Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

Seminci’55 (lunes 25): Problemas familiares sin resolver

La Seminci decidió hoy incomodar un poco al espectador, y proyectar dos películas en su Sección Oficial que nos introducían en familias que causaban un poco de pena en su desgracia. Menos mal que la primera, la americana “Cyrus” de los hermanos Jay y Mark Duplass, lo hacía en tono de comedia y conseguía hacernos pasar un buen rato, porque lo que es la canadiense… En la primera escena vemos cómo John se halla sumido en la depresión al enterarse de la inminente boda de su ex-mujer, y cómo la suerte parece favorecerle cuando conoce a Molly en una fiesta… y se enamoran. El problema llega con el hijo de ésta, Cyrus, un joven de 21 años que se niega a perder el monopolio del amor de su madre, y que empleará todo su arsenal para que la relación no prospere. Una lucha entre la sinceridad y la simulación, entre la soledad y el desencanto, con tres lobos hambrientos de afecto y una madre ingenua para quien su hijo es siempre su niño… aunque haya adquirido tanta experiencia como para manejar varias vidas a la vez.

Tras un comienzo que es toda una caja de sorpresas y situaciones desconcertantes, se desata pronto la guerra sin cuartel y la comicidad alcanza su punto álgido entre mentiras y empeños por llevarse el gato al agua, para en el último tercio volverse la cinta convencional y previsible, con un guión que cede ante la taquilla y corta las alas a dos interpretaciones –las de John C. Reilly y Jonah Hill, enamorado e hijo respectivamente– que hasta entonces rebosaban autenticidad y frescura. Una película sobre la educación sentimental y la soledad, con un Peter Pan de doble vida y un Shrek de noble corazón. Divertida en algunos momentos y suavemente dolorosa en otros –siempre contenida–, esta entretenida película podría llevarse el premio del público, mientras que John C. Reilly es serio candidato al mejor actor.

Dejamos el poco humor que la Seminci suele albergar para seguir a otros perdedores natos que necesitan redención, y también para acompañar a otra familia que no es precisamente un foco de alegría y optimismo. En “À l’origine d’un cri”, el canadiense Robin Aubert quiere indagar en la causa de una rabia que atenaza a tres generaciones de una amplia familia, que les lleva a estar enfadados consigo mismos y con el mundo, a ahogar sus penas en alcohol, sexo y violencia… porque no les basta poner cara de perro a lo que la vida les trae. Jo acaba de perder a su segunda esposa y se niega a dejar que la muerte se la lleve, con lo que desentierra su cuerpo y huye desesperadamente hacia ninguna parte; su hijo mayor no le va a la zaga con la bebida y demás excesos, aparte de arrastrar problemas emocionales desde abusos sufridos en la infancia; y el abuelo espera pacíficamente la muerte, aunque tengan fama sus borracheras y demás escapadas. Violencia y sopor es lo que nos encontramos, con una historia pesada y lenta en la que sus personajes caen en las mayores bajezas, sin saber encarar la adversidad y sin una palabra amable. Una visión desgarrada y muy explícita, desagradable y excesiva para bajar a los infiernos interiores… y después conformarse con un mínimo de felicidad, como si no fuese posible obtener más…. Tampoco el surrealismo de unos muertos que visitan al atribulado viudo sacan al espectador del aburrimiento, y uno mira tantas veces el reloj que la película parece eterna.

En las imágenes: Fotogramas de “Familien Rheinwald” – Copyright © 2010 Zentropa Entertainments16. Fotos por Rolf Konow. Todos los derechos reservados. De “À l’origine d’un cri” – Copyright © 2010 Max Films Productions. Todos los derechos reservados.

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Publicado el 25 octubre, 2010 | Categoría: Año 2010, Opinión, Seminci

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