[4/10] En “Che: El argentino”, Steven Soderbergh se propuso poner los cimientos del héroe y del mito en un ejercicio cinematográfico que tenía mucho de apología ideológica y que se servía de una narrativa hollywoodiense. La cercanía y humanidad del personaje, la espectacularidad de algunas acciones y la elocuencia de sus arengas, o el uso del flash back introduciendo su discurso ante las Naciones Unidas… todo se ponía al servicio de una idea revolucionaria y de un actor al que se concedía todo el plano, de principio a fin. Ahora, en “Che: Guerrilla”, Soderbergh sigue los pasos de Ernesto Guevara en su empeño por extender la revolución a América Latina: ha abandonado Cuba, dejando su cargo de ministro a disposición de Castro, para desaparecer ante la opinión pública. Su objetivo es Bolivia, donde quiere repetir la aventura y levantar en armas al campesinado contra el ejército, y arrebatar el poder al dictador Barrientos.

En esta segunda entrega, el director opta por un estilo más cercano al documental, por seguir al revolucionario con una cámara al hombro que busca la veracidad de unas situaciones triviales y desdramatizadas. Los intentos del justiciero por formar un grupo disciplinado y honrado que asuma sus ideales, las penalidades y desalientos de los soldados tras algunas emboscadas o al ver la precaria salud del jefe… todo sucede sin vida ni intensidad alguna. Lejos queda el idealismo y la popularidad que encumbró en la pantalla al “argentino”, pues en la selva boliviana está siendo acorralado en una larga y agónica caza y captura, a la que asistimos desde lejos y con poco interés. No hay espectacularidad ni gestos heroicos, sino el fracaso del hombre revolucionario al que se mitifica con unos planos finales rodados con cámara subjetiva y al ralentí. Tras dos horas de realismo cotidiano y anodino, Soderbergh cambia de registro estético y deja de mirar al Ernesto para mirar con él.

No estamos ante una película muy comercial ni entretenida: su trama es más bien tediosa y aburrida, y su puesta en escena carece de momentos dramáticos o fuerza expresiva. El Che sigue acaparando la atención allá donde se encuentra, y Benicio del Toro hace lo propio con la cámara. A su alrededor, los secundarios son terciarios porque están solo como “grupo” sin que nadie se singularice ni destaque -a pesar del nombre y valía de muchos de ellos, que pasan de incógnito- como tampoco lo hacen los guerrilleros frente al revolucionario por excelencia. Falta naturalidad y frescura en las reacciones e intervenciones de los soldados, como en las breves apariciones -muy televisivas- de los militares bolivianos. En escena solo está el Che y Benicio, que aquí “interpreta” menos que durante su estancia en Cuba o Estados Unidos. Con ese carácter documental y realista desprovisto de tensión o espectáculo -las refriegas y peleas son como maniobras de la mili, como un juego de aprendices que simulan hacer la guerra-, con diálogos más bien pobres y escenas repetitivas y sin dinamismo, el espectador se pregunta por la necesidad de esta segunda parte… mientras se aburre y espera la épica que no llega.

La película se hace muy larga, más de lo que ya es en cuanto a la duración real, y Soderbergh/Benicio no llegan a dar humanidad ni profundidad al protagonista, dejándole a merced de los acontecimientos en un plano superficial. En tal soledad se queda Che “el boliviano” que hasta los campesinos le abandonan en su destino y en su muerte. Quizá el director haya querido presentarse como un campesino más frente al revolucionario perdedor e incomprendido, pero entonces está de más esa secuencia final, y además habrá fracasado también el cineasta en su acercamiento al pueblo que está sentado en la butaca. Fracaso del guerrillero y del cineasta, y triunfo del hombre coherente con sus ideas que se convirtió en mito de una juventud idealista que buscaba la autenticidad: un perfil hagiográfico construido a partir de sus diarios bolivianos, tan reiterativos y focalizados -todo se cuenta desde su único punto de vista- como esta prescindible película.
Calificación: 4/10
En las imágenes: Fotogramas de “Che: Guerrilla” – Copyright © 2008 Laura Bickford Productions, Morena Films, Wild Bunch y Telecinco Cinema. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.
Publicado el 3 Marzo, 2009 | Categoría: Año 2009, Biopic, Críticas, España, Francia, Hollywood
Etiquetas:Benicio del Toro, Che: El argentino, Che: Guerrilla, guerra, Steven Soderbergh
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10 Marzo, 2009. 4:50 pm
Es una mala (malísima) película. Coincido con tu acertado análisis.