Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

Lunes 24: Los pesos pesados se afirman en la Seminci… con un poco de amor y esperanza

A las 8’30 de la mañana, la Seminci nos invitó a bajar a las alcantarillas de la localidad polaca de Lvov para acompañar durante 140 minutos a once judíos escondidos de la persecución nazi. Es “In Drakness” y recoge la historia real de Leopold Socha, polaco que comenzó robando y negociando con los huidos del gueto para finalmente ayudarles por humanidad y porque eran “mis judíos”… hasta llegar al heroísmo. Realismo fotográfico para una ambientación conseguida, con abundantes momentos de tensión y nervios de quienes llevaban encerrados 14 meses en unas cloacas y antes habían sido humillados por los nazis, pero excesivo metraje para una historia que podía haberse contado de manera más contenida y breve. Aunque hemos visto muchas películas de judíos, alemanes y movimientos de resistencia nacional, Agniezska Holland trata de hacer evolucionar a Socha para sacar de él lo mejor dejando ver sus debilidades, lo mismo que muestra la fragilidad y miserias de algunos de los judíos… en un intento de dar un tratamiento humano a la historia, pero “sin moralinas”. En cualquier caso, la propuesta se hace algo pesada y las escenas bajo tierra muy repetitivas… con lo que el espectador desea que la película acabe pronto para salir a la luz del día.

Grandes esperanzas teníamos puestas en “El niño de la bicicleta” de los hermanos Dardenne, Gran Premio del Jurado en Cannes. No ha defraudado en absoluto, y ha dejado su firme candidatura para llevarse la Espiga. Una historia de un niño que busca ansiosamente a un padre que le abandonó en el Centro de acogida, una mujer “caída del cielo” que se presta a ayudarle… porque se da cuenta de que lo que necesita el crío es afecto, el peligro de la violencia callejera que amenaza el camino del niño, y la necesidad de recuperar el concepto de vínculo dentro de la sociedad. Vemos que la vida de Cyril puede entrar en una espiral de individualismo y delincuencia o reconducirse con alguien que de verdad le quiera, y la cosa no es fácil porque los peligros acechan de continuo. Con una narrativa sencilla y clara, con un ritmo que no decae en ningún momento, con una gran dirección de actores y un Thomas Doret que atrapa en su naturalidad, la música sinfónica emerge puntualmente -una rareza en los Dardenne- para darnos esperanza y serenidad a la vez que nos amplía los horizontes, mientras el vestuario rojo del niño nos dice que una caperucita corre peligro en el mundo urbano como el actual… a no ser que un haga buena llamada Samantha acuda en su ayuda. El carácter realista de la historia es compatible con ese sentido de cuento moral de un niño que soñaba con una bicicleta, porque ésta era lo que le unía a su padre y lo que le hablaba de cariño.

Por último, la tarde nos tenía reservada otra alegría, aunque ver y disfrutar con Zhang Yimou no sea ya una sorpresa. No era la primera vez que el director nos llevaba a la Revolución Cultural de Mao para contarnos una preciosa historia de amor, ni tampoco era novedoso que apareciese una escuela y un maestro (o maestra) con un periodo de reeducación en el campo, o que nos deslumbrase con la extrema sensibilidad para acercarse a los sentimientos con extremo pudor y delicadeza. Todo está presente en “Amor bajo el espino blanco”, romance en el que está permitido llorar si disimulo, aunque no se llega al sentimiento por la vía manipuladora de lo falso sino a través de un enamoramiento muy verosímil y hondo, con secuencias que recuerdan a “El camino a casa” por el detallismo de la puesta en escena o por las miradas cargadas de complicidad, por la excelente labor de casting y el tempo lento que la historia requiere, por una preciosa banda sonora que hace que la contemplación de esos jóvenes se haga tan eterna como su amor. Poesía y sinceridad no exenta de crítica hacia una etapa vergonzante, y también de comicidad con las espontáneas salidas de los más pequeños, por no hablar de la profundidad de sentimientos de la madre de Jing. Gane o no alguno de los premios, estamos ante una película entrañable y conmovedora, ideal para quienes busquen amor romántico, hermosa estéticamente y contada a base de fogonazos… como si fueran recuerdos de una época dorada que permanece intacta en la memoria de los enamorados.

En las imágenes: Fotogramas de “In Drakness”, película distribuida en España por Alta Classics © 2011. Todos los derechos reservados. De “El niño de la bicicleta”, película distribuida en España por Wanda Visión © 2011. Todos los derechos reservados. De “Amor bajo el espino blanco”, Golem Distribución para España © 2010. Todos los derechos reservados.

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Publicado el 24 octubre, 2011 | Categoría: Año 2011, Opinión, Seminci

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