“Los mundos de Coraline”: Pasadizos a una alternativa y peligrosa realidad

[7/10] No es la primera vez que una niña se atreve a cruzar el umbral de una puerta secreta para vivir una aventura extraordinaria, ni tampoco resulta novedoso que la imaginación se erija en protagonista para construir mundos maravillosos cuando la realidad es aburrida e insatisfactoria. Alicia se adentró en un mundo de fantasía al atravesar el espejo, y los niños de Narnia vivieron una empresa épica al traspasar el fondo del armario. Ahora es Coraline quien se siente tentada a averiguar qué hay al final de ese pasadizo que se abre en la pared de su misma casa. Es la oportunidad para escapar del aburrimiento en unos lluviosos días en que sus padres no le prestan atención y sus vecinos resultan de lo más extravagantes. Al otro lado, se encontrará un mundo de sorpresas agradables y seductoras en que tiene todo lo que deseaba para divertirse… hasta que la “otra madre” se quita los botones de los ojos y la máscara del rostro y deja ver sus verdaderas intenciones.

“Los mundos de Coraline” es la primera película de animación stop-motion -fotograma a fotograma- en tres dimensiones y alta definición, dirigida por Henry Selick, responsable a su vez de “Pesadilla antes de Navidad”. Como entonces, el director trabaja una imaginería gótica donde lo dulce y amable se alterna con lo tenebroso y terrorífico, en una dualidad de vida y muerte, de deseo y realidad en que la imaginación se encarga de generar pesadillas que hagan preferir la imperfecta pero verdadera vida real. Es el reverso misterioso que se esconde tras unos botones o una apariencia amable, el atractivo de lo prohibido y de lo fácil y placentero, el idealismo de vivir en un mundo de diversión y agasajo donde todos bailan al son de la música que uno toca, el gusto de ser el centro de atenciones y desvelos… pero que tiene un precio a veces irreparable en la educación de los niños. Desde este punto de vista, la cinta encierra su carga didáctica para un público algo mayor que infantil, porque su mensaje puede resultar un poco críptico para mentes muy pequeñas además de incluir escenas no apropiadas para ellos.

Por eso, estamos más bien ante una película juvenil, válida también para el espectador adulto que se sentirá seducido por su atractivo diseño de producción, con una mansión gótica en contrapicado y ambientes siniestros muy sugerentes -con la ayuda de la partitura de Bruno Coulais-, con una trama cargada de suspense y misterio contemplada con los ojos -que no botones- de Coraline. Ciertamente, por momentos la historia parece perderse en las subtramas de los vecinos y ralentizarse en su desarrollo, lo mismo que se hace algo confusa en sus ideas argumentales, pero avanza entre la superación de los miedos y deseos infantiles gracias a un brillante despliegue visual lleno de imaginación y pequeños detalles. También encierra su recadito para adultos al mostrar esa aparente desatención y abandono paterno, lo mismo que la actitud posesiva de la “otra madre” que necesita y exige ser querida hasta el punto de anular la libertad (la propia mirada, los ojos): extremos de comportamiento paterno aquí criticados por Selick, sin excederse ni centrarse en ello porque ante todo pretende mantener el punto de vista de la niña, que no enjuicia y sí obedece haciendo el inventario del inmueble.

El dinámico tratamiento de los personajes hace que parezcan muñecos con vida propia, mientras que la transformación del inicial mundo gris y anodino en el “otro” colorista y divertido resulta asombroso visualmente, lo mismo que su degradación hasta el espectro y la disolución de formas en el vacío de un fondo blanco: esas escenas quizá sean una muestra del mejor surrealismo pictórico que nos transporta a un universo mágico, donde el azúcar se diluye en lo grotesco para volver a revivir en la ordinaria realidad, donde la madre posesiva recuerda a la “otra araña” a la de Tolkien mientras su tela de ilusiones falsas se diluye con la madurez de una niña que ha aprendido a ver la realidad con sus matices, que sabe huir del nihilismo (blanco), del pesimismo (negro), y de las apariencias (colorines). También el pasadizo de acceso a ese mundo alternativo resulta ilustrativo de esa mirada curiosa, golosa o temerosa de Coraline, y pasa del enigmático gris inicial a los atractivos e hipnóticos tonos cromáticos que invitan a recorrerlo de nuevo, o al laberinto con telarañas que atemorizan a la niña se ve requerida a liberar a los niños engatusados.

Calificación: 7/10

En las imágenes. Fotogramas de “Los mundos de Coraline” – Copyright © 2009 Focus Features, Laika y Pandemonium. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

Publicado el 7 Junio, 2009 | Categoría: Animación, Año 2009, Críticas, Hollywood

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2 comentarios en ““Los mundos de Coraline”: Pasadizos a una alternativa y peligrosa realidad”

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