Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

“Ser o no ser” sobre un escenario de política matrimonial

El alemán Ernst Lubitsch y “Ser o no ser” (To be or not to be) están de celebración. Han pasado 70 años desde que se estrenara en 1942, y la película sigue despertando simpatía y admiración. Su valentía para hablar de Hitler sólo es comparable al Chaplin de “El gran dictador”, y su inteligencia para hacerlo desde la comedia recuerdan al Wilder más sarcástico. La película narra las peripecias de una modesta compañía polaca que prepara la representación de “Gestapo”, obra antinazi censurada por presiones políticas… con unos actores que, sin pretenderlo, se convierten en piezas clave de la resistencia. La puesta en escena es tan teatral como la que lleva a cabo el grupo encabezado por el matrimonio Tura, y la vida que recoge tan cómica y esperpéntica como la misma presencia de los nazis en Polonia. En “Ser o no ser” todo es ficción y artificio, y a la vez todo es realidad y azar. Las historias personales se entrelazan de forma caótica y confusa desde el equívoco y la suplantación, mientras que las conversaciones se tejen a partir del doble sentido de las palabras y de insinuaciones envenenadas, y las puertas se abren y cierran para mostrar y ocultar lo que sucede tras ellas (la imaginación del espectador debe suplir). Es el arte de la representación y también la inteligencia en el uso de la palabra de las que Lubitsch era maestro indiscutible, capaz de tratar los temas más graves desde la distancia y el humor.

Ya en el inicio de “Ser o no ser”, Lubitsch se mete entre bastidores al presentar a un actor bajo la apariencia del dictador y ser desenmascarado por una inocente niña que le pide un autógrafo. En adelante, ficción y realidad se mezclarán hasta no saber si estamos en el Cuartel General de la Gestapo o en el teatro de la propia compañía, si el profesor Siletsky que sale a escena es el real o el usurpador, si María Tura vive o actúa delante de los hombres que la cortejan. Toda la realidad es puesta en tela de juicio y el hombre es desnudado en su vanidad -el ego del actor es cómico y patético- o en su sensualidad, mientras que la mujer se representa en su complejidad psicológica y en su arte de la seducción. Al final, parecerá que quien realmente mueve la historia no son los tanques ni los aires de grandeza de la raza aria, sino el amor más caprichoso y los celos más dañinos. Porque en la Varsovia de 1939 asistimos a la resistencia polaca desde el espionaje organizado y las artes escénicas, y también a otro tipo de política matrimonial en que un marido vela y persigue a cuantos tratan de suplantarle en el corazón de su mujer. Son historias de infiltrados y de cambios de identidad en las que el esposo hace de policía de la Gestapo para su mujer, y el coronel o profesor de turno se dejan llevar por una mujer fatal por la satisfacción de un momento que les arruinarán la carrera y la vida.

De esta manera, celos y patriotismo van “en el mismo barco” con la única misión de acabar con el monstruo que pretender zamparse a la joven Polonia, mientras la ronda de la vida no deja de girar… y depara sorpresas a unos modestos actores que nunca pensaron ser tan decisivos, ni tampoco a un marido permanentemente amenazado por los encantos de su mujer -antológico final, sólo comparable al de “Eva al desnudo”- y donde la “mujer de todos” en realidad no lo es de nadie porque va un poco por delante de todos ellos. El guión de Edwing Justus Mayer construye una maquinaria perfecta a base de diálogos precisos y equívocos, de saber imprimir un ritmo vertiginoso y constante que nos lleva de Londres a Varsovia y del teatro al cuartel, con expresiones y salidas ingeniosas que no admiten desperdicio porque van dirigidas con toda la inteligencia y malicia del mundo hacia un objetivo determinado (el famoso “toque Lubitsch”). Su comicidad parte de los recursos de la imitación y la repetición para ridiculizar todo sistema autoritario en que la disciplina sustituye al razonamiento (la obediencia de los soldados nazis que se lanzan del avión sin paracaídas es una buena muestra), para satirizar el mundo de los actores con sus vanidades… y todo eso sin juzgar a los personajes ni caer en el maniqueísmo fácil.

Pero la perfección del guión va más allá del juego de equívocos y de los diálogos mordaces, pues la propia construcción de un mundo de ficción en paralelo al real es ya prueba de que nos encontramos ante una mirada inteligente que supo ver lo que sucedía en Europa y también servirse del cine para hacer su particular “resistencia”. En un plano más metafórico que jugaría entre la banda política y la antropológica, cabe pensar si la propia María Tura no simbolizaría al apetitoso país (polaco, en este caso) que vuelve locos a unos y otros hasta pegarse (y morir) por ella, y si Lubitsch no nos estaría también hablando de la condición humana en sus dignidades y miserias. Al fin y al cabo, parece que no hay tantas diferencias entre las cosas del corazón y la política, entre el hogar doméstico y la patria, porque donde haya hombres como protagonistas siempre se pondrán en marcha pasiones de poder y ambición, de vanidad y pasión… y no importa si esos individuos llevan bigote o barba postiza, si tienen muchas medallas al valor militar o consideraciones académicas… porque son, simplemente, hombres. En ese sentido, las distintas caras del actor sirven para ilustrar esa realidad de flaqueza en la que, cuando haya que entrar en los detalles para llegar a la verdad de la vida, resultará “que no hay detalles” (magníficas líneas del guión en ese encuentro del profesor y el coronel)… porque todo es impostura y hojarasca cuando se trata de disimular y disfrazar una agresión política territorial (invasión) o matrimonial (infidelidad).

Por eso, a estas alturas de la película parece que la inteligencia de Lubitsch va más allá del hacer una crítica fina y aguda a la política nazi, que su trama no se reduce a poner en escena situaciones de enredo y equívoco graciosas, que su planteamiento no se queda en el análisis de las fronteras entre la ficción y la realidad. Su alcance llegaría al corazón de la misma persona, auténtico protagonista de la historia dentro y fuera del escenario, clave en el devenir de los acontecimientos… aunque se trate de un simple lancero con sueños de grandeza que suspire por un papel en la obra. Por último, es necesario un recuerdo para las grandes interpretaciones del reparto, con una Carole Lombard que moriría en accidente de aviación antes del estreno de una película que no llegaría a España hasta comienzos de los años setenta.

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En las imágenes: Fotogramas de “Ser o no ser” © 1942 United Artist. Todos los derechos reservados.

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Publicado el 1 abril, 2012 | Categoría: 10/10, Años 40, Comedia, Filmoteca, Hollywood

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Un comentario en ““Ser o no ser” sobre un escenario de política matrimonial”

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