[7/10] Los amantes del género carcelario y los del cine español están de enhorabuena, porque “Celda 211” reúne todos los ingredientes para pasar un buen rato entre rejas y ver cómo las manzanas podridas no lo son tanto, y cómo algunos hombres buenos lo son menos de lo que parece. Daniel Monzón logra una película intensa y pegada al terreno, dura y dramática al mostrar con realismo la vida interna de una cárcel levantada en motín, y plasmar un sentido de la humanidad en presos, funcionarios y políticos que esconde lo mejor del individuo y también las pasiones más mezquinas. Por azares de la vida, Juan es un joven funcionario que se ve envuelto en un motín y que se hace pasar por un preso más… en su intento por salvar la vida entre unos reclusos poco cultivados y unos negociadores poco humanos –o al menos poco acertados–. Muy enamorado de su mujer Elena –que está embarazada–, ella será el motivo y desencadenante de su audaz e imprevisible actuación.

Ciertamente Daniel Monzón echa mano de muchos de los tópicos del género y de todas las licencias posibles para crear personajes arquetípicos, al presentar una historia de peligrosos delincuentes y destacar su virtuosa lealtad a los amigos, de terroristas –no menos bárbaros, pero distintos– “que están en otra guerra”, y de autoridades capaces de vender el alma de alguien por motivos… aparentemente justificados, o de torturar para conseguir su objetivo (el personaje de Antonio Resines es excesivo en su caricatura y el más tópico). Es una visión de la realidad carcelaria y de la política penitenciaria y terrorista concreta y que podía ser más matizada o discutible, pero hay que reconocer un guión muy bien construido, con giros eficaces para dar dramatismo y complejidad a una historia que pasa de lo social a lo personal cuando Juan se implica de lleno en los acontecimientos del motín. Un comienzo que atrapa al espectador y un final con declaraciones judiciales de algunos testigos nos llevan a cuestionar el modo de proceder con los presos, el abuso de autoridad o la negociación improcedente cuando median intereses políticos (la crítica al gobierno nacional y al nacionalista es demoledora).

Entre medias, abundantes escenas violentas muy bien rodadas y planificadas, una fotografía llena de realismo lo mismo que los diálogos –necesariamente fuertes y desagradables en ocasiones, por mucho que puedan molestar– o escenas de brutalidad salvaje. También la música de Roque Baños contribuye a crear esa atmósfera de tensión y nerviosismo que hace que todos vivan al borde del estallido pasional, de la sospecha continua o del arranque de violencia. Pero, sobre todo, la cinta la sostiene Luis Tosar con su interpretación de Malamadre, el líder entre los presos que nunca traiciona a nadie pero que no permite que nadie cuestione su autoridad yendo por libre. Su personaje está muy bien construido y su actuación permite ver su ruda sensibilidad –también con el registro de voz– para que veamos ese fondo de lealtad y amistad que aún queda en él. Gracias a ello –y por curioso que pueda parecer– el espectador acabará sintiéndose más cercano a la causa de los presos comunes que a las peligrosas intenciones –aunque sean bienintencionadas– de unos negociadores de poca sensibilidad, dejando aparte a unos terroristas que parecen tener siempre la sartén por el mango.

Implicación emocional de quien se ha sentado en la butaca, también porque la realidad mostrada llega con la fuerza de la actualidad en nuestro país, y por la compasión que suscitan esos inocentes empujados o estropeados en la cárcel por una deficiente labor político-social. En ese sentido, Juan y su conversión en delincuente se convierte en paradigma de cómo se echa a perder una vida por negligencia de unos –que le dejan herido en la celda 211–, por ineficacia de otros –que no aciertan a negociar primando la vida del inocente y jugando con ella como con cromos… por motivos partidistas–, o por traición y engaño de algunos más. El uso de las cámaras de vigilancia y de las imágenes de móvil o televisión actúan como elementos virtuales capaces de matar la vida o desencadenar la muerte, mientras que esa delgada línea que separa a los individuos honrados de los asesinos queda traspasada cuando Juan, un actor consumado rodeado por lobos hambrientos, pasa a ser parte de la manada… por haber sido tratado como alguien sin valor personal e individual. Es la consumación de la tragedia, más allá de la historia concreta, que convierte al hombre en una pieza del tablero político y al que se le despoja de su dignidad. Un drama carcelario sólido y vigoroso con vocación de denuncia, que hay que colocar entre lo mejor del panorama cinematográfico nacional, y que fue muy bien recibido en los festivales de Venecia y Toronto.
Calificación: 7/10
En las imágenes: Fotogramas de “Celda 211″ – Copyright © 2009 Vaca Films, La Fabrique 2, Morena Films y Telecinco Cinema. Distribuida en España por Paramount Pictures Spain. Todos los derechos reservados.
Publicado el 9 Noviembre, 2009 | Categoría: Año 2009, Críticas, Drama, España, Thriller
Etiquetas:Antonio Resines, Celda 211, crítica, Daniel Monzón, política, Roque Baños
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Tengo muchas ganas de verla, compa Julio, y después de esta reseña tuya, más aún. Una muestra más de buen cine español, cuya cosecha de este año parece que no va a terminar siendo nada mala, a tenor de la acumulación de productos decentes a lo largo de los meses.
Un fuerte abrazo y buena semana.
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