Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

“Casablanca”: El tiempo pasará… pero no para el amor y la libertad

Uno nunca se cansa de ver “Casablanca”. Da la impresión de que el tiempo no pasa por ella, ni tampoco por el espectador que vuelve a entrar al café Rick’s para pedir a Sam que “toque otra vez la canción”, que revive un amor de ensueño consciente de que “siempre nos quedará París”, o que en el aeropuerto marroquí intuye que “comienza una bella amistad”. Todo en Casablanca tiene el sabor del presente y del instante congelado, porque Michael Curtiz nos habla de valores eternos que han quedado grabados en el tiempo para volver a vivirlos cada vez que vemos a Humphrey Bogart, con gesto duro, encender escépticamente un pitillo, o a Ingrid Bergman tratar de explicarle lo que sucedió aquel día en la estación de tren parisina.

Curiosamente, uno de los méritos de la película fue haber sido rodada en 1942, en plena 2ª Guerra Mundial y de manera comprometida con las libertades amenazadas… defendidas en el film por ese idealista checo que respondía al nombre de Laszlo. Y, sin embargo, nada de lo que vemos en la pantalla ha envejecido ni remite inmediata y necesariamente a un tiempo particular, sino que se eleva en una nube de idealismo y de romanticismo, milagro alcanzado gracias al amor que Rick siente por Ilsa. En cierta medida, tras su separación en París, Rick ha vivido encerrado en su café y en su escepticismo, bajo la apariencia de un rostro imperturbable y de una actitud cínica… aunque detrás se escondiese un idealista y un sentimental que espera que el amor venga a despertarle, a ayudarle para volver a creer.

No lo consigue Laszlo con su heroico patriotismo por muy que sea ejemplar, quizá por su frialdad y exceso de racionalismo, pues Rick es un hombre curtido ya en muchas batallas y de vuelta de casi todo. Quien sí consigue remover a Rick de su apatía e insuflarle nuevos aires es Ilsa. El amor -o admiración- que siente por su marido es tan grande que llega incluso a sacrificarse… si con ello consigue el salvoconducto que le permita escapar y salvarse. Ya sea por su amor de esposa o por su apoyo a la causa liberal, lo cierto es que con ese ejemplo -y con esa lágrima de mujer- en Rick reverdecen los ímpetus idealistas y los sentimientos de antaño. Es una forma única de recuperar el pasado de una vida plena en París o en su lucha política, y de proyectarlo a un futuro anunciado en esa resistencia que se vislumbra desde el aeropuerto de Casablanca y que tendrá por aliado al capitán Renault.

En el fondo, Laszlo y Rick no son tan diferentes, ambos idealistas en la causa política y en las cosas del corazón, los dos enamorados de la dulce Ilsa y también con un sentido práctico… aunque en uno de manifieste de manera franca y directa, y en otro de forma más solapada y misteriosa. En realidad, el tiempo en “Casablanca” se vive manera extraordinariamente subjetiva y encierra múltiples e insondables enigmas. Apenas se sabe lo que sucedió en el pasado -aunque un largo flash back nos da algunas pistas- y todo parece condensarse entre los humos del café Rick’s y la ambigüedad del capitán Renault o de la hermosa Ilsa. El policía juega a dos bandas, quizá más como estrategia que como ausencia de principios, y lo mismo hace el personaje de Bergman… que hasta el mismo final del rodaje no sabía si se iba a ir en la ficción con Laszlo o con Rick, y que tuvo que mantener por tanto un rostro indefinido y dar todo su cariño a uno y otro… hasta lograr aportar verosimilitud a los dos finales posibles.

En definitiva, por las distintas capas de la personalidad de Rick, por los dos intensos y distintos amores de Ilsa, por las dos caras sarcásticas de Renault… todo en “Casablanca” parece estar viviéndose en un único tiempo, en un presente continuo en el que todo es posible. Y por eso quizá tendríamos que pedir a Sam, como Ilsa y “por los viejos tiempos”, que vuelva a tocar otra vez “El tiempo pasará”… pero alterando la letra porque queremos seguir respirando la atmósfera del Rick’s y disfrutando de esos héroes del amor y de la libertad. Es posible que eso explique que no nos cansemos de ver “Casablanca”.

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En las imágenes: Fotogramas de “Casablanca” © 1942 Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados.

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Publicado el 16 febrero, 2012 | Categoría: 10/10, Años 40, Filmoteca, Hollywood, Romance

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5 comentarios en ““Casablanca”: El tiempo pasará… pero no para el amor y la libertad”

  1. κριτικός (kritikós)

    Qué gran película. Yo la veo al menos una vez al año y no me cansa.

  2. salo

    Estimados:
    como no emocionarse con Casablanca toda vez que nos habla del amor y de la lucha por la libertad

  3. Mauricio Mora

    Genial, yo disfruto mucho con el cinismo de Renault, una vela a Dios y otra al diablo. Me encantaron las escenas en las que se exaltó el nacionalismo, la veo y la veo y no me canso, gran artículo.

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