Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

«El frasco»: Amor en formol para sufridores

[4/10] De vez en cuando, uno se encuentra con una película en la que todo parece empujar a salir del cine y olvidarse cuanto antes de lo visto, porque ni la historia convence ni los personajes reflejan autenticidad. Es lo que sucede en esta comedia romántica agridulce que Alberto Lecchi presentó en la última Seminci, y que incomprensiblemente se llevó la Espiga de Plata. En «El frasco», el director argentino busca escrutar el alma de dos perdedores e inadaptados, de dos personajes solitarios con un presente hipotecado por el pasado… hasta que el amor se abre paso entre ellos. Un guión más simple que sencillo, muy previsible en su desarrollo narrativo y bastante limitado en el dibujo interior de la pareja protagonista, que se permite más de un equívoco telegrafiado y alguna pirueta del todo inverosímil para avanzar y terminar con un toque tan complaciente como falso.

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Juan Pérez es un conductor de autobuses más bien gris y torpe, conocido por todos como «mudo» por su dificultad para relacionarse con la gente. A su carácter huraño se le suma cierta timidez enfermiza, quizá resultado de algún trauma que le encadena… pero todo se nos muestra de manera tan plana y con tan poca fuerza, que Darío Grandinetti no puede hacer más que poner gestos prefabricados y estereotipados a su personaje con cara de palo, en un papel que quiere dar risa y pena a un tiempo, y que acaba convirtiéndose en marioneta de guiñol o caricatura patética con sus respuestas monosilábicas. Este buen actor sufre las consecuencias de un error de casting, pues cuesta verle en un papel de personalidad tan frágil y endeble, y más aún creerse su evolución posterior o su vis cómica. En su autobús y en su vida se cruza a diario con Romina, una joven maestra deprimida que responde al tópico de «un alma en pena y peleada con el mundo», y que también necesita una cura de afecto y autoestima. Leticia Brédice intenta darle el dolor y sentimiento que se presupone, pero su personaje sufre los mismos defectos de guión que su compañero.

Es evidente que las vidas de estos dos desgraciados personajes podrían unirse como anillo al dedo, pero la realidad es que entre ellos no hay más sintonía que la que marca el guión y propician las circunstancias, y a fin de cuentas el espectador percibe que todo está muy forzado… y nunca entra en la historia. Algún chispazo de gracia, de ironía y de sentimiento surge, pero se ve venir a cada paso y no supone más que un instante de humanidad en una historia que podía dar mucho más de sí, bienintencionada y amable pero reiterativa y sin frescura, con conflictos y equívocos artificiosos, con complejos de presentados de manera superficial. Lo del frasco es pura anécdota y las heridas del pasado no pasan de subtrama para justificar unas vidas en formol… que buscan su lugar en el mundo. Lo mejor, sin duda, ese parador de carretera y los personajes que lo habitan, los más auténticos de la cinta. Una película romántica liviana que se deja ver en su ausencia de pretensiones y complejidad, pero que apenas deja nada en el espectador a su término… como si toda la vida se hubiera ido al traste con el frasco del título.

Calificación: 4/10

En las imágenes: Fotogramas de «El frasco» – Copyright © 2008 Zarlek Producciones y Quimera Films. Distribuida en España por Premium Cine. Todos los derechos reservados.

Publicado el 17 abril, 2009 | Categoría: 4/10, Año 2009, Argentina, Comedia, Críticas, Drama

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Un comentario en “«El frasco»: Amor en formol para sufridores”

  1. Manuel Márquez

    Pues tomada nota, compa Julio, «a los efectos oportunos», aun cuando dudo yo mucho que un film de este corte vaya a llegar a Córdoba algún día (pero nunca se sabe…)

    Un fuerte abrazo y buen fin de semana.

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