Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

“En un mundo mejor”: Entre gallinas, terroristas y personas

[8/10]   Cada película de Susanne Bier es como una explosión de emociones y una llamada a las conciencias, tanto por la dureza de los duros temas que aborda como por la facilidad para adentrarse en el interior de los personajes y llegar al corazón del espectador. Son dramas intensos trabajados sobre situaciones límite que miran a la muerte como elemento dinamizador, y que dan cobijo a personajes en permanente conflicto consigo mismos y con el entorno. “En un mundo mejor” nos presenta a dos familias rotas, una por el cáncer y otra por el divorcio… y que claman por una segunda oportunidad; también aparece un chico enrabietado con la vida y dispuesto a vengarse de la injusticia, y a otro más inclinado a encajar los golpes que le llegan; y, por último, a un padre dispuesto a ser valiente pero “no como un idiota” que se ampara en la fuerza, y a una sociedad que debe aprender a perdonar para creer que puede darse un mundo mejor.

Anton es un médico comprometido que trabaja en un campamento africano de refugiados, y también es un esposo que necesita el perdón de su mujer Marianne. Uno de sus hijos se llama Elias y sufre el acoso escolar sin rechistar… siguiendo el ejemplo paterno de no responder a la agresión con más violencia. En su soledad, Elias se hace pronto amigo de un chico recién llegado al colegio, Christian, que ha perdido a su madre a causa de un cáncer y que no es capaz de perdonar a un padre que le aseguró que no se iba a morir, ni tampoco al ese chaval que incordia a su amigo o a quien da muestras de evitar la confrontación. Christian ha optado por dar primero y más fuerte para que el otro no pueda responder, y por eso busca la complicidad de Elias para acabar de una vez por todas con la injusticia de quienes abusan de la fuerza, utilizando sus mismas armas.

Susanne Bier mueve la cámara para crear un torbellino emocional, pero también la fija con primeros planos de los rostros para capturar todo el sentimiento de unas almas llenas de dolor y necesitadas de paz. Sus personajes se ven atrapados en telas de araña de violencia, con peleas infantiles o conflictos de mayores de las que tratan de salir airosos con una palabra y una mirada de compasión… o sucumben con un puñetazo de ira y de venganza. A veces necesitan un poco de soledad y se retiran del bullicio, y se sumergen en las aguas refrescantes del río, o se van a contemplar un atardecer o suben a lo alto de una azotea desde la que divisar la ciudad. En cualquier caso, les falta oxígeno para vivir y sobre todo necesitan alguien en quien confiar y con quien abrir el alma. Son, en definitiva, dramas íntimos que les hacen llorar, gritar, golpear… y heridas que sólo el amor y el perdón pueden curar. La directora danesa consigue transmitir esas inquietudes con una fotografía que carga las atmósferas de tensión, y con una emotiva banda sonora que recurre con eficacia al silencio.

El incisivo retrato de los personajes y de sus problemas viene completado por una estupenda labor de casting y dirección de actores, y por unas interpretaciones convincentes. Mikael Persbrandt encarna a un padre ejemplar a pesar de sus debilidades pasadas, capaz de dar muestras de integridad como médico -magnífica es la escena en el campamento africano en que se enfrenta al monstruo y los mismos refugiados- a la vez que no oculta sus difíciles dilemas de conciencia –en el taller de automóviles da una lección de valentía inteligente-. No menos fuerza tiene el personaje de su mujer -interpretado por Trine Dyrholm-, poseedora de una mirada profunda que refleja sufrimiento y ternura; o los niños de Markus Rygaard y William Jøhnk Nielsen, que reflejan todas las carencias afectivas y su manera particular de vivir los problemas.

Como ya hiciera en “Después de la boda”, en “Cosas que perdimos en el fuego” o en “Brothers (Hermanos)”, Susanne Bier vuelve a emocionarnos y a hacernos reflexionar sobre el afecto y la soledad, sobre el dolor y la muerte, sobre la venganza y la violencia. Y lo hace con un trabajo áspero y desgarrador, que respira intensidad dramática pero que está abierto a la esperanza (ahí está el agua como elemento purificador, o esa mirada desde el cielo consoladora), con historias de gran humanismo donde los personajes pueden comportarse como gallinas, como terroristas o como individuos que saben perdonar.

Calificación: 8/10

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En las imágenes: Fotogramas de “En un mundo mejor”, película distribuida en España por Golem © 2010 Zentropa Entertainments. Todos los derechos reservados.

Publicado el 2 abril, 2011 | Categoría: 8/10, Año 2011, Críticas, Dinamarca, Drama

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2 comentarios en ““En un mundo mejor”: Entre gallinas, terroristas y personas”

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