Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

“Cerezos en flor”: Momentos de felicidad… en compañía

[7/10] En la última Seminci pudimos ver este drama intimista de sabor oriental, que dejó muy buenas sensaciones aunque se fuese de vacío en el palmarés. En “Cerezos en flor”, la alemana Doris Dörrie traza un viaje iniciático en el que la muerte ronda a Rudi, un funcionario metódico recién jubilado que decide, junto con su mujer Trudi, ir a visitar a sus hijos de Berlín… en lo que se supone un acto de despedida. Incertidumbres, temores y decepciones tras la fría acogida de unos jóvenes demasiado ocupados en sus cosas, misterios que la vida siempre esconde y sorpresas que un corazón agotado no puede resistir, y un nuevo viaje que Rudi emprende al Japón para ver al hijo predilecto y cumplir el sueño de su esposa… y acabar teniendo allí su propia “primavera existencial”. Con gran sensibilidad y delicadeza, cargada de simbolismo y trascendencia en sus imágenes, la directora demuestra talento para penetrar en el alma de sus protagonistas y recoger sentimientos de ingratitud y egoísmo en los hijos, de renuncia y sacrificio en los padres, de paz y quietud espiritual en la joven japonesa o en un transformado anciano.

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La cinta está estructurada en dos partes bien diferenciadas en lo narrativo y en lo estético: el encuentro -habría que decir desencuentro- con sus hijos de Berlín, retratado con frialdad fotográfica y con una puesta en escena “europea” en que prima lo dramático; y la estancia en Japón, con un tono más lírico, simbólico y surreal y con una estética preciosista y poética. La fractura entre ellas es tan brusca y radical que, por momentos, parece que hemos visto dos películas y que el espectador se decantará por una de ellas, lo que en el fondo habla también de una falta de equilibrio formal. En Alemania, la figura central es la esposa y su abnegado silencio, con una Hannelore Elsner magistral que tiene miradas que esconden una vida sacrificada y secretos no confesados. En Japón, su marido –Elmar Wepper, también en un buen trabajo- cogerá el relevo para descubrir, de la mano de la joven Yu, quién era realmente su esposa, y para aprender a captar esos instantes de felicidad que siempre hay cuando se está con quien se ama: de ahí el comentario del protagonista, que suena a sentencia budista y que se convierte el mensaje del film: “la belleza de los cerezos en flor es cosa de un día, pero el recuerdo de haber amado dura toda la eternidad”.

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A esa mirada humana y conmovedora, Dörrie añade otra de cariz más sociológico al cuestionar el modo de vida occidental y señalar su desorientación, al poner al descubierto su afán desorbitado por alcanzar una situación financiera desahogada o asegurar el futuro con una buena jubilación, y creer que ahí encontrarán la felicidad. La alemana, enamorada del budismo y de la cultura oriental, incide en la riqueza de las relaciones humanas, en la familia y en el choque generacional, pues advierte una pérdida de valores, del sentido de la gratitud y del dolor. Son planteamientos y temática humanista que la emparentan al Yasujiro Ozu de “Cuentos de Tokio”, y un colorido artístico y una pesadumbre interior que recuerdan al Takeshi Kitano de “Dolls”. La directora sabe, a su vez, servirse de detalles, objetos y paisajes para dotarlos de contenido preciso, y también recurre con sentido irónico a los tópicos turísticos de cada lugar.

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Una road movie interior de alguien que sale de la gris rutina del trabajo para descubrir el colorido de los cerezos en flor que la vida trae, o el poder de las sombras que la ausencia de su mujer todavía ejerce desde el recuerdo. Y también una preciosa historia de amor en la madurez, que se ha expresado en silencio a lo largo de la vida y que al final recibe el premio con la danza butoh japonesa, ritual precioso en lo artístico y lleno de simbolismo por ser “el baile de las sombras” o la huella de la vida ausente en el mundo. Una mirada trascendente a la vida y a la muerte, con el monte Fuji en el horizonte aunque a veces no se vea por las nubes, pero carente de solemnidad ni pretensiones desmesuradas. A la cinta solo le falta cierta conexión entre sus partes y una mayor verosimilitud en la transformación del marido, con una aventura japonesa que va perdiendo la hondura de sentimientos para optar por la fugacidad de unos cerezos en flor.

Calificación: 7/10

En las imágenes: Fotogramas de “Cerezos en flor” – Copyright © 2008 Bavaria Film International, Olga Film, BR, ARD/Degeto y Arte. Distribuida en España por Wanda Visión. Todos los derechos reservados.

Publicado el 5 marzo, 2009 | Categoría: 7/10, Alemania, Año 2009, Críticas, Drama

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2 comentarios en ““Cerezos en flor”: Momentos de felicidad… en compañía”

  1. La Mirada de Ulises » Blog Archive » El mejor cine del 2009 y el que más gustará al espectador

    […] “Frozen river”, “Malditos bastardos”, “Séraphine”, “Un cuento de verano”, “Cerezos en flor”, “La teta asustada”, “Despedidas” , “Ashes of time redux” y “Vals con […]

  2. Fidel

    Una historia triste, lindamente presentada… buena fotografia, magnifica actuación. Sobran las escenas de lesbianismo y sexo… las cuales parecen ser una lamentable constante del cine actual…

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