Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

“Amazing Grace”: Una lección ética para los políticos de hoy

La semana pasada tuve ocasión de ver “Amazing Grace”, una de esas películas que uno siempre desea encontrarse cuando va al cine y que reconcilian al espectador con el Séptimo Arte. Cuenta la lucha del parlamentario británico William Wilberforce por abolir la esclavitud en el siglo XVIII, y refleja la actitud de un hombre de firmes convicciones y con una preclara vocación de servicio, que deja en segundo plano los intereses personales y hasta la propia salud e inclinación. Con una extraordinaria ambientación de época y unas interpretaciones llenas de fuerza y autenticidad –de Ioan Gruffud y de todos los demás–, con una limpia narrativa que va y viene a lo largo de su carrera política y de los sucesivos intentos por cambiar la legislación, Michael Apted retrata una mentalidad de entonces y también de ahora, para rendir homenaje a un  gran hombre y proponerle de ejemplo a nuestros políticos de hoy. Una magnífica película de cine con personajes llenos de matices en su interioridad, y un buen ejercicio de ética política y de aproximación a la historia.

Porque, a pesar de las pelucas y de los ropajes dieciochescos, “Amazing Grace” no es sólo una película histórica, sino que tiene una lectura actual. Es el reflejo de una actitud comprometida con su tiempo y sincera con uno mismo, que cuenta con el parecer de Dios y de los hombres al pedir consejo para encontrar el sentido de la vida, que no se esconde ni cambia de parecer según la oportunidad política, y que además apunta críticamente al caprichoso juego parlamentario y a una deficiente legislación para vergüenza del género humano. En ese ambiente siempre hay algunos hombres buenos que buscan espantar los “veinte mil fantasmas” de su atormentada conciencia –es el caso de John Newton–, que miran a la muerte con miedo hasta que reconocen sus torpezas y descansan en paz, que entienden la igualdad y “el derecho de todos a prosperar” a pesar de su extracción social u origen racial.

En ese clima emerge “un hombre excepcional”, Wilberforce, que sufre en su cuerpo y en su alma la deslealtad, la insensibilidad humana y la falta de ética política, la desesperanza y el agotamiento psíquico ante una causa injusta. A su alrededor hay personajes con intereses económico-políticos sin escrúpulos y otros a los que la conciencia les remuerde pero que no se sienten capaces de dar la cara, individuos que rectifican que le apoyan desde la distancia y a escondidas, hombres que sacrifican su vida y que recogen firmas para revisar una ley que permite el comercio de esclavos, y una gran mujer que siempre está detrás… Pero entre ellos, sin embargo Wilberforce está a solas con Dios y con su conciencia para decidir su camino… y el tiempo le acabará erigiendo como un hombre íntegro y de fe –era metodista– que no cede a las presiones y chantajes, que sabe que “tras la noche llega el día” y que reconoce el poder de la “Gracia Prodigiosa” para hacer recapacitar y cambiar los corazones, algo que le da hace perseverante para volver a intentarlo.

El asunto es que en el siglo XXI seguimos asistiendo a la misma farsa política. Basta con abrir el periódico para ver corrupción e intereses particulares por doquier, para contemplar la frivolidad con que se legisla sobre temas capitales sólo buscando contentar a “grupos clave” o a un ciudadano pasivo, para asistir a un cambio de chaqueta o de postura por la oportunidad electoral. Busco entre el panorama actual y echo en falta hombres de convicciones –habrá alguno, pero será excepción– que actúen en conciencia y con fortaleza, que se atrevan a decir que a los no nacidos o a los enfermos graves hay que protegerlos de los intereses egoístas de “los más capaces”. Pero no. Nuestros políticos deciden mantener un sistema de esclavitud –e incluso ampliarlo– que otorga cuantiosos beneficios a algunos (clínicas abortistas y resto de la cadena montada) y que utiliza la tribulación o la compasión sentimental de otros. Cuánta falta nos haría un nuevo Wilberforce que trajera sentido común y ética a nuestro parlamento, sin necesidad de las sangrientas revoluciones de París o Boston que se mencionan en la película. Me ha sorprendido la tardanza con la que ha llegado a las salas, y la escasa repercusión mediática que ha tenido en los medios… Algo huele a podrido en Dinamarca.

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En las imágenes: Fotogramas de “Amazing grace” – Copyright © 2006 Samuel Goldwyn Films, Roadside Attractions, Bristol Bay Productions y Sunflower. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos reservados.

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Publicado el 4 octubre, 2009 | Categoría: 7/10, Año 2009, Biopic, Gran Bretaña, Histórico, Opinión

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3 comentarios en ““Amazing Grace”: Una lección ética para los políticos de hoy”

  1. laura

    Me ha encantado tu artículo, con el que coincido plenamente… Al menos ya estamos rompiendo esa “espìral del siilencio” de efectos tna nocivos.
    gracias. Un cordial saludo. POr supuesto iré a ver la película.

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