Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

“Un tipo serio”: Paciencia cínica para la adversidad

[7/10] Detrás del irónico título y de un enigmático prólogo se esconde todo el humor negro y el sarcasmo que los hermanos Coen son capaces de concentrar en un comedia cínica y ácida como es “Un tipo serio”. Pura palabrería hueca para justificar los reveses y crear una falsa esperanza de encontrar respuestas al misterio de la vida, pura fachada ritual y formalista para una ética de circunstancias que se viene abajo a las primeras de cambio, pura represión del deseo bajo normativas y costumbres rígidas que desconectan al individuo de su entorno… todo ello se convierte en objeto de crítica de una cámara que pega carpetazo en más de una ocasión con cortes secos… para pasar a otra secuencia en la que se demuestra que el “principio de incertidumbre” gobierna nuestra existencia, que Dios ha abandonado al pueblo elegido para decirle que aproveche el momento para disfrutar y se valga por sí mismo. En su nueva película, los Coen echan la vista atrás para reflejar su infancia y entorno judío, para reírse de todo y desde la distancia de la comedia decir al espectador que la vida viene como viene… y punto.

En su cometido, nos presentan a Larry como un profesor de Física absorto en la demostración matemática de su “principio de incertidumbre”, y que no se entera de lo que sucede en su casa ni en su ambiente laboral: su mujer quiere divorciarse de buenas a primeras, su primogénito va a incorporarse a la comunidad judía… si la televisión y la marihuana le dejan un hueco, su hija está muy ocupada en el cuidado de su pelo y de su nariz respingona, su hermano Arthur se dedica al juego y a otros menesteres… en su incapacidad psicológica, el director del Departamento parece enredarse y confundirle con su deseada titularidad, mientras que el abogado va a lo que va… como la vecina desinhibida o el caza-judíos… Una historia muy judía –basada en la paciencia y en las pruebas de Job– con la que ajustar cuentas con el pasado, de manera elegante pero extremadamente cínica.

Una selva de personajes encerrados en su egoísmo e individualismo, que entran y salen en la escena como si lo hicieran de su pequeño mundo, a los que se recomienda aprovechar el instante para disfrutar… y dejarse de trascendencias y tradiciones. Miedos y temores, represiones y deseos, culpas y huidas de la realidad que necesitan del rabino –no salen bien parados, por cierto– o del psiquiatra, o de un poco de droga o de sexo… Un universo muy próximo al de Woody Allen, y no solo en su sustrato judío sino también en la frágil construcción de una identidad en un mundo posmoderno donde lo efímero y sensorial se imponen a las convicciones e ideales.

Toda la cinta está salpicada de ironía y acidez en los diálogos, de planos deformados con un gran angular que busca la caricatura –de la sinagoga, del aula de matemáticas, de Larry subido al tejado–, con personajes estrambóticos y extravagantes que parecen concursar para ver quién es el más inmaduro y caprichoso. Deformaciones de situaciones y personalidades que no tienen desperdicio, encarnadas por actores poco conocidos pero que aguantan bien el tono paródico, como un gran Michael Stuhlbarg que resulta asombroso en lo patético sin excederse más de lo que exige su personaje, o que expresan mucho y con sutilidad en sus breves apariciones –como es el caso del director del Departamento, siempre insinuante al filo de la puerta–, o que dan risa sin contar un chiste –esos “abrazos del oso” que Sy Ableman da al desplazado marido–.

Muchos personajes que discurren a buen ritmo, con golpes de timón en la dirección que hacen que la comedia resulte imprevisible como la vida, y que el espectador asista impertérrito y desorientado a una escalada de infortunios. Humor negro con buena dosis de surrealismo y varias escenas oníricas que son de lo mejor de la cinta por el desconcierto provocado y la agilidad narrativa que demuestran. Un guión disparatado que perfectamente podría haber escrito Woody Allen, con el que los hermanos Coen renuncian a cualquier consuelo y consideración espiritual posible, para abandonarse al mayor de los escepticismo con la risa de quien entiende que lo divertido tiene que ser superficial porque si no, estaremos adentrándonos en cuestiones trascendentes… sólo aptas para tipos serios.

Calificación: 7/10

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En las imágenes: Fotogramas de “Un tipo serio” – Copyright © 2009 Focus Features, StudioCanal, Relativity Media y Working Title. Fotos por Wilson Webb. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Publicado el 11 enero, 2010 | Categoría: 7/10, Año 2010, Comedia, Críticas, USA independiente

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2 comentarios en ““Un tipo serio”: Paciencia cínica para la adversidad”

  1. El unicornio

    Yo debo decir que me encantó de principio a fin (también porque me pilla «cerca» personalmente), tiene momentos verdaderamente desternillantes, como esa visita al rabino (no leer si no se ha visto) cuando sale la secretaria y le dice: «El rabino está ocupado…. está pensando». Ay, madre. Qué risa. Jijijiji. Bueno, y otras tantas parecidas (la lectura del bar mitzva, tres cuartos de lo mismo).

    Y qué buena es la escena del pizarrón gigante, leñes.

    Aunque sospecho que la taquilla será injusta con esta película y mucha gente pensará que es lo peor de los Coen. Yo creo que no.

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