Estos días, Irán está siendo protagonista de las noticias de prensa y televisión: las elecciones y triunfo –limpiamente o no– de Ahmadineyad y el temor a su extremismo han saltado al primer orden internacional. A la vez, la cartelera ha recibido una nueva película iraní de la familia Makhmalbaf, con la joven Samira Makhmalbaf como directora: se trata de “El caballo de dos piernas”, que obtuvo el premio del Jurado en el pasado festival de San Sebastián. Es quizá la película más abiertamente política y crítica con la actuación americana en el mundo árabe, con un tono inequívoco de denuncia a los tejemanejes, corruptelas y explotación del pueblo iraní y de sus riquezas. Lo curioso es que, como suelen hacer los grandes artistas, se trata de una crítica dura y contundente en el fondo pero sutil y llena de humanismo en la forma.
Samira y su padre Mohsen emplean para ello la parábola de dos niños que actúan como amo y esclavo en su actividad diaria: Estados Unidos quedaría reflejado en uno pudiente pero tullido tras explotarle una mina en la guerra –donde perdió a su madre, encarnación del despotismo y prepotencia de quien cree que puede comprarlo todo con dólares, de la crueldad de quien trata a los hombres como ganado, de la ceguera de quien no ve el dolor e injusticia que deja alrededor; por su parte, Irán estaría representado por un adolescente con evidentes discapacidades psíquicas, indefenso ante las burlas y humillaciones de unos caprichosos niños, obligado a correr como un burro o a alojarse en el establo y comer paja de manos de su amo… por un dólar al día.

Abuso e indefensión de quien se siente rico y poderoso como para jugar con el débil –carreras, peleas, torneos–, para obligar a la mujer a prostituirse –humillante es el panorama apuntado en el viejo y… en el niño–, para especular con su riqueza –no es menor la falta de humanidad en el alquiler del “caballo de dos piernas”–, o para quitarle su dignidad en esa impostura carnavalesca de riendas, herraduras, cabeza postiza… Duras escenas de una guerra que no admite justificación y que deja maltrechos a unos y a otros, embrutecidos en su actuar y disminuidos en sus facultades físicas o psíquicas. Una realidad retratada, sin embargo, con delicadeza y sensibilidad –es entrañable la escena de la mendiga, el helado y las monedas–, con hondura y comprensión: y eso porque, en el fondo, vemos que el niño tullido sufre el dolor de la pérdida, y que eso le lleva a cargar con violencia contra su caballo y a llorar ante la tumba de su madre.

Por un momento, parece que los dos personajes van a acabar haciéndose amigos leales e inseparables… pero los Makhmalbaf no quieren paños calientes para retratar una realidad sangrante en que el “amigo americano” toma, usa y desecha al pobre de turno… para después volver a echar mano de otro “necesitado” que lucha por sobrevivir… y así repetirse de nuevo la historia. Sin duda, se trata de una película para cinéfilos por su tratamiento visual y narrativo, pero que ayuda a pensar sobre la realidad vivida en esas tierras. Por otra parte, sin maniqueísmos ni antiamericanismos simplistas, quizá haya que dudar del retrato violento que a veces se nos presenta del pueblo musulmán y tratar de entender su malestar. Al menos, está claro que el cine iraní refleja una sensibilidad y un sentido de humanidad que no “cuadra” con esa imagen despreciativa de todo lo musulmán: sin duda habrá fanáticos… pero quizá no sean la mayoría, y también será necesario mirar a quienes les “empujan” a serlo (aunque eso no les justifique).
En las imágenes: Fotogramas de “El caballo de dos piernas” – Copyright © 2008 Wild Bunch y Makhmalbaf Film House. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.
Publicado el 18 Junio, 2009 | Categoría: Año 2009, Drama, Irán, Opinión
Etiquetas:crítica, El caballo de dos piernas, Mohsen Makhmalbaf, política, Samira Makhmalbaf
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18 Junio, 2009. 10:48 pm
No sé si la peli, compa Julio, será tan hermosa como las palabras con que tan cariñosamente la glosas, pero está claro que habría que darle una oportunidad (como de costumbre, no lo tengo fácil, pero habrá que intentarlo, al menos…).
Un fuerte abrazo.
