Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

La vida soñada por los hombres… y por el cine (II)

Pero para no seguir moviéndonos en el terreno de las ideas, bajemos a la arena de lo concreto y veamos algunos ejemplos que vienen a ilustrar algo de lo dicho hasta ahora. La grata sorpresa del año pasado en el cine español ha sido, en mi opinión, “El truco del manco” de Santiago A. Zannou, donde se recoge una historia de amistad y también de superación en la adversidad a cargo de su protagonista Juan Manuel Montilla “el Langui”, que además da muestra de su propia música en una banda sonora perfectamente integrada en la trama. Estamos ante un ejemplo de autenticidad, de saber exprimir la vida y trasladarla a la pantalla (por parte del director y del actor), de acertar en el tratamiento de la imagen para que exprese (mejor que decir “represente”) la vida sin quietarle su fuerza y realidad. Y eso el espectador lo percibe y asume como verdadero, como algo que le sirve “personalmente”… y por eso recordará la película con el paso del tiempo. No importa que su vida vaya por caminos distintos o que no se identifique con el protagonista ni comparta algunos de sus planteamientos. Es una película nacida de la realidad de la vida, y por eso conecta con la vida vivida de quien se sienta en la butaca.

Recientemente, Pedro Almodóvar ha estrenado la esperada “Los abrazos rotos”, un trabajo que le ha dejado exhausto y en el que –según sus propias declaraciones– se refleja una “pérdida de la alegría de vivir (…) que me ha llevado a hacer un cine más íntimo y desgarrador”, pues aunque “me interesa cultivar más la pasión lúdica y delirante de mis personajes, mi tipo de vida me aleja de esto, mis dolores de cabeza me han aislado mucho, no comparto las cosas… y uno se nutre de su propia vida”. Como dice él mismo, su cine actual es reflejo de una vida distinta a la de los años ochenta (“que era más divertida y coral”) y “ahora que no puedo salir a la calle y que cuatro mujeres me dejen escucharlas durante cinco horas, cosa que podía hacer cuando trabajaba en Telefónica”. Al parecer, ese distanciamiento de la vida real de los ciudadanos y otro más íntimo porque intenta “salvarse a sí mismo y no mostrar su interioridad tras la imagen” es lo que le han empujado a bucear en su imaginación y en su propio cine, a dibujar unos abrazos demasiado fríos y artificiosos, unos diálogos excesivamente correctos y explicativos. Al margen de otros logros indudables –sobre todo en el aspecto plástico de la imagen–, el resultado de este Almodóvar es un pálido reflejo de la vida real del director (por voluntad propia) aunque sí de su imaginario (por eso la complejidad de su estructura narrativa y los abundantes flashes visuales), y también de ahí la dificultad para que el espectador conecte con ese mundo –quizá salvo sus incondicionales, y los teóricos de la imagen y su representación–, para que se sienta implicado y conmovido con este melodrama meta-cinematográfico.

Otras cintas españolas han tratado de reflejar la realidad vivida por el hombre –y de alguna manera por el director al documentarse para el rodaje–, y así acercar al espectador la respuesta del individuo frente a la enfermedad y el dolor, a la muerte o a la discriminación. Es el caso de dos documentales de indudable valor humano y antropológico como son “Una cierta verdad” y “Las alas de la vida”, de Abel García Roure y Antonio P. Canet respectivamente, ambos vistos en las dos últimas ediciones de la Seminci. El primero se acercaba a la esquizofrenia para descubrir esa otra manera de mirar la realidad, a través de varios enfermos que pasan de ser “casos clínicos” a personas que viven en su universo, unas veces soñado y otras sufrido. El segundo recogía el testimonio de Ángel Cristos, médico al que diagnostican una enfermedad neurológica degenerativa y sin tratamiento posible, y que habla con el espectador de todas las realidades humanas desde la posición y óptica de quien sabe que va a morir, de quien intenta llevarlas con una sonrisa y con sencillez. Ambas propuestas rebosan realismo, honestidad y una mirada limpia y humana a la otra cara de la vida, que el cine recoge y el espectador contempla absorto y reflexivo, conmovido y también con más de una risa y sonrisa que se le acaban escapando.

A medio camino entre el documental y la ficción –“contaminada” diría Carlos F. Heredero– se situó la última cinta de Chus Gutiérrez, “Retorno a Hansala”, con la inmigración de telón de fondo y una historia de amor como antídoto para salir de la soledad: un viaje de ida y vuelta entre Algeciras y el poblado marroquí del título… para hacer otro más interior que permita al protagonista poner cara a los “sin papeles” y aprender de ellos una humanidad que Occidente parece haber olvidado en su afán de confort. Con mayor o menor acierto visual o narrativo, las tres propuestas se acercan a la realidad sin engaño ni falsedad, y sin duda lo mejor que ofrecen al espectador es esa sinceridad y verdad extraída a la vida que “ayuda a ser mejor persona” al salir de la sala (según manifestó el productor de “Retorno a Hansala” en rueda de prensa durante la última Seminci).

