Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

Cuando el tiempo se vive intensamente: “Antes del amanecer” y “Antes del atardecer”

Hace días pude volver a ver “Antes del amanecer” y “Antes del atardecer”, de Richard Linklater. Dos películas que son una sola aunque se desarrollen en ciudades distintas, dos historias de amor que son una única pero con un sentimiento que ha madurado, y dos actores que no pierden frescura ni autenticidad aunque hayan pasado nueve años desde su primer encuentro. Y detrás de la cámara, un cineasta que demuestra un excelente talento para la dirección de actores y también una facilidad admirable para la escritura inteligente y ágil. Plenamente identificados con el proyecto y en perfecta sintonía interpretativa, Ethan Hawke (Jesse) y Julie Delpy (Celine) se pasean por Viena o París intercambiando puntos de vista sobre política y religión, sobre cultura y ecología, sobre amor y sexo… sobre la vida y la muerte. Recuerdos y proyectos se alternan con asombrosa fluidez y naturalidad, lo mismo que heridas sufridas y esperanzas en lo que la vida puede depararles. Entre ellos fluye simpatía y algo más que va cobrando cuerpo hasta que se despiden en la estación de tren, citándose para seis meses después y así corroborar que no han vivido “el sueño de una noche de verano”, y que su naciente amor puede prosperar.

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Cada uno ha vivido ya algún desencanto afectivo y camina con pies de plomo ante nuevas jugarretas que el corazón pueda propiciarles: por eso, no quieren obligarse con la fogosidad y ceguera del primer impulso y comprometer su libertad; prefieren que el amor se cueza a fuego lento, y que el tiempo dore lo que puede ser una preciosa relación. El espectador se ha dado cuenta desde el inicio que ella (francesa) lleva la delantera y que vive la autonomía que da la cultura (y el dinero), que él (americano; la nacionalidad no es cuestión baladí) es un buen chico y también algo ingenuo, que entre ellos ha brotado un sentimiento a partir del azar –no tanto como parece– y que se manifiesta de manera sutil y delicada en dos maravillosas escenas. Una de ellas no incluye palabras pero sí música y sobre todo miradas, cuando ambos escuchan un disco en la cabina de una tienda de música, y sus ojos lo dicen todo (ojo a los movimientos y al inexistente cruce de miradas). En la otra sucede lo contrario, porque no paran de hablar mientras cenan y se lo dicen todo con palabras, pero de manera indirecta y pudorosa, con galantería y poder de seducción, pues el teléfono y el amigo imaginario se convierten en la mejor “celestina”.

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Pocas veces hemos asistido a un encuentro tan sensible e inteligente, tan sencillo y rico en relaciones, tan humano y conmovedor. Y también pocas veces se ha hecho una radiografía tan atinada de nuestro tiempo y de nuestra sociedad occidental, con temas enjundiosos pero tratados con una ligereza solo aparente que hace que no nos cansen ni agoten. Sin duda, cuando vimos “Antes del amanecer” todos deseamos saber si habían acudido a la cita seis meses después, y cómo había seguido la historia de amor… porque se nos habían hecho creíbles y cercanos. Bastaron unas horas por Viena –nosotros con ellos–, y vimos que eran jóvenes normales y que tenían inquietudes que nos llevaban a identificarnos en cierta medida con ellos… y por eso acudimos con Celine a la librería de París, donde Jesse presentaba un libro muy especial, para retomar esa historia personal, saber del otro durante esos años transcurridos… El tiempo no había pasado en balde, cada uno había seguido su camino…, pero algo quedaba en la memoria y en el corazón. De nuevo el azar había intervenido, y también de nuevo sus vidas volvían a cruzarse, y ahora eran “la ciudad del amor” quien escuchaba sus confidencias.

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No sabíamos cómo seguiría la historia porque ya no eran aquellos jóvenes llenos de vida y proyectos que cogían un tren Eurail para viajar y construir su mundo. Ahora son personas más hechas y maduras, con familia y obligaciones, y no es tan fácil desandar nueve años de vida… ni tampoco es lo que pretenden. Pero sí que intuyen lo que pudo ser y no fue… por una pequeña circunstancia fortuita, por una contingencia de la misma vida, y también saben lo que es su vida actual. De alguna manera, en una horas –las de Viena primero, las de París después–, Jesse y Celine han vivido tan intensamente como durante esos nueve años que separan sus dos encuentros, y de alguna manera Linklater ha sabido recoger unos instantes de vida y dárnoslos en dosis concentradas de inteligencia y sensibilidad. Dudamos que un “Antes del anochecer” complete una teórica trilogía, pero lo deseamos y sería también una oportunidad para ver por dónde camina es historia de amor y para terminar un análisis de una sociedad que evoluciona como los sentimientos de Jesse y Celine.

En las imágenes: Fotogramas de “Antes del amanecer” – © 1995 Warner Bros. Pictures International, Warner Independent Pictures, Castle Rock Entertainment y Detour Film. Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos reservados. De “Antes del atardecer” – © 2004 Warner Bros. Pictures International, Warner Independent Pictures, Castle Rock Entertainment y Detour Film. Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos reservados.

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Publicado el 24 Marzo, 2009 | Categoría: 9/10, Directores, Filmoteca, Romance, USA independiente

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3 comentarios en “Cuando el tiempo se vive intensamente: “Antes del amanecer” y “Antes del atardecer””

  1. Polifemo

    Julio, me parecen muy acertadas tus observaciones sobre esos dos films, que también he tenido ocasión de ver hace poco tiempo. Pienso que en “Antes del atardecer” se muestra algo más de lo que comentas: un cierto desencanto, por parte de ambos, al ver cómo han transcurrido sus vidas desde el primer encuentro. Me parece que ese “desengaño” se debe a las superficiales respuestas que aportan a los grandes temas de los que hablan.

    Por otra parte, no es aventurado afirmar que esas “respuestas” son fiel reflejo de la confusión actual, sin valores sólidos en que apoyarse y particularmente en el sentido del amor. No estoy de acuerdo con lo que dices de que hayan madurado mucho en esos nueve años, porque les sigue faltando realismo y hondura suficiente para aceptar lo que las vida les depara en cada instante. Si hubiera un “Antes del anochecer”… el fracaso vital se acentuaría con esos planteamientos.

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