19 Junio, 2009. 5:12 pm
Nota ligeramente “pedante”: Irán no es un país árabe (sí un país de mayoría musulmana, con vínculos históricos estrechos y complejos con el mundo árabe, pero no más). Espero poder verla pronto, desde luego tu crítica (y el corto de la propia Makhmalbaf en la cinta del 11-S) me animan a ello.
19 Junio, 2009. 5:15 pm
Si me lo permites voy a abusar de tu espacio para rescatar unas líneas con las que concluyes y que me parecen importantes: “quizá haya que dudar del retrato violento que a veces se nos presenta del pueblo musulmán y tratar de entender su malestar. Al menos, está claro que el cine iraní refleja una sensibilidad y un sentido de humanidad que no “cuadra” con esa imagen despreciativa de todo lo musulmán: sin duda habrá fanáticos… pero quizá no sean la mayoría”.
Efectivamente. No existen pueblos homogéneos ni culturas cerradas. Una inmensa mayoría de los musulmanes del mundo son gente tan pacífica como tú o como yo que lo único que quieren es vivir con un mínimo de decencia, tener un techo y poner comida en la mesa para sus hijos. El fanatismo no está implícito en los genes de nadie ni es exclusivo de ningún pueblo. Pero además de eso Irán es una país con una tradición cultural y una diversidad étnica y religiosa riquísima. Basta echar un vistado a la literatura y la poesía iraní del siglo XX para darse cuenta de ello.
(es un país al que tengo especial cariño, de ahí la “arrancada” de hoy). Gracias por tu post.
19 Junio, 2009. 6:04 pm
Totalmente de acuerdo contigo, unicornio. Y en cuanto al cine iraní, tienen una delicadeza y saber decir sugiriendo con sutileza, que ya la querríamos por aquí. Gracias por los comentarios y apreciaciones.
19 Junio, 2009. 7:50 pm
Bueno, la verdad es que no estoy de acuerdo con toda esta corrección política sobre lo majos que son los musulmanes. El malestar parece que se lo provocamos los occidentales con nuestros derechos humanos, cuando lo cierto es que se lo provocan ellos con una sociedad que no ha cambiado nada desde el siglo XIV.
No quiero polemizar porque estos temas siempre se prolongan en ramificaciones. Lo diré breve: “La rabia y el orgullo” de Oriana Fallaci.
19 Junio, 2009. 8:47 pm
Individuo Kane: ni en mi artículo ni en el blog pretendo hablar de política; simplemente apunto que en esta película y en todo el cine iraní que conozco se respira un sentido de la dignidad humana y del respeto, de la sensibilidad… que no creo que sea exclusivo de unos cineastas sino de toda una cultura y tradición.
Eso es lo que se ve en este cine, al margen de que en la calle pueda haber violentos y extremistas. No digo que los occidentales (o americanos) seamos responsables y que haya que justificar abusos o atropellos -principalmente de grupos políticos-, sino que hay que tratar de comprender a la “persona de a pie”: eso es lo que se desprende de la película, donde es muy fácil arremeter contra el niño lisiado.
20 Junio, 2009. 12:12 pm
“cuando lo cierto es que se lo provocan ellos con una sociedad que no ha cambiado nada desde el siglo XIV.”
No quiero entrar en polémicas estériles, pero si los únicos “argumentos” que puedes aportar son esta frase y una recomendación bibliográfica como la de Fallaci…. ¡válgame el cielo! Lo de que “no ha cambiado nada desde el siglo XIV” es algo tan evidentemente demostrable como que te des un paseo o mantengas una conversación con cualquier iraní de la actualidad; es un mundo que conozco con bastante profundidad como para no dejar pasar generalizaciones así de vacuas e ignorantes como la que acabas de manifestar. Flaco favor le haces a esos millones de jóvenes iraníes que salen a la calle pacíficamente, desarmados y con la única fuerza de su voz reclamando justicia, respeto a los derechos humanos y un país mejor para todos. Incluso para ti. ¿O es que las manifestaciones de Teherán son un espejismo?
20 Junio, 2009. 12:16 pm
Quise decir “es algo cuya falsedad es tan evidentemente demostrable como…”
Disculpas.
