“¡El soplón!”: Vamos a contar mentiras, tralará… ♫♫♫

[5/10] No hay nada más pernicioso que un mentiroso compulsivo e inteligente, con cara de inocente y un afán desmedido de poder, sin ética ni conciencia. Ante un personaje de este calado conviene guardar las distancias y desconfiar, porque seguro que acabará recreando la realidad a conveniencia… hasta lograr la cuadratura del círculo. Así es el protagonista de ¡El soplón!”, donde vemos al Steven Soderbergh más comercial hacer una radiografía cómica, paródica y demoledora del sistema capitalista, achacándole todo tipo de corruptelas a partir de la salvaje competencia que propicia o de la búsqueda fácil de enriquecimiento: desfalco, fraude, soborno, blanqueo de dinero, evasión de capitales… son el pan de cada día en el entorno de Mark Whitacre, un joven y aparentemente cándido ejecutivo, víctima indefensa de presiones inadmisibles por parte de la multinacional para la que trabaja, capaz de dar la vuelta a la tortilla hasta incriminar al mismo FBI… y de acabar causando lástima en el espectador.

En una cinta de espías de pacotilla, agentes ineptos y empresarios corruptos, todo el peso de la historia recae en Whitacre, urdidor y manipulador de la trama hasta límites insospechados. Por eso y por su buen hacer, el principal mérito de esta sofisticada comedia hay que atribuírselo a Matt Damon, que sostiene todos los planos con una asombrosa incontinencia verbal y con una tremenda capacidad para fabular, con andares cómicos que dan a Whitacre la inocencia de la torpeza y con la candidez de un rostro cuasi-angelical. Su transformación física para la película es sólo comparable a la realidad falsificada que su personaje hace creíble y que “vende” una y otra vez al FBI, a los abogados o a los medios de comunicación –todos ellos tan crédulos, cegatos y esquemáticos como conviene a la historia–. Pero es que Whitacre es todo un profesional de la mentira, que responde al perfil del “hombre capitalista” y sin escrúpulos al que apunta Soderbergh, después de abandonar la trama inicial de corrupción sobre la fijación de precios con la competencia… que termina sin importar a nadie. La ristra de mentiras es tal que el director del film acaba con el ejecutivo en el psiquiatra, y por momentos parece que Woody Allen haya participado en un guión que riza el rizo y da una vuelta de tuerca al investigar una infancia traumática o un trastorno bipolar.

Efectivamente, la esquizofrenia es una de las bazas para retratar a este espécimen neocapitalista, que Soderbergh potencia con el recurrente empleo de una voz en off que le acompaña como si de un personaje más se tratara, para así remarcar su doble vida y complejidad mental. Con todo, el espectador llega a cogerle las vueltas y a desconfiar del bueno de Whitacre, pero entonces ya está cansado de tanta mentira encadenada… y poco le importa si se trata de una patología de libro o de una ambición recalcitrante, porque la historia se ha repetido hasta la saciedad y tiene que terminar casi por derribo y de manera precipitada. Si el guión tiene empantanamientos que producen cierto hastío, en cambio el diseño de producción aporta todo lo necesario para que viajemos a los años setenta y recordemos sus series de conspiración y traición, aunque la “historia real” corresponda a los noventa y pueda encontrar un espejo en el siglo XXI: maletines y magnetófonos, vestuario y decorados, fotografía y banda sonora… todo nos lleva a las series de entonces para criticar la sociedad de hoy, para hablar de corrupción empresarial y de debacle moral.

Eso sí, todo se desarrolla según un tono ligero y sin pretensiones que se mantiene durante toda la cinta, que no profundiza en la conciencia de unos ni se pregunta por los motivos de otros, en la que todos se dejan engatusar por este habilidoso “trepa” mientras que su mujer le cree a pies juntillas en una simpleza muy bien interpretada por Melanie Lynskey. El resto de personajes cumplen a rebufo de Damon, que los deja ensombrecidos por su fuerte personalidad hasta el esquematismo de una comedia ligera o de un drama superficial. La película entretiene pero queda reducida a una cortina de humo que se desvanece y se olvida pronto, y donde su tono desenfadado y paródico dificulta que se crea que fue una “historia real”, pues es posible que su director se haya contagiado de la capacidad para mentir de su personaje de ficción.

Calificación: 5/10

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En las imágenes: Fotogramas de “¡El soplón!” – Copyright © 2009 Warner Bros. Pictures, Participant Media, Groundswell Productions, Section Eight y Jaffe/Braunstein Enterprise. Fotos por Claudette Barius. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

Publicado el 29 Septiembre, 2009 | Categoría: Año 2009, Comedia, Críticas, Hollywood

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