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y la sociedad como protagonistas

“Katyń”: Verdad sin ira para alcanzar la libertad

[7/10] Sabe de lo que habla porque lo sufrió en sus propias carnes, y sabe cómo contarlo porque lleva más de cincuenta años construyendo la historia fílmica de Polonia y nadie discute su oficio. Se estrena ahora la última película del veterano Andrzej Wajda, donde se respira un especial cariño –dedicada a sus padres, además de incluir muchos elementos autobiográficos– y también el alivio de poder contar, por fin, lo que realmente sucedió en los bosques de Katyń tras la invasión soviética de su país en septiembre de 1939. Una historia que busca la verdad de los hechos de mano de su protagonista, el capitán Andrzej, testigo y mártir de un pueblo zarandeado por los ejércitos vecinos de uno u otro signo, y que encontró en la cultura y en la religión el factor de unidad para sobrellevar con dignidad y heroísmo tanto atropello. “Katyń”, una cinta que estuvo nominada al Óscar como mejor película en habla no inglesa, que es toda una clase de historia y una declaración de valores humanos, y nunca un rencoroso ajuste de cuentas frente a la “versión oficial”.

El cine de Wajda ha bebido de la tradición cultural polaca, y su empeño siempre ha sido el de capturar la verdad histórica de su patria acercándose con personajes del pueblo de carne y hueso, con ideales por los que luchar y con amores que les daban fuerza en el infortunio, con anhelos de libertad y de reconocimiento pero también con debilidades y momentos de desesperación. Son héroes románticos –en el sentido cultural– capaces de dar la vida por su patria, con un sentido de lealtad a prueba de bombas y con una fe sólida que se hace presente en el gozo y en el dolor. Toda su filmografía está jalonada de grandes épicas personales y de momentos de tremenda desesperanza, de contemporizadores y de traidores, y también de gentes con arrojo y generosidad, con humanidad y ternura: guerra y amor que vertebran su cine para elevarse más allá de la coyuntura concreta que se narra –casi siempre la Polonia de posguerra– y para profundizar en el interior del hombre de cualquier tiempo y lugar.

Todo lo anterior está presente de manera muy viva en “Katyń”, con enorme fuerza e intensidad porque los hechos narrados no carecen de ella, y porque Wajda los refleja con una planificación y posicionamiento de cámara que ensalza el heroísmo de unos, con primeros planos que recogen el sufrimiento de otros, o con una mirada humana que comprende y disculpa a aquellos que no supieron ser fuertes y se plegaron al dictado de los invasores. No hay juicio moral ni dedo acusador hacia los polacos porque Wajda es un humanista y un patriota, y tampoco hay rencor ni odio hacia los alemanes y soviéticos asesinos porque su mirada al pasado es una apuesta por el futuro y porque “para vivir hay que perdonar”. Pero Wajda sabe que perdonar exige y presupone rescatar del olvido la memoria tergiversada o silenciada y sacar a la luz la verdad de lo ocurrido, y de ahí su empeño por esclarecer la gran mentira que la URSS se negó a reconocer durante décadas: que la masacre de 20.000 soldados del ejército polaco había sido perpetrada por soviéticos y no por alemanes. En ese punto de manipulación e intoxicación informativa, el director de “Cenizas y diamantes” opta por introducir en la historia de ficción algunas imágenes documentales ofrecidas por Stalin pasando el muerto al ejército nazi, y engordar así una triste verdad ocultando la propia: es el cine de propaganda tan cultivado por los totalitarismos.

Una película muy narrativa y esencial, a la que le interesan los hechos ocurridos y las reacciones de los protagonistas que las ideas, para aprender del pasado y mirar después hacia la construcción de un futuro personal o colectivo. De ahí su empeño por construir una historia coral en la que quede recogida la diversidad de situaciones y la dispar actitud ante la invasión o ante el crimen conocido por todos: rebeldía y enfrentamiento en Agnieszka o en el sobrino de Andrzej, resistencia pasiva y lucha en la clandestinidad de los hombres de cultura que esconden las pertenencias de los asesinados, sumisión y colaboracionismo en Jerzy hasta el remordimiento y la tragedia, lealtad y amor en Andrzej y su mujer Anna o en el general y su esposa. Un matizado cuadro de personajes que quiere reflejar el variopinto panorama social, en un ambicioso intento por trasmitir toda la verdad de lo ocurrido en esos años. Y precisamente en esa voluntad totalizadora, Wajda hace que la historia de disperse mucho y que algunas subtramas tengan escaso desarrollo y se recurra a atajos narrativos: las historias de la joven pareja enamorada no dura más que unos instantes, lo mismo que la de las hermanas de Piotr o la del buen ruso –una muestra más de la equidad y justicia del director– que acoge a Anna en su casa. Son personajes que, por otra parte, entran y salen en escena de manera un tanto abrupta y con cierto artificio, como queriendo mostrar al espectador por ejemplo un tipo de vida truncada por la guerra y la mentira, para salir al poco tiempo de escena.

Sin embargo, la estructura y el montaje hacen que el guión no pierda en ningún momento fuerza narrativa, las interpretaciones gozan de intensidad dramática y sentida expresividad, mientras que la fotografía y demás elementos de atrezzo nos llevan al horror de una guerra, con algunas escenas crudas y espeluznantes en su parte final… como lo fue una realidad que no debe ser de nuevo ser silenciada o enterrada. Ausencia de sentimentalismo para dramas personales y emociones fuertes, pero no hay, como decía, odio en los personajes ni en Wajda, sino amor a la verdad. Por eso la película comienza con una niebla que impide ver los hechos como ocurrieron, y termina antológicamente con un plano en negro –generado por la última paletada de tierra arrojada a la fosa tras la matanza de Katyń– a la par que se escuchan coros que claman perdón –poco antes las víctimas eran ejecutadas mientras rezaban–, hasta que los títulos de crédito aparecen y el silencio se hace dueño de la sala: es el necesario respeto a la verdad y a los muertos del pasado, y también la mejor muestra de que es necesario pasar página y perdonar para vivir, para trabajar por la Polonia nueva y libre. Esa es la mirada de Wajda, un cineasta de primer orden y un hombre de gran categoría, capaz de mirar sin ira a la verdad, de perdonar sin callar, para encontrar así la libertad.

Calificación: 7/10

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En las imágenes: Fotogramas de “Katyń” – Copyright © 2007 Akson Studio, Telewizja Polska, Telekominikacja Polska y Polish Film Institute. Distribuida en España por Karma Films. Todos los derechos reservados.

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Publicado el 10 octubre, 2009 | Categoría: 7/10, Año 2009, Críticas, Drama, Histórico, Polonia

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3 comentarios en ““Katyń”: Verdad sin ira para alcanzar la libertad”

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