Si te interesa conocer más el Irán del siglo XX, te recomiendo que leas a Sadegh Hedayat o a la innumerable cantidad de poetas (casi todos ellos laicos y progresistas) de su historia reciente. O que consultes algún libro sobre la Operación Ajax, el intervencionismo de los 50 o la lucha contra Mosadegh y su aperturismo anti-fundamentalista y democrático; o un maravillos librod e la historiadora Janet Afary sobre la primera revolución iraní de 1905, la llamada “Revolución constitucionalista”, donde explica el desarrollo de las ideas democráticas y constitucionalistas en Irán. Mucha ignorancia es lo que yo veo.
20 Junio, 2009. 7:29 pm
El problema es que los que escriben, filman y hablan (he hablado con algunos) muestran una apariencia muy abierta. Hasta que ves cómo actúan. Conocí a un musulmán muy majo. Hablando con él era muy occidental, muy respetuoso. Hasta que le vi actuar. En su casa y con su mujer. Se me cayó el alma a los pies.
Y las manifestaciones en Irán son a favor de Musavi. Que no es mejor que Ahmadineyad.
Sí, es verdad. Habrá gente maja. Seguro que la hay. Pero cuanto más veo, leo y trato (sí, hablo y trato) más me convenzo de que eso no es una cultura. Hablo de cultura. Y estoy convencido de que la mía, la occidental, la tradición judeo-cristiana-europea-yanqui es infinitamente superior.
20 Junio, 2009. 8:57 pm
Bueno, cada uno es evidentemente libre de pensar como quiera. Mi experiencia ha sido diametralmente opuesta; Musavi no es santo de mi devoción (fue, entre otros, uno de los responsables de que Abolsadr tuviera que salir por patas del país en el 81 cerrando la posibilidad a una victoria de los sectores más abiertos y progresistas). Simplemente digo que tus generalizaciones no tienen más valor que el de ser una apreciación personal tuya basada en una anécdota bastante chusca y una lectura de validez académica más que cuestionable. Aunque no deja de resultar curioso que necesites alardear de ese sentido de superioridad cultural que ha dado como resultado dos atroces guerras mundiales, el lanzamiento de dos bombas atómicas y la invención de los campos de concentración. Entre otras “maravillas” de esa cultura tan “superior”.
Pero, como digo. Allá cada cual.
21 Junio, 2009. 1:36 pm
Si cito a Oriana Fallaci es porque es la única mujer, la única, que logró hacerle una entrevista a Jomeini. A mí, personalmente, me gustaría que hubiese más entrevistas de perspectiva femenina para poder contrastar. Pero no las hay porque esa “cultura” tiene un problema con las mujeres. Su validez académica no es que sea cuestionable o que deje de serlo. Es que es lo único que existe.
Cada vez que trato de debatir algo en los últimos tiempos, los argumentos suelen ser llamarme ignorante, fascista o racista. Tú, unicornio, es la tercera vez que me llamas ignorante. Como yo quería hablar de la “cultura” islámica y tú quieres hablar de mi ignorancia, comprenderás que me retire.
Sigue tú, contándonos desde tu sabiduría, tu democracia y tu tolerancia.
21 Junio, 2009. 9:19 pm
Qué curioso: ahora resulta que citas a Fallaci porque “es la única mujer…” ¿Y por eso citas, precisamente, la obra más controvertida, rabiosa e indocumentada de la que, por otro lado, fue una grandísima periodista en su época? Dices que querías “hablar de la cultura islámica”; lo siento, pero no. Querías hablar de tu particular visión de la cultura islámica para contarnos lo inferior que es a la tuya propia, que son cosas distintas.
No disfraces con excusas lo que fue una arrancada prejuiciosa y poco más.
Y además, ¿no hablábamos de cine?
30 Junio, 2009. 7:46 pm
[...] cuenta, aparte de la buena interpretación de Samuel L. Jackson. Los cinéfilos no deben perderse “El caballo de dos piernas”, metáfora sobre la política americana en territorio iraní a partir de la historia de un niño [...]
26 Julio, 2009. 9:18 pm
[...] cuenta, aparte de la buena interpretación de Samuel L. Jackson. Los cinéfilos no deben perderse “El caballo de dos piernas”, metáfora sobre la política americana en territorio iraní a partir de la historia de un niño [...]