Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

“Cisne negro”: Metamorfosis destructiva

[8/10] Es fácil que la búsqueda obsesiva de la perfección y del éxito termine de manera dramática, y más si quien lo persigue es un espíritu sensible y delicado dispuesto a entregarse sin tasa en la consecución de su objetivo. En “Cisne negro” Darren Aronofsky se introduce en el mundo de la danza y sigue con su cámara a Nina, una bailarina dispuesta a todo para ganarse el papel principal de Reina en “El lago de los cisnes”. Con ella sufrimos una metamorfosis destructiva que la empuja a transformar el cisne blanco que lleva dentro en el negro que exige la obra. Su ambición por tener su momento de gloria sobre el escenario la obliga a dejar de ser esa niña dulce de técnica perfecta para soltarse y transmitir pasión y vida al espectador… aunque sea contaminándose con el mal.

Su identificación con el personaje y la propia trama del ballet es tan intensa que llega a perturbar su frágil personalidad y su percepción de la realidad, y desde esa esquizofrenia debemos contemplar la película, alejada de una óptica realista… salvo cuando muestra la dureza física y emocional de las bailarinas con sus sacrificios. Llevando al extremo los consejos de un coreógrafo con fama de mujeriego, entrena con tesón su imaginario para construir en su interior ese cisne negro que le dé un punto de locura y arrebato, aunque sea a través del sexo o las drogas de una noche loca. Gran parte de las sensaciones que experimenta y vemos suceden únicamente en su cabeza, que comienza a percibir alucinaciones, celos o temores… que Aranofsky transmite al espectador con una puesta en escena turbadora y ambigua por no distinguirse de lo real.

La cámara en continuo y frenético movimiento, la fotografía de grano grueso y a veces desenfocada, la luz cegadora o las sombras inquietantes, un sonido distorsionado que provoca angustia y misterio, la presencia de espejos e imágenes oníricas, el vestuario y un colorido de contrastes… todo conduce a alimentar esa patología e inestabilidad que visualmente nos permita introducirnos en la cabeza de Nina y aprender a discernir lo real de lo imaginario, la vida del escenario. El director logra una puesta en escena de enorme fuerza visual, con preciosos momentos de armonía y belleza junto a otros de intensidad dramática y desequilibrio. Los acordes de piano de la banda sonora y la propia música de Tchaikovsky hacen el resto para conseguir un clímax que encoge el alma del espectador. Sólo cabe criticarle a Aranofsky algunos efectismos y respingos desagradables más propios del cine de terror de serie B, innecesarios para potenciar la esquizofrenia y tensión de la bailarina, desenfreno de un director poco complaciente y sutil.

Capítulo aparte merece el trabajo de una inspirada Natalie Portman que va camino del Oscar®. La expresividad de su rostro consigue mostrar toda la dulzura e inocencia de Nina, lo mismo que su fragilidad y sumisión materna… para más tarde sacar su registro más sensual y tormentoso, camino del último y trágico acto de “El lago de los cisnes”. Riqueza interpretativa que aquí acompaña con una asombrosa capacidad para el ballet y para expresarse con el cuerpo, tanto con su gracilidad como con su rigidez. Elegancia y pasión para dar vida al Cisne blanco y al Cisne negro, para contarnos con sus reacciones lo que debió ser la vida de la posesiva y dominante madre de Nina –frustrada bailarina y responsable de tan funesta obsesión en la hija–, para ver en sus ojos enrojecidos la ira hacia tiene lo que a ella le falta –estupendo el trabajo de Mila Kunis–, para percibir la falta de escrúpulos de un coreógrafo maquiavélico que confunde el trabajo con la vida personal –gran papel también de Vicent Cassel–.

Historia trágica de obsesiones y contrastes que conviven en el interior del individuo, entre lo realista y lo visionario, entre la pureza y elegancia artística de la danza y la amoralidad de quien está dispuesta a todo para alcanzar el papel de su vida. La vida sobre el escenario, y el amor que debe transformar al cisne en princesa… siempre que la rivalidad y los celos no perturben el lago y la sangre llegue al río. Un drama intenso con algunos excesos de crueldad para dinamitar la historia de una madre que quiere realizarse en su niña, de una bailarina que salta al vacío de la fama y baja a los infiernos, de un coreógrafo de dudosa moral y métodos cuestionables, de una visión maniquea donde lo luminoso y lo oscuro luchan en un mundo donde las divas se suceden como aquella Eva que tan bien retrató Mankiewicz frente al espejo.

Calificación: 8/10

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En las imágenes: Fotogramas de “Cisne negro”, película distribuida en España por Hispano Foxfilm © 2010 Fox Searchlight Pictures, Cross Creek Pictures, Protozoa y Phoenix Pictures. Todos los derechos reservados.

Publicado el 19 febrero, 2011 | Categoría: 8/10, Año 2011, Críticas, Drama, Hollywood

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3 comentarios en ““Cisne negro”: Metamorfosis destructiva”

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