“La mujer del anarquista”: Los tópicos de la memoria y los vivos sin vida

[3/10] Siguiendo la moda de recuperar la memoria histórica y también de llevar a juicio al franquismo, se estrena esta coproducción franco-alemana-española, “La mujer del anarquista”, dirigida por Marie Noëlle y Peter Sehr. Asistimos a un capítulo más del ensalzamiento de la República y de la figura del exiliado por motivos políticos, envuelto aquí en una historia de amor y fidelidad de una mujer hacia su marido, cuyo idealismo y patriotismo llegan al extremos de abandonar incluso a su familia “por la causa”. El problema es que nadie se cree en ningún momento lo que está pasando ante sus ojos, que la historia carece de fuerza y de ritmo narrativo, que se parece a una crónica mal contada que es evocada por la hija del anarquista al recordar la lealtad de su madre y el idealismo de su padre: las secuencias en Madrid o Francia, durante la guerra o a su término, pueden sucederse cronológicamente y explicarse, pero las imágenes no hablan ni encierran vida ni tensión alguna, y el espectador no llega a identificarse con ninguno de los personajes ni a vivir siquiera las atrocidades recordadas.

Para empezar, parece claro que estamos ante un clamoroso error de casting, pues ni María Valverde tiene edad ni intensidad dramática como para dar vida a la sufrida esposa del anarquista. Vemos cómo pasan los años en la historia pero no en su persona -es sorprendente verla como madre de Ivana Baquero, cuando el físico las iguala ante la cámara- y menos en un carácter que permanece incólume con gestos de diseño y reacciones forzadas. Algo parecido sucede a Juan Diego Boto, al que el guión obliga a sacar expresiones -siempre con ojeras, pero fresco de actitud- que no permiten que nos adentremos en su alma y que muestran más bien una ausencia de convicciones profundas… ¡como para irse a la resistencia y dejar a su mujer sola en Madrid!. No es esencialmente un problema de interpretación -los actores hacen lo que pueden, aunque no luce ninguno-, sino de falta de dirección de actores. Solo Ivana Baquero da a su personaje algo de vida propia y frescura, pero es un islote en un cementerio de muertos vivientes. A esas cuestiones mal resueltas de casting y dirección, se suma otro de guión, con diálogos impostados -más que hablar en familia con sencillez, los personajes parecen dar un discurso o recitar un poema impersonal- y con una estructura que no levanta vuelo: lo que podía ser una buena historia se queda en nada por no contener un ápice de verosimilitud. Con todo esto, es difícil que el resultado final no sea fallido, a pesar de los intentos de diseño de producción por ambientar adecuadamente la película.

Cuando la historia político-social está desinflada por navegar en la superficialidad y el tópico, siempre cabe la esperanza de que la otra historia -la personal- alcance al menos momentos emotivos y sinceros que respiren sensibilidad, romanticismo, pasión, drama… Aquí no lo encontraremos y de nuevo parecerá que asistimos a una mala representación en que se ha juntado a unos actores entre los que no hay sintonía ante la cámara, a los que se somete a una tortura al obligarles a sentir lo que no sienten -amor u odio, ideales o rabia, venganza o perdón- y expresarse de manera artificiosa -la dicción deja también mucho que desear, pues se les entiende con dificultad- como si se tratara de un libro parlante. Poco hay que se pueda salvar en esta película de tópicos y personajes estereotipados donde casi nada parece creíble, que no engancha ni emociona. Por eso, mejor quedarse en casa o esperar que la memoria se olvide pronto de fiasco de haberla visto.

Calificación: 3/10

En las imágenes: Fotogramas de “La mujer del anarquista” – Copyright © 2008 P’Artisan Filmproduktion, ZIP Films y Ciné Boissière. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados

Publicado el 23 Enero, 2009 | Categoría: Año 2009, Críticas, Drama, España

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Un comentario en ““La mujer del anarquista”: Los tópicos de la memoria y los vivos sin vida”

  1. Anna

    A viejos anarquistas, también sin grandes directores, no les faltó talento para hacer cine durante la guerra civil. Lo describe bien Ríos Carratalá en su libro “El tiempo de la desmesura”.

    Saludos

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