Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

“Una bonita jornada de primavera”: Entre las cañas de bambú

Últimamente, es cada vez más habitual cruzarse por la calle con gente que va con auriculares. Van escuchando música, aprendiendo algún idioma o conectados a su programa de radio favorito. Nada que objetar. Las nuevas tecnologías nos permiten aprovechar el tiempo perdido… mientras vamos de un lugar a otro, y sin duda se trata de actividades enriquecedoras. Sin embargo, me temo que a veces podemos estar perdiendo el placer de escuchar los sonidos naturales… ya sean del campo o de la misma ciudad, y que terminamos refugiándonos en un mundo artificioso, compacto, industrial. Y, con ello, quizá desatendamos todo lo fresco y espontáneo que la vida encierra, con sonidos que las personas o la Naturaleza nos envían… y que quizá nunca nos hayamos parado a escuchar.

En el mundo del cine, eso se traduce en la preeminencia de un trabajo de posproducción que mezcla y crea nuevos sonidos, siempre purificados o distorsionados en busca del efecto deseado. Rara vez se nos dan realidades sin adulterar, sin falsificar, y por eso resulta tan gratificante encontrar trabajos que se esmeran en todo lo relacionado con el sonido, grabado directamente o incorporado después en el montaje. En la película coreana “Una bonita jornada de primavera”, Hur Jim-ho nos presenta a un técnico de sonido (Sang Woo), que un día conoce a una locutora radiofónica (Eun Su)… y que juntos inician un “viaje” para captar sonidos de la Naturaleza en primavera. Como era de esperar en ese idílico contorno, no tardan en enamorarse… aunque pronto tendrán que volver a la realidad más ordinaria de sus vidas, y entonces enfrentarse al dolor de la separación.

En la siguiente secuencia, asistimos a una de esas salidas a la caza del sonido natural. Apenas hay palabras, porque el restregarse de las cañas de bambú y el ruido del suave viento que las acaricia son suficientemente elocuentes para expresar unos sentimientos muy íntimos y placenteros. En esas circunstancias, las delicadas notas de piano entran sin forzar a dialogar con esos sonidos… para sublimar una escena inefable. Es un momento lleno de sensibilidad donde los afectos fluyen con suavidad, a la vez que la cámara opta por planos cenitales y contrapicados acusados… como queriendo traer el cielo a la tierra y gozar de unos instantes de confidencia silenciosa. Al ver esa secuencia, recomiendo hacerlo con un volumen adecuado para captar la riqueza de los sonidos.

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En las imágenes: Fotogramas de “Una bonita jornada de primavera”, Applause Pictures, Shôchiku Eiga, Sidus Pictures © 2001. Todos los derechos reservados.

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Publicado el 12 junio, 2012 | Categoría: 7/10, Años 2000 / 2005, Corea del Sur, Narrativa y estética, Opinión, Romance, Secuencias

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