Similar planteamiento ha salido a escena con ocasión del estreno de “Julia” de Erick Zonca al retratar el drama de una alcohólica arrojada al sexo y la bebida con todos sus excesos e inmersa en la soledad más absoluta. El crítico Hilario J. Rodríguez ha traído a colación la dificultad de reflejar ese vértigo abisal para quien no ha experimentado las ruinas del alcohol, como es el caso del director o de la protagonista Tilda Swinton: de ahí que, según él, “la mayor parte de los escritores de la Generación Perdida se dejaran guiar por ‘una musa’ sedienta. Francis Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, William Falukner y Eugene o’Neill vivieron de forma azarosa a veces, murieron sin haber cumplido sesenta años y a lo largo de sus carreras pusieron de manifiesto los estragos que produce el bourbon o los martinis, la ginebra o el vodka”; por otra parte, a la vez que pone el contrapunto en Billy Wilder y su “Días sin huella”, vuelve sobre un Cassavetes como ejemplo de director que llevó a la pantalla sus sentimientos de soledad y los efectos del alcohol. Por otra parte, el mismo Almodóvar, en la entrevista concedida a Carlos F. Heredero para Cahiers du Cinéma. España habla de su voluntad de no convertir sus películas en confesionario personal al modo tan feroz en que lo hacía Ingmar Bergman o John Cassavetes, y dice por eso preferir protegerse de esa tentación autobiográfica.

En un tono semejante, y desde la experiencia como director y maestro, se manifestaba el polaco Krzysztof Zanussi a su paso por Madrid, en una reciente entrevista realizada por el crítico Juan Orellana, al afirmar que “para mí, hacer cine significa comunicar a los otros una cierta sabiduría y una cierta experiencia, experiencia acumulada por los siglos en las estructuras narrativas. Eso es lo primero que les planteo a los alumnos: si no hay nada en su experiencia digno de ser contado, no creo que me puedan contar las historias de los demás; si llevan una vida banal, da igual los estudios que tengan. Lo que importa es la experiencia de vida. En Rusia, los estudiantes de los últimos años tienen unas biografías fascinantes. Muchas veces falta talento, pero la vida que cuentan esos jóvenes de 24 o 26 años es muy rica, muy compleja y dramática. En cambio, otros alumnos occidentales sólo pueden contarme lo que conocen de la televisión. Pero eso no me interesa como cineasta. Eso puede valer para las telenovelas, en las que no hay expresión de la sensibilidad particular de una persona. Saber sólo técnica cinematográfica es como saber sólo caligrafía. ¿De qué sirve? ¿Qué me importa si Dostoievski tenía una buena caligrafía? En el audiovisual tener sólo buena caligrafía te puede servir para la publicidad o para cierta televisión. No para el cine”.

Más adelante, Zanussi aclara y completa su defensa de un cine que diga algo al espectador y señala que “no quiero decir que sea obligatorio para cada autor contar su biografía. Al contrario, eso es algo excepcional. Me refiero a que, con cierta experiencia de la vida, es más fácil hacer un diagnóstico de la existencia. Muchos jóvenes de hoy no sienten la necesidad de diagnosticar la vida, de preguntarse por qué las cosas duelen, por qué las cosas van mal… En los guiones de muchos jóvenes realizadores occidentales actuales, cada escena representa una visión del mundo separada, distinta de la siguiente: no hay una visión coherente, sólo se tratan aspectos por separado. Esta fragmentación de la visión del mundo es el motivo por el que muchas veces las películas carecen de integridad”.

Sin duda, hay muchos tipos de cine no son excluyentes entre sí, y también son diversas las maneras de acercarse a la realidad y recogerla en el celuloide. Pero, en cualquier caso, no está de más esta llamada a hacer un cine más humano y real, a servirse de él como instrumento para trasmitir experiencias de la vida y ayudar al espectador a que viva el cine libremente, como la misma vida. Por eso, lo importante –incluso en el cine más comercial y de consumo– será tener algo que transmitir con la imagen, sin limitarse a imitar y repetir cansinamente estereotipos que nada aportan, sin esconderse en lugares comunes ni en lo políticamente correcto. Es necesario enriquecer al mismo cine y al espectador con una mirada personal… que ayude a entender otros modos de ver la realidad, lejos del “sueño de los ángeles” o de la impostura de unos magos de poca monta. Porque necesitamos un cine cierto y verdadero que hable y dialogue con el espectador, que comprenda al hombre en su complejidad y también en su enorme riqueza y capacidad, que le dé alas para volar con libertad desde la propia realidad.

En las imágenes: Fotogramas de “El truco del manco” – © 2008 Media Films. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados. De “Los abrazos rotos” – © 2009 El Deseo. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados. De “Una cierta verdad” – © 2008. Distribuida en España por Notro Films. Todos los derechos reservados. De “Retorno a Hansala” – © 2008. Distribuida en España por Wanda Visión. Todos los derechos reservados. De “Julia” – © 2008. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos reservados. De Krzysztof Zanussi durante su estancia en España. Todos los derechos reservados. De “La escafandra y la mariposa” – © 2007. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos reservados.

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Publicado el 22 junio, 2009 | Categoría: Cinematografía, Directores, Estudios y ensayos, Opinión, Teoría y lenguaje

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