Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

“Alumbramiento”: El triunfo de la vida

Cuando en nuestro país vuelve a hablarse del tema del aborto, no está de más rescatar una de las joyas de nuestro cine para poder disfrutar de la belleza de lo sencillo y natural. Se trata de “Alumbramiento”, cortometraje firmado por Víctor Erice y paradigma de una estética que sabe trascender la formalidad del lenguaje para ahondar en los aspectos más humanos y metafísicos. Con Luisín asistimos al nacimiento de una vida y también al comienzo de una muerte anunciada… ya desde ese inefable instante de amor y dolor con que se inicia cada existencia. El momento del parto está aún cercano cuando al pequeño se le escapa un llanto que advierte sobre alguna contrariedad y que parece perturbar el sueño febril de una madre. En el silencio del caserío, cada cual vive su propio tiempo y sueña con un futuro de felicidad tranquila y sosegada: mientras el padre echa una siesta reparadora, vemos al abuelo que se entretiene con un solitario y a una mujer que borda para el pequeño; en el mismo caserón, la comadrona amasa lo que será un buen pan casero y, no muy lejos de allí, unos niños juegan a ser mayores queriendo acelerar los tiempos en un automóvil señorial o tratando de congelarlo en su particular reloj de pulsera.

Son vidas presentes que se citan en torno a un recién nacido que se desangra y comienza a perder vida, como les sucedió a esos personajes del pasado que quedaron atrapados en unas viejas fotografías o a aquellos otros cuya hazaña fue inmortalizada en la crónica local que recogía los desastres de la guerra. Es un grito de Luisito el que irrumpe en la calma familiar porque “no se quiere marchar antes de tiempo”… y también un lamento de Víctor Erice que mira a Saturno de la guerra devorando a sus hijos y que apuesta por la vida. Con el imperturbable goteo del grifo o con el rítmico tic-tac del reloj de pared, con esa guadaña que acecha y corta la fresca hierba o con esa fruta madura que cae del árbol para anunciar el tiempo cumplido… contemplamos el irremediable discurrir de un tiempo que transforma el puro en ceniza, que no perturba la paz del espantapájaros y donde el siniestro gato es el primero en percibir el olor de la muerte.

Y en ese trágico amanecer de un niño, vemos a una madre que vela entre sueños agitados y otra que lo hace desde el Cielo. De pronto, unos y otros dan la voz de alarma y todos se reúnen para ver a Luisín… salvado “porque no había llegado su tiempo”, porque la (tramposa e inquietante) imagen de la niña balanceándose en el columpio se ha impuesto sobre la del tullido, y la estampa de la familia unida ha prevalecido sobre aquella otra rota por la guerra. Y en ese momento, una mano fuerte y recia sostiene a otra nerviosa que necesita tranquilidad, una matrona restituye el cordón umbilical de la vida y besa los pies que andarán por un mundo ensuciado, mientras se entona un canto de alegría porque la vida ha triunfado y Luisín podrá, en un futuro cercano, contemplar las fotos amarillentas de sus antepasados, mirar el reloj que marca las horas de la realidad doméstica o crear aquel otro que se alojaba en la imaginación de un niño solitario (clara referencia al director de cine como del creador de historias en el tiempo).

En sólo doce minutos, Erice nos regala imágenes ricas en valor poético y también sugerentes reflexiones en torno a la vida y al paso del tiempo, a la libertad y al sentido del mal en el mundo. Son sutiles metáforas y planos de duración precisa para marcar un tempo melódico y nostálgico que invita a la contemplación, con fundidos que asocian las tramas y travelling de valor semántico, con personajes populares y una puesta en escena naturalista que invita a gozar del universo de lo sencillo y auténtico, allá donde el artificio del montaje -en conexión con la escuela rusa- y los efectos de una luz blanquecina buscan la manera de llegar a lo profundamente humano y no de manipular engañosamente al espectador. Es el Cine entendido como manifestación del intelecto y la sensibilidad humana… y no como producto audiovisual de carácter meramente industrial. Es el triunfo de la vida frente a su instrumentalización en pro de causas menos nobles y más oportunistas. Es el grito por una sociedad escindida que da muestras de culpa y cuyas diferencias claman al cielo. Es un cortometraje humilde y sencillo en el que nada sobra ni falta, y donde un recién nacido se convirtió en héroe por un día al vencer a la muerte y transformar su llanto en canción.

Imagen de previsualización de YouTube

En las imágenes: Fotogramas de “Ten Minutes Older. The Trumpet. Alumbramiento” – Copyright © 2002. Matador Pictures, Road Movies Filmproduktion, Atom Films, Emotion Pictures y otras. Todos los derechos reservados.

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Publicado el 4 septiembre, 2012 | Categoría: 9/10, Años 2000 / 2005, Cortometrajes, Cortometrajes

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