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y la sociedad como protagonistas

“War horse (Caballo de batalla)”: Un viaje épico y emocional a la amistad

[7/10]   Asistir a “War horse (Caballo de batalla)” es como subirse a lomos de un pura sangre y comenzar a trotar por los campos de Europa, minados por la Gran Guerra pero también salpicados por una amistad a prueba de bomba que, a la postre, hará que las aguas vuelvan a su cauce. El caballo se llama Joey y su joven dueño Albert, aunque la historia dirá que hubo otros amos -fundamentalmente niños- que bien podrían jactarse de haber tenido un amigo tan fiel y de tanto coraje. Vemos nacer al potro y cómo da sus primeros pasos, para más tarde comenzar a conocer lo que es trabajar duramente y sacrificarse, y llegar incluso a un heroísmo en tiempos de guerra que no se exige a los humanos… Una historia épica en la que un caballo entendió el sacrificio que supone la amistad, mientras su dueño comprendía a su vez las heridas de guerra de su padre y aprendía a entregar hasta lo que más amaba en la vida.

De esta forma, la última película de Steven Spielberg podría verse como la crónica de unas vidas paralelas, desde el idealismo juvenil que corre libre y sin ataduras hasta una edad adulta en que surge el compromiso y la lealtad. Es parejo el proceso de maduración de ambos, aunque discurra por caminos distintos… porque la vida y la guerra son complejas. Sin embargo, el cariño desde esa primera llamada durante la doma y la amistad forjada en el sufrimiento del campo de labranza dejarán una huella profunda, que tendrá su símbolo en ese pañuelo rojo que les mantendrá unidos. Una estructura circular necesaria para que el joven Albert experimente de primera mano las secuelas de la guerra y comprenda a ese borracho que un día fue héroe, y una narrativa lineal que los guionistas quieren fragmentar para ir poco a poco componiendo esta historia de lucha y superación, de coraje y emoción.

Sin duda, Joey es el protagonista principal y como no se contempla su candidatura al Oscar® por ser un caballo, habría que concedérselo a los adiestradores que tan buena “dirección de actores” han realizado. Su comportamiento al “alistarse” para la guerra o cuando reemplaza a su compañero de carga que está herido, su huida frenética y alocada atravesando las alambradas de las trincheras o su mirada profunda y cargada de sentimiento… son méritos sobrados para la estatuilla. Otro protagonista de primer orden es la partitura de John Williams, épica cuando la acción lo reclama y enternecedora cuando se trata de inundar de emoción la escena, capaz de acompañar el trotar del caballo o el graznido del ganso, y siempre muy intensa y acorde a la narración. Un tercer elemento excepcional es la fotografía del polaco Janusz Kaminski, que capta la fuerza del viento en el campo inglés o la dureza de la vida en la granja, la frialdad y desesperación en las trincheras o la calidez de una niña que se encariña con sus caballos.

Aunque lo más conseguido sean esos aspectos artísticos y de diseño de producción, es necesario también elogiar los trabajos interpretativos de Peter Mulligan y de Niels Arestrup, padre de Albert y abuelo de la niña Emilie respectivamente. Sus personajes tienen peso y hondura, encierran sentimiento y amargura a la vez, y su mirada profunda y humana es capaz de suscitar compasión y comprensión en el espectador. El joven Jeremy Irvine hace un digno papel, aunque teniendo tan buen caballo… es fácil dejarse llevar por su coraje y lealtad. De los distintos escenarios que Joey visita surgen varias historias con personajes llenos de humanidad y nobleza, aunque a veces hilvanadas con poca convicción y mucho azar.

Los episodios del capitán Nicholls y de los dos hermanos apenas tienen recorrido y no llegan a enganchar, y la de la confraternización en tierra de nadie (recuerda a la cinta de Danis Tanovic o a la francesa “Feliz Navidad”) tiene un toque tragicómico que no acaba de convencer en su inverosimilitud. Sin embargo el arranque y la primera parte en la granja británica tienen personalidad y atrapan al espectador, mientras que la parte final queda un poco cautiva del deseo de dejar buen sabor de boca con algunas concesiones emocionales… que se ven venir, pero que funcionan y consiguen escenas épicas como la mencionada huida del caballo (o su enfrentamiento al carro de combate, antológica) y otras muy emotivas.

Por último, Spielberg no se olvida de rendir su propio homenaje al cine clásico americano, con referencias al John Ford de “El hombre tranquilo” en las primeras escenas, al Stanley Kubrick de “Senderos de gloria” con un inequívoco travelling en la trinchera, o a “Lo que el viento se llevó” con juramento, siluetas al contraluz y panorámica con cámara aérea para recoger la multitud de heridos de guerra incluida. El director de las aventuras de Tintín nos regala, de esta manera, otra película familiar con una historia muy bien contada que ensalza el valor de la amistad frente al odio de la guerra, que contempla a niños y jóvenes como esperanza de un mundo mejor, y que supone todo un viaje emocional y una épica de lealtad y superación.

Calificación: 7/10

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En las imágenes: Fotogramas de “War horse (Caballo de batalla)”, película distribuida en España por The Walt Disney Company Spain © 2011 Amblin Entertainment, DreamWorks, Reliance Entertainment y The Kennedy/Marshall Company. Todos los derechos reservados.

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Publicado el 11 febrero, 2012 | Categoría: 7/10, Año 2012, Bélico, Críticas, Drama, Hollywood

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