Ahora que el aborto vuelve a dar que hablar y que algunos se lo toman con ligereza según sean los intereses políticos de turno, quiero rescatar y ofrecer lo que escribí hace tiempo a raíz de dos de las mejores películas del año pasado, la rumana “4 meses, 3 semanas, 2 días” y la americana “Juno” –con enlaces a las críticas publicadas entonces en La Butaca–, enfoques contrapuestos estética y culturalmente para abordar el drama de dos adolescentes de nuestro tiempo. Desde entonces, la cartelera española ha recibido, además, otras propuestas que miraban de una u otra manera a este tema que, para bien o para mal, marca la vida de algunas personas, y que una y otra vez se debate con la intensidad que merece –por su importancia y trascendencia– en la vida pública. Una de esas películas la firmaba el director chino asentado en Estados Unidos Wayne Wang con la historia de Sasha en “La princesa de Nebraska”: veíamos a una adolescente de Pekín que llegaba a Estados Unidos dispuesta a abortar, que callejeaba perdida por San Francisco y también por la modernidad y libertad recién descubiertas tras un pasado de represión marxista, y donde la soledad y la falta de referentes morales la dejaban expuesta al vaivén de los afectos, todo transmitido con atractivas y sugerentes imágenes y con una moderna puesta en escena que daban un film pleno de sensibilidad y belleza.

De otro tono eran dos cintas venidas de América. Por un lado, “Bella” de Alejandro Monteverde, melodrama intimista en donde su protagonista José daba un giro a su exitosa carrera deportiva cuando la tragedia le salía al paso, para convertirse desde entonces en un pacífico pero apasionado defensor de la vida, para ser ocasionalmente el apoyo de su compañera de trabajo Nina, despedida del restaurante en que trabaja cuando se quedaba embarazada y que también se debatía entre el dilema de abortar y el dolor de verse sola y abandonada. En la argentina “Cartas para Jenny”, también asistíamos a otro drama adolescente de una joven, embarazada y abandonada por su novio casi a las puertas de la boda, y que rehace su vida a partir del apoyo que encuentra en las cartas de su difunta madre; con un tono televisivo y dulzón, con más lágrimas y sentimentalismo que autenticidad, se recoge el viaje de maduración y conocimiento de quien aprende a vivir desde el sufrimiento y la verdad, de quien no añade un error al anterior y busca otra puerta por la que salir a la vida.

Como vemos, si algo tienen en común todas las historias –las del año pasado y las del presente– es el drama y miedo ante una situación difícil y complicada, la soledad de una joven que se encuentra sola y sin apoyo cuando más lo necesita, el miedo al compromiso y la huida de quien se arruga ante la responsabilidad, y también la positiva respuesta cuando se percibe afecto y compañía, la felicidad ante una nueva vida (cuando se permite) y el drama de ir contra uno mismo y la conciencia… algo que se advertía en toda su crudeza en la última escena de la cinta de Christian Mungiu. Mucha insistencia y variedad de propuestas de cine para un tema candente y crucial para el individuo y la sociedad, pues hablamos de uno de los termómetros más fiables sobre el grado de humanización o deshumanización que se puede alcanzar.
En las imágenes: Fotogramas de “4 meses, 3 semanas, 2 días” – Copyright © 2007 Mobra Films. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados. De “The princess of Nebraska” – Copyright © 2007 Center for Asian American Media y Entertainment Farm. Distribuida en España por Karma Films. Todos los derechos reservados.
Publicado el 10 Marzo, 2009 | Categoría: Opinión
Etiquetas:4 meses 3 semanas 2 días, aborto, Alejandro Gomez Monteverde, Bella, Cartas, Christian Mungiu, Juno, La princesa de Nebraska, Wayne Wang
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21 Marzo, 2009. 3:15 pm
Esta es una de las muestras de que hay un cine que recoge las inquietudes de la sociedad, que bucea en los sentimientos humanos y desmenuza a fuerza de imágenes los dramas personales. Todas esas películas tratan sobre el mismo tema desde enfoques muy diferentes y todas nos muestran también las reacciones de las personas que rodean a los protagonistas y cómo la respuesta de estos ante una situación extrema siempre es libre y personal pero no se puede disecar y extraer del apoyo/abandono emocional por parte de su entorno.
Es agradable comprobar que todavía queda CINE (así, con mayúsculas).