[9/10] Con “Paranoid Park” cierra Gus Van Sant su trilogía sobre la muerte, aunque más bien habría que decir que da la puntilla a una juventud que patina peligrosa y solitariamente en un mundo vacío que le es ajeno. Por eso, quizá hubiese que hablar de una trilogía sobre la soledad y la desorientación, con un diagnóstico desolador de la sociedad por la falta de apoyos familiares y de recursos morales del individuo. Un estado de inseguridad y ensimismamiento del adolescente que lleva a Alex a sacar a flote lo que guarda dentro de sí -lo sucedido en los alrededores de Paranoid Park- para aliviar así su conciencia, pero también a no confiárselo a nadie e intentar seguir adelante, a solas con su monopatín. El peso de la culpa y la sensación de no tener nadie al lado, por mucho que se llamen familia o novia… porque más allá de esos compromisos, separaciones y rupturas hay cosas más importantes, según le dice cínica y engañosamente Alex a su amiga de instituto Macy.

Para este triste retrato social, Gus Van Sant realiza un cine de calidad y deja su sello de autor independiente. Sin solemnidad ni gratuidad alguna, habla al espectador con unas imágenes aceleradas o al ralentí que dan al tiempo un tratamiento subjetivo y que nos acercan desde la butaca a ese adolescente que sufre el desconcierto vital; o emplea distintas texturas digitales para dar nitidez o desenfocar la realidad vivida/recordada o para conseguir una luz fría y distante que nos separe del protagonista -Christopher Doyle es el operador de cámara-; o recurre a una planificación que no se sirve del plano-contraplano en los diálogos sino que se queda con quien escucha para buscar su reacción, que elige el gran angular para recoger las escenas de patinaje, y que deja en un segundo término -o de espaldas o fuera de campo- a los padres de Alex; o se sirve del sonido para introducirnos en el mundo interior del protagonista y jugar con unos silencios que le torturan. En definitiva, un cineasta que se dirige al espectador con la imagen y que crea atmósferas negras -interiores y exteriores- sin efectismos visuales ni excesivas apoyaturas en el diálogo. Cine depurado para una realidad dura, tratada sin concesiones ni sensiblerías, radiografiada de manera desnuda y con poca esperanza.

Por momentos, el espectador creerá que ha vuelto al instituto de “Elephant” al ver cómo la cámara acompaña al protagonista por los pasillos del instituto o cómo suena la música de Beethoven como reflejo de esa tensión interior que sufre el atribulado Alex, o sentirá la vaciedad y el hastío de los personajes de “Gerry” o “Last days” cuando camina sin rumbo por un bosque en que pueda perderse y olvidar lo sucedido. Historias desestructuradas que responden a la narrativa más posmoderna, y que Gus Van Sant engarza de manera primorosa aprovechando la escritura-confesión que el propio Alex hace, y donde ya advierte que será desordenado porque no es muy dado a escribir… pero que al final dará a conocer todo lo que sucedió junto a la vía del tren. Efectivamente, los nudos ferroviarios y narrativos hacen que el espectador vaya bien conducido hasta ver la luz del caso y también la oscuridad en que el joven se haya inmerso. Guión, estética y música para una obra maestra con que Gus Van Sant deja patinar peligrosamente a una juventud autista y desorientada, y a la que deja tan sola y sin esperanza como muestra el plano final en negro.
Calificación: 9/10
En las imágenes: Fotogramas de “Paranoid Park” – Copyright © 2007 MK2 Productions y Meno Film Company. Distribuida en España por Avalon Productions. Todos los derechos reservados.
Publicado el 18 Agosto, 2009 | Categoría: Año 2009, Críticas, Drama, Francia, USA independiente
Etiquetas:adolescencia, Christopher Doyle, conciencia, crítica, Elephant, Gus Van Sant, Last days, Paranoid Park
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20 Agosto, 2009. 1:58 pm
Estoy de acuerdo con la crítica. En este tipo de películas de corte minimalista debes dejarte llevar y degustar los pequeños momentos de genialidad cinematográfica engastados en el conjunto fatalista y embriagador que nos propone el autor. Sin embargo, de la trilogía me quedaría con Gerry, quizá demasiado tediosa con sus eternos y preciosistas planos secuencia, pero una obra muy reflexiva y necesaria sobre la soledad y la muerte.Muchas gracias.
20 Agosto, 2009. 11:06 pm
Tienes razón, Javier. El fatalismo está presente en toda la trilogía, y a la vez la frialdad de sus personajes hace que sea aún más dolorosa esa sensación de su triste vida y de su desconcierto. Un nihilismo que está en el ambiente, aunque el sentido de culpa de Alex, en este caso, sea bastante superficial y posmoderna (nada que ver con la de los nórdicos o los rusos)… y se lo quite de encima de un plumazo, escribiéndolo en un papel o dándose una ducha.
“Gerry” me pareció, como dices, muy tediosa y difícil; y “Last days” enormemente desasosegante. Mi preferida en “Elephant”. Un saludo,
21 Agosto, 2009. 12:28 pm
Gus Van Sant y un 9 en tu crítica. Imperdible, pues.
21 Agosto, 2009. 2:09 pm
También me quedo con “Elephant”, por supuesto.Van Sant sabe como llevarnos por el sendero de la calma que precede a la tormenta, mediante una narración no lineal y ejecutada con inteligencia en la utilización de largos planos secuencias que sirven de bisturí para abrir los caparazones de la población y despertar las conciencias dormidas de una América de cuento gótico.Un saludo.
2 Septiembre, 2009. 6:19 pm
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