[6/10] A veces, cuando la realidad se presenta dura y difícil, no hay más remedio que huir hacia un mundo feliz y perfecto construido por la imaginación. Al menos, ese es el planteamiento de Max, un niño que no entiende a los adultos y que se escapa de casa para ser “el rey” de un mundo donde todos estén juntos y se diviertan, donde las cosas sucedan como uno quiere y donde la convivencia discurra entre juegos y risas. Sobre estas bases, Spike Jonze construye “Donde viven los monstruos”, adaptación del cuento homónimo de Maurice Sendak, que admite una lectura sobre aventuras infantiles e inocentes, y también otra más profunda en que una sociedad temerosa e individualista pierde el sentido de la vida para caer en la tristeza y soledad.

Con dos brochazos y adoptando desde el inicio un punto de vista infantil, el director muestra cómo Max se siente “dejado de lado” por su hermana mayor, por una madre agobiada por problemas domésticos, y por un padre ausente… Ahí se acabó el realismo, porque este joven cuentacuentos decide pasar al otro lado del espejo y armar su propio “mundo feliz” con su imaginación, y el espectador se sube a su barca para penetrar después en los frondosos bosques habitados por unos monstruos… tristes y solitarios, como él. En ese marco mágico –y sin ser consciente de ello–, Max reproduce su angustia vital y lucha por restablecer la unidad afectivo-familiar entre ellos, por deshacer los enredos y organizar a sus curiosos habitantes: uno de sus “monstruos” encarna el orgullo que todo lo destroza en su enfado irracional, otro la vanidad de ser el centro de atención, y el de más allá suspira por ser escuchado o considerado en su poquedad; cada uno busca volver a creer que la felicidad es posible, pero tras los juegos y las bromas, la cruda realidad impone su ley…

Un viaje de iniciación para terminar volviendo a casa después de haber atravesado desiertos y mares enardecidos, para ver cómo la vida no es tan fácil como el juego, para caer en la cuenta de que una madre reina el hogar como nadie… y que en ningún lugar se está tan bien como en casa. Una fábula moral vista desde la imaginación del aventurero que crea monstruos de peluche a los que tirar nieve/tierra y con los que construir su fuerte y su cámara secreta; la inocencia de su mirada choca con la vida adulta y su problemática, pero le recuerda la importancia del juego y de la vida en común, el daño que una familia rota produce en el niño y el cuidado que exige su inmadura sensibilidad. La trama es previsible en su desarrollo y sencilla en su construcción, la cámara en mano no aporta realismo en un universo fantástico, hay reiteración de juegos y desencantos en su efímero reino fantástico, y también un alargamiento del metraje porque la historia no da mucho de sí.

Dentro de su amabilidad, el cuento esconde un drama duro y triste para la tierna psicología del niño, aunque también es cierto que poco tiene que ver esa tristeza inicial de unos monstruos apáticos que la que sienten al final… por mucho que lloren con cara de circunstancias. Sin embargo, la cinta se presenta como un guión válido para el teatro escolar, y puede entretener a los niños a pesar de su lado triste y sombrío, y también de que no llegue a levantar emociones muy sentidas –aunque es meritoria la humanidad de los muñecos – ni encierre novedades narrativas o temáticas. Es un cuento moral sencillo, y así hay que tomárselo, con toda su falta de pretensiones y con toda su seriedad de fondo… porque, a veces, la tristeza de la realidad produce monstruos.
Calificación: 6/10
En las imágenes: Fotogramas de “Donde viven los monstruos” – Copyright © 2009 Warner Bros. Pictures, Legendary Pictures, Village Roadshow Pictures, Playtone y Wild Things. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.
Publicado el 22 Diciembre, 2009 | Categoría: Aventuras, Año 2009, Críticas, Fantástico, Hollywood
Etiquetas:crítica, Donde viven los monstruos, infancia, madurez, Maurice Sendak, Spike Jonze
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22 Diciembre, 2009. 12:36 pm
Aún estoy en estado de shock con esta película… Y la elección de James Gandolfini para poner la voz de Carol, uno de los mejores hallazgos del año. No podía evitar pensar en que, en el fondo, ese personaje no deja de ser una traslación al mundo fantástico del de Tony Soprano que Gandolfini interpreta en la serie… y lo contrario sería también absolutamente cierto.
Un saludo!