[9/10] “Chapeau” para una película como “La clase” y para su director, y también para un profesor como François y para sus colegas de la enseñanza. Con la Palma de Oro en el último festival de Cannes y nominada a los Óscar por Francia, Laurent Cantet (“Recursos humanos”) realiza un trabajo muy pegado a la calle y a la realidad de la educación, y va aún más lejos al lograr crear un microcosmos de la sociedad en torno a las cuatro paredes del aula de un conflictivo instituto parisino. Un curso escolar donde la típica problemática adolescente queda potenciada por la composición multicultural de la clase, y donde el profesor tiene que hacer difíciles equilibrios entre disciplina y confianza, el hacer justicia e incentivar a sus alumnos, o enseñar lengua y a convivir en respeto y tolerancia. Todo un reto para los nuevos héroes de nuestros días, que se ven obligados a hacer acopio de paciencia, fortaleza y comprensión a la vez que velar por su salud físico-psíquica o protegerse de eventuales denuncias de padres y alumnos.

Eso es lo que se recoge en una cinta con aires de documental y alumnos que no son actores profesionales y a los que Cantet extrae toda su espontaneidad y autenticidad para una ficción tan verdadera como preocupante. Con una puesta en escena fresca y abundantes primeros planos, la cámara salta del profesor que intenta sacar de sus alumnos lo que llevan dentro, a uno de ellos que se esconde en su silencio y es “sorprendido” con un plano relevador, para después dirigirse rápidamente hacia otro que interviene de manera insolente o provocativa, y volver al sufrido maestro que se esfuerza por llevar las riendas de la clase.

Planificación cerrada sobre los alumnos, montaje y ritmo precisos para una historia de autenticidad porque estos chavales de catorce años viven situaciones muy diferentes, y para algunos el instituto no es otra cosa que un cuadrilátero en que sacar a flote su ira contenida contra una sociedad injusta o su malestar por una situación familiar, y para otros se convierte en un juego adolescente que busca llamar la atención o ponerse gallito: desigualdades, falta de integración, temores a una penalización…, y permanente inseguridad y cuestionamiento de todo, rivalidades y enfrentamiento a orden impuesto… Todo está presente “entre les murs” (título original de la cinta), con momentos dramáticos -sobre todo en torno al problemático Souleymane- y otros divertidos -algunas de las salidas de Esmeralda, por ejemplo, son ingeniosas y atrevidas- a pesar de la gravedad y preocupación que encierran.

Cámara en mano y textura de la alta definición para obtener imágenes frescas en un espacio reducido pero pleno de vitalidad. Y unos diálogos fluidos que conservan el sabor de lo auténtico, con unos excelentes actores que aportan un trocito de su vida real para terminar de borrar las fronteras entre documental y ficción. Soberbia la interpretación de François Bégaudeau, buen conocedor de su personaje -es guionista y autor de la novela en que se inspira la cinta, y además profesor en la vida real-, capaz de transmitir la tensión y sensibilidad de un educador comprometido con sus alumnos. Los jóvenes actores sorprenden en su facilidad para expresar su interioridad con gestos naturales y elocuentes: que actúen de ellos mismos o sean dirigidos en una trama precisa no quita para que resulte un meritorio trabajo en que detrás de cada rostro se advierte todo un mundo de inseguridades, deseos y problemas. Lo único que parece exagerado y fuera de lugar es la excesiva reacción del profesor histérico que estalla junto a sus colegas, demasiado forzada al no saber nada de él ni antes ni después aunque se pueda intuir.

Si la clase es metáfora y reflejo de la sociedad, debemos mirar también a los profesores para descubrir toda una galería de actitudes que van desde el miedo y los nervios -la apertura con las presentaciones es todo un poema bélico, pues parecen los prolegómenos de la batalla- hasta la intransigencia y la rigidez, o la voluntad de recuperar a sus pupilos para la sociedad y apoyarse en los bueno de cada uno. Sus rostros y actitudes hablan por sí solos, y se comprende que su situación de indefensión -las relaciones con sus alumnos se dan en un plano de igualdad, con lo que la autoridad queda en entredicho- exija en ellos una auténtica vocación docente y en las autoridades un replanteamiento de la cuestión educativa. Sin duda, la película interesará mucho a todos aquellos implicados en la enseñanza, y dará lugar a fogosos debates y foros en los que los padres serían otros invitados de lujo. También para abordar la realidad de la integración de los inmigrantes y los problemas de la adolescencia será una cinta muy recomendable, en la línea de “La escurridiza, o cómo esquivar el amor” o la reciente “La Ola”.
Calificación: 9/10
En las imágenes: Fotogramas de “La clase” – Copyright © 2008 Haut Et Court y France 2 Cinéma. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.
Publicado el 18 Enero, 2009 | Categoría: Año 2009, Críticas, Drama, Francia
Etiquetas:adolescencia, educación, François Bégaudeau, inmigración, La clase, La escurridiza o cómo esquivar el amor, La Ola, Laurent Cantet
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