Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

“My Fair Lady”: Aprendiendo a hablar con el corazón

Aprender a hablar y a vocalizar como es debido es la primera realidad que aflora al ver “My Fair Lady”. Aprender a manifestar el amor y a superar la superficialidad de las apariencias es la otra lectura que se puede sacar de la película de George Cukor. Y todo al son de unas melódicas canciones, arropado con un atractivo vestuario e iluminado con una vistosa fotografía. Es el Londres más estereotipado e irreal que uno se puede encontrar, y los decorados de cartón-piedra más efímeros que los estudios pueden construir, y sin embargo en este marco de ilusión viven una Audrey Hepburn mutante y un Rex Harrison entrado en años, que nos regalan un atractivo musical y una sugerente aproximación a la naturaleza humana. La película ganó 8 Oscar® en 1964 (mejor película, director, actor, fotografía, dirección artística, sonido, banda sonora y vestuario), para convertirse en una joya del cine clásico… que siempre se disfruta como si fuera la primera vez.

No faltan en el guión calificativos para esta “florista presuntuosa” a la que el profesor Higgins llama “bárbara desdichada” o “mísera andrajosa”, y a quien utiliza como cobaya para experimentar su innovador método de aprendizaje fonético. Pero esta joven “deliciosamente ordinaria y terriblemente sucia” tendrá que hacer ímprobos esfuerzos para escapar de la miseria y “convertirse en una señora”, aunque siempre sin renunciar a sus principios (“vendía flores, no me vendía yo”, le recriminará al profesor en un momento de crisis). Porque debajo de ese esfuerzo por ganarse “un dinero para bombones y taxis” late un corazón con su orgullo y dignidad. Ella no sabe de filosofía ni de lingüística pero tiene el sentido común y la sabiduría popular, y entiende mejor que nadie lo se llama “moralidad de la clase media” y lo que es un afecto sincero.

Si es cierto que el profesor logra transformar a esta fierecilla domada y educar su voz, también lo es que ella consigue ablandar el duro y mezquino corazón del lingüista hasta recuperar su humanidad perdida. De esta manera, podríamos decir que entran en escena las dos facetas que definen y articulan el comportamiento humano: la palabra y el corazón. Y con su aprendizaje conjunto es ya posible que nazca el amor entre estos dos ejemplares trabajados desde la obstinación, por mucho que la diferencia de edad, cultura y educación puedan presentarlo como imposible. No es fácil saber quién de los dos presta un mayor servicio al otro, ni tampoco decantarse por el mejor camino para encontrar una libertad más sublime… si a través de la inteligencia o de los afectos. Pero Cukor y su guionista Alan Jay Lerner vienen a decirnos que no hay dilema ni contraposición entre ambos, que la vida es una senda que hay que recorrer con todas las facultades… entre convicciones firmes y esfuerzos continuados, con una educación de la sensibilidad más íntima y también de las formas (del lenguaje), con alegres canciones y ricos bombones.

Extraordinarias interpretaciones para un gran trabajo artístico (el vestuario de Hepburn es, como siempre, de un diseño deslumbrante), realizado a partir de la obra teatral “Pigmalión” de George Bernard Shaw y de su adaptación musical en Broadway. Todos recordamos números como el “Wouldn´t It Be Lovely”, “On the street where you live” o The rain in Spain”, donde las canciones están perfectamente integradas en el argumento… y dan el alma a esta comedia romántica. Audrey Hepburn manifiesta, una vez más, su encanto y simpatía natural, su delicadeza y fragilidad extremas, con una asombrosa naturalidad que la transforma exteriormente porque su corazón ya era bueno desde el principio… en una metamorfosis que nos llevaría a hablar de la sutil crítica que se hace a la hipocresía de la sociedad victoriana, de finos modales y rancios abolengos.

En definitiva, viendo “My Fair Lady” sentimos que “la lluvia en Sevilla es una maravilla”, que siempre se puede salir de la miseria con un poco de música y alegría… aunque sea mejor aprender y adquirir lo que no se tiene, que el esfuerzo y volver a intentar las cosas es sinónimo de triunfar… porque no hay milagro que se resista, y que el amor surge donde menos se espera… porque debajo de las apariencias se esconden nobles convicciones y sinceros afectos.

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En las imágenes: Fotogramas de “My Fair Lady” © 1964 Warner Bros Pictures. Todos los derechos reservados.

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Publicado el 30 mayo, 2012 | Categoría: 10/10, Años 60, Filmoteca, Hollywood, Musical, Romance

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Un comentario en ““My Fair Lady”: Aprendiendo a hablar con el corazón”

  1. carmelo

    Gracias por recordarnos esta obra tan especial y decirnos que el amor surge donde menos se espera. Algunos aún tenemos esperanza. Un saludo

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