año 2012, Corea del Sur, Críticas, Drama, Francia

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