Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

“Roma, ciudad abierta” o la fuerza de la realidad

El neorrealismo tiene en “Roma, ciudad abierta” y en Roberto Rossellini uno de sus lugares emblemáticos, de enorme trascendencia en la historia posterior del cine. Pero lo es no sólo porque la cámara saliera entonces a la calle para mostrar la realidad de una Italia de posguerra, ni porque unos tipos populares fueran interpretados por actores no profesionales o expresasen la precariedad del momento, ni tampoco porque otorgase al cine un impagable estatuto de calidad como documento histórico. Fundamentalmente lo es porque el neorrealismo concebía el cine —con Rossellini a la cabeza— como una manera de aproximarse a la realidad auténtica y verdadera, de ponerse frente a ella en diálogo franco y sincero, de manera que la cámara extrajera de ella todo el compromiso que exigen la vida y el mundo. La cámara era la prolongación de la mirada de unos cineastas humanistas que querían decir algo al espectador y servirse de unas formas y de un medio coherentes con la realidad filmada: era necesario que el celuloide se dejara impresionar por la fuerza de una situación y de unas vidas vividas al límite, en su drama histórico y también en su ámbito cotidiano.

Esa sería la tarea del director de cine, dispuesto a conjugar sinceridad y honestidad con denuncia y defensa del individuo, para hablar con la imagen al espectador y despertar sus conciencias: era su modo de entender el cine como compromiso y diálogo con la realidad. En este sentido, al hablar de esta película y de su director, el mismo Víctor Erice ha destacado cómo el movimiento italiano supo beneficiarse y nutrirse de una situación de hambre y necesidad, de un deseo de renovación social —frente al fascismo— que permitió agrupar a artistas de ideologías tan dispares como Vittorio De Sica o Rossellini, y de cómo también supo conectar con un público que «se identificó con las imágenes, con una participación emocional en lo que veían, de los sentimientos y de la inteligencia». Se dieron, por tanto, todo un cúmulo de circunstancias que hicieron posible el milagro del neorrealismo, y que le otorgaron una fuerza excepcional que acabaría por contribuir a una renovación del cine.

Pero, al mismo tiempo, hay que reseñar que fueron elementos de la realidad que pasaron al celuloide gracias a la concepción humanista de un hombre que concedía al cine una dimensión moral y ética. Y, siguiendo la opinión de Erice, en la actualidad se echan en falta lo uno y lo otro, con lo que quedaría descartado esperar un segundo neorrealismo cinematográfico —no estéticamente hablando, sino como concepto moral aplicado al cine y como lenguaje de la imagen—, porque ahora apenas habría verdadero cine y sí productos audiovisuales: aunque nos empeñásemos, resultaría difícil encontrar un puñado de cineastas comprometidos con la sociedad, libres de prejuicios y no sometidos a las ideologías, y más bien habría que hablar de directores sometidos a una censura económica… de la misma forma que no hay una sociedad comprometida y con inquietudes sino aburguesada y consumista.Una visión un tanto pesimista pero cercana a una industria donde lo económico se ha impuesto a lo humano y social.

En las imágenes: Fotogramas de “Roma, ciudad abierta” – Copyright © 1945 Excelsa Films. Distribuida por Minerva Films SpA. Todos los derechos reservados.

Publicado el 11 noviembre, 2009 | Categoría: 10/10, Años 40, Drama, Filmoteca, Italia, Social

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Un comentario en ““Roma, ciudad abierta” o la fuerza de la realidad”

  1. roma, ciudad abierta; 2ª guerra mundial « yinG yanG

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