Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

Los nuevos oráculos del cine (II): Amenábar y su plan de ruta laicista

En el artículo anterior, nos acercábamos a uno de los nuevos sabios del celuloide, Michael Haneke, que hablaba de un sentimiento de culpa generado por la tradición judeo-cristiana, a la que incluso llegaba a atribuir en parte el surgimiento del nazismo. Me llama la atención la corriente de opinión que se ha puesto en marcha para asociar –y casi meter en el mismo saco– al cristianismo y los totalitarismos, con supuestos “silencios” de la jerarquía, militancias de católicos en sus filas y otras curiosas mezclas explosivas e inverosímiles. En el caso del director austriaco se intuye cierta perspectiva y honestidad intelectual, aunque sea parcial e incompleta en sus conclusiones. No sucede lo mismo con nuestro compatriota Alejandro Amenábar, último exponente de la cantera en dar el gran salto al estrellato internacional, y extremadamente habilidoso al tocar asuntos nada banales con indudable oportunidad. Entre el blockbuster y el cine de autor, hay quien ya habla de él como de un cineasta pretencioso y demasiado ambicioso, aunque nadie duda que se trata de un director que sabe lo que quiere –tanto comercial como ideológicamente– y de gran talento artístico.

Como decimos, el director de “Ágora” no da puntada sin hilo, y avanza firme hacia la taquilla a la vez que se muestra decidido a invertir todo el orden moral de nuestra cultura, a arremeter contra todo lo que huela a cristiano y tradicional. De probada sensibilidad y capacidad para generar emociones y trabajar la banda sonora, su cine ha abordado la violencia y el sadismo (“Tesis”), la identidad personal y el suicidio (“Abre los ojos”), la muerte y el más allá (“Los otros”) y también la eutanasia (“Mar adentro”). Ahora ha querido romper una lanza por la tolerancia y contra el fanatismo, y ha creído que podía matar dos pájaros de un tiro apuntando hacia el cristianismo del siglo IV, para culparle de intolerante y violento, de responsable en la caída de Alejandría –símbolo de la cultura–, de haber aprovechado el poder adquirido y de creerse dueños de la verdad hasta imponérsela al resto.

Según quienes ya han podido verla, “Ágora” asume el envoltorio de los peplum con un cuidado diseño de producción y se sirve de la música para conducir eficazmente los sentimientos, pero no logra encajar bien esas emociones con la fría clase de astronomía que propone. De esta manera, el director buscaría de nuevo revestir un discurso ideológico y pseudocientífico con una apariencia de espectáculo y emotividad, y así mostrar una imagen de la religión como de secta fanática que promovería el extremismo y la violencia entre sus fieles. En esa línea, ha declarado que al rodar “Los otros” se reafirmó en su agnosticismo y que con la nueva película había asumido finalmente que es ateo… apreciación personal de escaso interés para el cine y el espectador. Lo que realmente valoramos –aparte de la calidad cinematográfica, que ahora no consideramos– es si existe rigor en su acercamiento a aquella época, si sus personajes son verdaderos, profundos y sinceros… Al parecer, los historiadores señalan que no había la oposición pretendida entre la protagonista –la filósofa Hipatia– y el pensamiento cristiano, que la situación de ese momento era bastante más compleja y variopinta, que su muerte fue un desmán injustificable de unos cuantos cristianos violentos… pero que también había muchos otros pacíficos y amigos de Hipatia, que entre las partes en conflicto había fundamentalmente motivos y rivalidades políticas.

Escuchando a unos y otros, es fácil darse cuenta de que no se está hablando de cuestiones baladí. Y también invita para pararse y pensar en el modo en que Amenábar construye sus personajes: siempre he tenido la impresión de que se trata de marionetas que se mueven según ideas preconcebidas del titiritero-director, en las que parece vislumbrarse una necesidad de defender un modo de vida que rompa con el pasado, para erigirse en punta de lanza de una mentalidad laicista. Amenábar parece dispuesto a poner el armario (la sociedad) patas arriba, a abordar situaciones complejas simplificando al máximo y dando a sus personajes una salida sentimental y alejada de cualquier norma de conciencia o convicción firme, a dejar solo al individuo con su libertad y a suspender cualquier principio de autoridad (moral), a volver a enfrentar infantilmente ciencia y religión –su apoyatura es el televisivo Carl Sagan, lejos del mínimo rigor exigido– como si aún creyera ciegamente en el progreso material. Planteamientos trasnochados y un desconocimiento del hombre que resultan preocupantes, que solo pueden conducir a la construcción de unos personajes de laboratorio ideológico, a veces enrabietados y empeñados en pegarse con fantasmas inexistentes y consigo mismos… porque les duele la soledad, porque les da miedo la muerte, porque viven enfadados con el más allá.

Da la impresión de que por eso en cada una de sus entrevistas ha insistido en el carácter metafórico de su película, en la que ciencia y la libertad estarían del lado de Alejandría (y de Europa), mientras que violencia y fanatismo correrían a cargo del cristianismo (y de Estados Unidos). Al final, parece que hay quienes están empeñados en alimentar planteamientos maniqueos y en sembrar discordia a la vez que exigen una tolerancia que ellos mismos no practican, quienes pretenden presentar una y otra vez a la religión como enemiga de la ciencia (si no, que se lo pregunten a Ron Howard, a sus ángeles y a sus demonios de pacotilla), quienes identifican tener convicciones con posturas fanáticas y con toda una retahíla de tópicos sin fundamento ya muy desgastados en su falsedad. Estamos seguros de que, desde Alejandría, Hipatia nos traería aire fresco de libertad que permitiría discrepar de lo “políticamente correcto” sin miedo de sentirse arrinconados ni violentados, y que nuestro oráculo nacional podría así abandonar la batalla de acoso y derribo para centrarse en la tarea artística y de profundización en la riqueza del hombre.

En las imágenes: Fotos del equipo de “Ágora” en Cannes 2009. Todos los derechos reservados.

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Publicado el 1 Junio, 2009 | Categoría: Año 2009, Cannes, Directores, España, Estudios y ensayos, Opinión

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4 comentarios en “Los nuevos oráculos del cine (II): Amenábar y su plan de ruta laicista”

  1. Laura

    Buenísimo artículo. Gracias!. Y enhorabuena. ME siento identificada con cada una de las palabras que usas.

  2. Juan

    Bueno sobre el cine español ya se sabe, salvo Garci y alguno más, las directrices morales que se inculcan son en general destructivas, ireales y catartrofistas. De todas maneras, habrá que ver la película. Gracias por el artículo

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