[6/10] Con “Lo que sé de Lola”, Javier Rebollo dejó claro el despojamiento formal al que quiere someter su cine y también su voluntad de quitar todo artificio a la imagen. Ahora, con “La mujer sin piano” radicaliza su postura para ofrecernos la noche oscura del alma de Rosa, una mujer madura que abandona su hogar huyendo de una vida anodina, en busca de alicientes y de melodías para su corazón. Su huida de la rutina diaria la lleva a entrar en contacto con emigrantes, huidos de la justicia, prostitutas, macarras y un personal de servicios… que no lo son tanto y que completan un panorama social tan vacío como triste y desolador. Desnudez formal para un mundo insoportable y tedioso en esta propuesta minimalista en lo narrativo y de extrema depuración estilista. Cine minoritario y arriesgado, nada comercial y muy cinéfilo, premiado con la Concha de Plata a la mejor dirección en el último festival de San Sebastián.

El cine de Rebollo quiere hablar con la imagen y el sonido, y su cámara se acerca a los personajes como un bisturí que penetre en su interior desde la distancia y el respeto. Unas veces las acompaña con un travelling y otras espera que entren en el plano para dejarlas salir sin seguirlas. Juega con el fuera de campo y con el sonido directo para que sea el espectador quien imagine y sienta su soledad, apatía e incluso amargura existencial. Un lenguaje que busca transmitir sensaciones interiores con sutilidad y dejando libres a sus personajes y también a sus espectadores, con una fría fotografía y una acusada profundidad de campo, con interpretaciones inexpresivas y unos pocos y lacónicos diálogos, con pequeños detalles y objetos cargados de sentido metafórico –ese cuadro o esa maleta, el móvil sin cobertura o el pitillo, la copa de coñac o la peluca, la misma cárcel del polaco–, con tanto silencio que hace que se perciba un molesto pitido –como le sucede a Rosa–, que no es otro que la insatisfacción e infelicidad cotidiana que muchos tratan de ocultar con los ruidos del televisor o de la radio.

Un cine de autor que busca modos cinematográficos de expresar un estado del alma, al estilo de Aki Kaurismäki aunque con mayor solemnidad y pretenciosidad. El problema es que una apuesta tan radical hace que algunas de las situaciones e interpretaciones resulten algo forzadas y excesivas en su hieratismo, poco naturales y verosímiles, o al menos con personajes cortados todos por el mismo patrón: el empleado de Correos, el de la estación de autobuses o la del hotel son extremadamente antipáticos y falseados, y su frialdad es tan increíble como desagradable; el polaco huido y “arregla-aparatos” no acaba de estar bien dibujado en el guión y su misterio e irrealidad rivalizan con la de Rosa, tan seca y sin vida que no permiten a Carmen Machi mostrar un ápice de deseo, dramatismo, desencanto o culpa. Es el terreno del vacío y de la nada, donde todos viven y actúan sin gusto ni motivación, sin esperanza ni sentimiento. Sobran, por otra parte, esos planos del cliente de la prostituta o del hijo de Rosa que tratan de cerrar y explicar la secuencia, o la reincidencia con la política anti-tabaco y las imágenes de la guerra de Irak y el encuentro de las Azores…, pues traicionan la economía de estilo del resto de la cinta y la contaminan innecesariamente de ideología.

Es el eterno retorno de aparente final abierto –que en realidad es cerrado porque nos deja en un túnel sin salida–, la tocata y fuga hacia la nada… que encantará al espectador curtido en las formas cinematográficas y en unos silencios que hacen premiosa la historia, pero que aburrirá al que busque entretenimiento o emoción y que dejará apesadumbrado a quien espere vida y humanidad en unos grises y tristes personajes.
Calificación: 6/10
En las imágenes: Fotogramas de “La mujer sin piano” – Copyright © 2009 Avalon Productions y Lolita Films. Distribuida en España por Avalon Productions. Todos los derechos reservados.
Publicado el 29 Enero, 2010 | Categoría: Año 2010, Críticas, Drama, España, Francia
Etiquetas:Aki Kaurismäki, Carmen Machi, crítica, felicidad, Javier Rebollo, La mujer sin piano, Lo que sé de Lola, matrimonio, soledad
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31 Enero, 2010. 3:37 pm
Qué crítica más aguda.