“El milagro de Henry Poole”: Esperanza y amor para entender lo inexplicable

[5/10] Esperanza es el nombre de la fervorosa vecina de Henry Poole, y también lo que le falta a este hombre gravemente enfermo que espera la muerte recluyéndose en la casa de su infancia feliz. Pero unas manchas de humedad aparecen en la fachada y concitan a todo el vecindario, convencido de que es el rostro de Jesucristo y de que se ha obrado un milagro. El alboroto organizado altera a un escéptico señor Poole, que no obstante encuentra en la silenciosa niña Millie y en su atractiva madre Dawn el apoyo para llevar esos momentos de tribulación. Con esta historia de fe, esperanza y amor, Mark Pellington levanta una película bienintencionada y moralizante, entrañable y llena de sentimiento, positiva y abierta a lo inexplicable.

“El milagro de Henry Poole” puede verse como una cinta trascendente sobre la religiosidad popular porque aborda el tema del misterio y de la fe, pero lo es sólo en apariencia o en primer término, porque en el fondo es más bien una mirada sentimental sobre la necesidad de vivir con esperanza, de creer en las personas, de entender que una vida con amor vale la pena y es suficiente para vencer a la muerte. Este es el verdadero milagro que se opera en el interior de Henry Poole, sin compañía, sin futuro y sin creer que haya quien quiera desinteresadamente ayudar a los demás. Es cierto que el protagonista tampoco tiene una fe religiosa, pero en la cinta ésta se presenta más como un sentimiento subjetivo que como una realidad espiritual, y afortunadamente el director adopta una postura de respeto a lo inexplicable sin pretender conducir al espectador hacia la creencia religiosa.

Pellington se atreve a abordar cuestiones esenciales de la vida desde postulados no racionalistas, y a apuntar las diversas reacciones ante la muerte, aunque lo hace siempre desde una óptica amable y suave, sin dramatismo ni dureza. Es una película complaciente e incluso familiar, previsible en su desarrollo y un poco pretenciosa en su puesta en escena. Está revestida de apariencia de cine independiente con una descuidada planificación y gratuitos movimientos de cámara cargados de simbolismo, con primeros planos y un tratamiento fotográfico que juega con lo definido y lo borroso, con insertos de canciones en la tradición videoclipera del director, además de recurrir a abundantes metáforas para ilustrar una vida -una casa- que se derrumba cuando se carece de cimientos sólidos -la esperanza- y se abandona en el tiempo. Sin embargo, el conjunto es más bien un cine convencional por su estructura, puesta en escena y dibujo de personajes.

Una historia de amor que se construye sobre la fe en los misterios de la vida porque “no todo necesita una explicación” -como dice la chica del supermercado, llamada no por casualidad Paciencia-, y que apuesta por la catarsis personal y por el sentimiento como motor para llevarla a término. Sin embargo, a pesar de su carácter vitalista, la película carece de fuerza interior y avanza de manera premiosa hasta un desenlace anunciado. Las interpretaciones apenas resultan convincentes, especialmente la de un Luke Wilson en exceso impostado y que no transmite drama, desconcierto ni emoción. Secundarios sin apenas dibujar más allá del estereotipo, salvando a la niña Morgan Lily que sí tiene una mirada cautivadora y un comportamiento inquietante. Una cinta que precisaba mayor vigor narrativo e interpretativo para que su mensaje esperanzado llegase con fuerza al espectador. Sin embargo, puede gustar a un público que busque historias luminosas y optimistas, intimistas y abiertas al misterio humano.

Calificación: 5/10

En las imágenes: Fotogramas de “El milagro de Henry Poole” – Copyright © 2008 Overture Films, Lakeshore Entertainment y Camelot Pictures. Fotos por Saeed Adyani. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos reservados.

Publicado el 4 Junio, 2009 | Categoría: Año 2009, Críticas, Drama, USA independiente

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