Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

Tu vida en mis manos: “The box”, “Triage” y “50 hombres muertos”

Estos días hemos podido ver en los cines tres películas con una situación similar, y que nos lleva a preguntarnos si puede responder a un sentimiento que esté calando en nuestra sociedad. Se trata de “The box”, “Triage” y “50 hombres muertos”, cintas con la muerte y la violencia de telón de fondo, con la conciencia y la moral como salvaguarda de lo que queda de humanidad. En la primera cinta, un matrimonio recibe una caja con un botón: si deciden apretarlo, ganarán un millón de dólares pero una persona desconocida morirá. Acuciados por ciertos apuros económicos y tentados por la ambición de ganar dinero fácil, dudan por el miedo y la culpa que podría adueñarse de sus vidas, pero la mujer cierra los ojos y aprieta el motor… para desencadenarse una escalada de acontecimientos imparables con sufrimiento y consecuencias impredecibles.

El mismo planteamiento vemos en “Triage”, donde un fotógrafo de guerra queda psicológicamente conmocionado al ver cómo un médico kurdo selecciona a sus heridos –no puede dar abasto en su precario hospital de campaña– y señala con una cartulina azul a aquellos que luego rematará él mismo con un disparo de muerte. Esa imagen exterior –como todo lo registrado en su profesión, dicen– será incorporada a su vida cuando sea herido en una explosión y tenga que abandonar a su mejor amigo dejándole que se ahogue… para salvarse él. Enterrados esos recuerdos en el subconsciente como mecanismo de supervivencia, la amnesia y las pesadillas le acompañarán por un tiempo, con remordimientos de conciencia que le han transformado en lo más profundo.

Por último, en “50 hombres muertos” nos encontramos con un irlandés infiltrado en las filas del IRA, dispuesto a pasar información al servicio secreto británico y evitar algunas matanzas de personas… aunque sea a costa de “matar la propia conciencia”, de dejar de lado lealtades y amistades, métodos inmorales y torturas, y algún que otro asesinato. La morgue o la cárcel son el destino para esa espiral de violencia, o la pérdida de una identidad –de hecho la persona real en quien se inspira así lo hizo, acogiéndose al programa de protección de datos–, después de haber renunciado a seguir su conciencia (las motivaciones en su actuar no quedan claras, y su como etiqueta de héroe es más que discutible), y convertirse en un individuo sin raíces ni relaciones.

En los tres casos señalados vemos a varios personajes a quienes se les plantean dilemas morales graves. Su decisión y comportamiento afectará a la vida de otros directamente, y en su mano está decidir si el otro debe vivir o morir. La vida de un desconocido, de un herido o de un amigo cae sobre su conciencia… y de la rectitud de su actuar dependerá que sigan viviendo, y también que quien aprieta el botón (de la caja, de la pistola o del teléfono para dar el chivatazo) lo haga con paz interior o enajenado en sus pesadillas, en la cárcel o en un lugar desconocido. Al margen del desarrollo y final de las tres historias, parece claro que el cine quiere recoger el intenso dolor de algunas situaciones dramáticas “límite” para poner a prueba las convicciones de los personajes y del espectador: ¿qué haríamos nosotros ante circunstancias similares? ¿apretaríamos el botón para acabar con la vida de alguien, llevados por sentimientos de compasión? ¿somos conscientes de que está en juego la pérdida de humanidad (ésa es la prueba de Fergus –Ben Kinsgley– en “50 hombres muertos”) al entrar en una dinámica de decidir sobre el final de la vida? ¿acaso nuestra sociedad no está en situaciones semejantes?

Alejados de una casuística inútil, quizá convenga considerar que el hombre es algo más que un animal al que sacrificar cuando sufre, que tiene otra dignidad más honda y superior al de un ser eficaz o rentable en términos utilitaristas, que el daño queda dentro de quien ejecuta la acción más que en el sujeto al que se aplica, que no está en nuestra mano acabar con vidas sino ayudar a salir adelante mientras sea posible y razonable. Si no, me temo que acabaremos recibiendo una caja con un botón como la joven pareja ambiciosa, como el atormentado fotógrafo, como el pobre ladronzuelo irlandés, y que lo apretaremos para empezar a caer en el abismo.

En las imágenes: Fotogramas de “The box” – © 2009. Distribuida en España por On Pictures y Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados. De “Triage” – © 2009. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados. De “50 hombres muertos” – © 2008. Distribuida en España por Festival Films. Todos

Publicado el 18 noviembre, 2009 | Categoría: Año 2009, Drama, Opinión

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