Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

“La última cima” o lo sagrado hecho real

Hace un mes se estrenó una película un poco particular, por tratarse de un documental y por recoger la vida de un sacerdote que había muerto recientemente en un accidente de montaña. No le di entonces mayor importancia por estar de vacaciones y por no encontrar mucha información sobre ella en los medios cinematográficos. La sorpresa llegó en las semanas siguientes, cuando el número de espectadores que asistían a ver “La última cima” iba creciendo –hasta alcanzar la nada despreciable cifra de 100.000 en  nuestro país– y se multiplicaban las copias que llegaban a las salas o las semanas de permanencia en la cartelera. Entonces leí un artículo en que se hablaba de su promoción “desde el púlpito” haciendo alusión al apoyo institucional que había tenido por parte de la Iglesia y de webs católicas, por tratarse de un reflejo de la vida sacerdotal y cristiana.

Sin duda, el cine religioso tiene su público y eso ya quedó demostrado con “La Pasión de Cristo” que hiciera Mel Gibson, o con el documental “El gran silencio” en que la cámara se adentraba entre los muros del monasterio del Grande Chartreuse para mostrar la vida de un cartujo. De todas formas, siempre he creído que ese tipo de cine no queda reservado al creyente… cuando está bien realizado. Si su pretensión es llegar sutilmente al fondo de esas personas, y transmitir esa fe o esa motivación para vivir… y lo consigue, entonces cualquier espectador sintonizará con el sentido trascendental, sensible o poético que se esconde tras el personaje. Por eso, no creo que haya que limitar el alcance de una película religiosa –siempre que tenga calidad– al ámbito de los creyentes, y reducirla con etiquetas muchas veces tendenciosas y poco respetuosas.

Si “La última cima” va sobre un sacerdote ejemplar… sin duda los católicos verán en ella un modelo que les reafirme en sus creencias, y eso no está mal. Pero hay otro público que también puede descubrir su carácter jovial y alegre, su generosidad y espíritu de servicio, su capacidad para hacer sus amigos, sus ganas de vivir y disfrutar… y todo ello llega y se agradece. Con esto, apunto hacia algo que ha declarado su director, Juan Manuel Cotelo: “Tal vez la gente tiene sed de historias positivas, creo que está bien hecha, no es aburrida y se centra en la búsqueda de espiritualidad”. No sé si lo ha conseguido –no trato aquí de hacer una crítica de la película–, pero de lo que sí estoy seguro es de esa búsqueda de lo interior y duradero, de lo positivo y oxigenante, de lo verdadero y auténtico… como algo necesario y que el espectador espera.

Porque el aficionado al cine no siempre se busca la evasión, el artificio y un final tan falso como placentero al estilo hollywoodiense. Muchas veces quiere ver personas de carne y hueso con las que se pueda emocionar, en las que encuentre eco a sus propias inquietudes o de las que pueda aprender al ver cómo se enfrentan a la dicha o al sufrimiento… La prueba está en películas tan dispares como “Bienvenidos al Norte” o “Lourdes”, “Once” o “Las alas de la vida”, por poner ejemplos variados de los dos últimos años. Son cuatro películas que conectan con el espectador y dejan buen sabor de boca sin empalagar, sin ser espirituales en un sentido religioso… Si lo es “La última cima”, eso no quita para que también sea profundamente humana y atractiva. Por eso, me parece que cierta crítica debería dejar en el desván sus prejuicios.

En las imágenes: Fotogramas de “La última cima” – Copyright © 2010 Infinito Más Uno. Distribuida en España por European Dreams Factory. Todos los derechos reservados.

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Publicado el 14 Julio, 2010 | Categoría: 6/10, Año 2010, España, Opinión, Religioso

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