[6/10] La adaptación cinematográfica que hace Steve Jacobs de “Desgracia” conserva toda la dureza e intimismo sin concesiones de la novela de J.M. Coetzee. A partir de una historia ambientada en territorio sudafricano, Jacobs mete el bisturí en el alma de un profesor que vive a golpe de impulsos, sin atenerse a normas morales y sin reparar en las consecuencias de su alocado deseo de placer: David Lurie da clases de poesía romántica pero su actuar carece del sentimiento y sensibilidad de lord Byron y se acerca más al instinto del perro en permanente celo, y eso lo saben bien sus alumnas y otras mujeres que se le cruzan.
Es John Malkovich quien le presta a Lurie su inexpresivo e inescrutable rostro, quien le cede la palabra categórica y directa, quien razona de manera tan preclara como cínica y compleja: nadie mejor que este actor para transmitir una mentalidad analítica y amoral, un corazón frío y endurecido, unas formas correctas y vacías: un acierto de casting para un papel que le va como anillo al dedo. Lurie sufre la “desgracia” de ser expulsado de la Universidad al ser denunciado por una alumna humillada, y entonces tendrá la oportunidad de aprender a convertir la culpa en arrepentimiento, de rescatar los restos de humanidad que le saquen del círculo degradante y egocéntrico en el que se ha movido.

La crudeza emocional y complejidad de la historia personal es reflejo de otra de tipo social, donde blancos y negros sienten la necesidad de convivir mientras aún late un conflicto no bien resuelto tras el apartheid: una sensación de culpa y remordimiento que se adivina en Lucy, obligada a permitir que Petrus construya su casa en su propiedad, vejada y sin posibilidad de denunciar la violencia sufrida, pero decidida a no huir de la que considera su tierra. Ella sí conserva el sentido moral que le falta a su padre y que le lleva a perdonar -o al menos a comprender lo que supone ser humillado- o a llevar a término su embarazo y rechazar abortar. Y esa será la lección que Lurie deberá aprender fuera de las aulas, la lección de la responsabilidad y del amor sacrificado, de mirar las cosas desde el otro punto de vista. La evolución del personaje de Malkovich es gradual, matizada y en cierta medida ambigua y verosímil en su complejidad: nunca deja ser un individuo seco y áspero, de reacciones frías y un tanto insospechadas -cuesta entender que acuda a una hija a la que apenas visita, una y otra vez-, de cálculo egoísta y gusto refinado pero a la vez caprichoso y pasional, aunque al final se vislumbra cierta humanización y despertar del sentimiento, junto a la aceptación de su condición de hombre ya entrado en años.

La banda sonora de tonos graves y con un coro que da hondura a la herida sangrante, la fría fotografía que anula cualquier sentimiento en unos personajes encorsetados en su individualismo o en las estructuras sociales, y una puesta en escena que busca mostrar estilos de vida opuestos -padre e hija no pueden ser más distintos, aunque se produzca un paulatino acercamiento- o identificar el problema en busca de una saludable integración racial -muy gráfico es el travelling final de retroceso, aislando la casa de Lucy-. La sensación de angustia y acoso, de violencia interior y odio -los perros y su sacrificio actúan como metáfora de la condición de una raza negra humillada- sólo encuentran un resquicio de aire fresco cuando un hombre culto y cínico ha tomado su propia medicina y dado el paso que va de la culpa al arrepentimiento, aunque haya sido a partir de su propia desgracia: hemos asistido al nacimiento de una conciencia moral.
Calificación: 6/10
En las imágenes: Fotogramas de “Desgracia” – Copyright © 2008 Film Finance Corporation Australia, Newbridge Film Capital, Whitest Pouring Films, Fortissimo Films, The New South Wales Film, Television Office, The South Australian Film Corporation, Do Productions, Wild Strawberries y Sherman Pictures. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.
Publicado el 4 Agosto, 2009 | Categoría: Australia, Año 2009, Críticas, Drama, Sudáfrica
Etiquetas:conciencia, crítica, Desgracia, J.M. Coetzee, John Malkovich, Steve Jacobs
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