Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

“Buscando un beso a medianoche”: Ingredientes para la soledad

Después de ver “Buscando un beso a medianoche”, queda en el fondo del alma una sensación de pena y tristeza que es la que transmiten sus protagonistas. Alguno puede haberse acercado a la película creyendo que se trata de una historia de amor, ambientada en la ciudad de los sueños y en los días que se presumen más felices del año. Y sin embargo, cada fotograma deja un poso de insatisfacción y amargura que obliga a pensar de nuevo si el cine independiente americano está abonado a la soledad y al desencanto. El mismo título ya deja entrever esa “necesidad” de encontrar algo de afecto precisamente el 31 de diciembre, cuando más puede sentirse ese deambular sin rumbo por la vida o la falta de compañía. A veces, esa soledad conduce a la depresión –como a Wilson, el protagonista–, otras a esconderse entre ruido y carcajadas falsas y superficiales –como su madre, a quien el miedo a encontrarse con la vejez la aterroriza–, y a veces a abandonarse en brazos de quien se cruza en el camino como un pequeño consuelo en la desesperación –es lo que le sucede a la Vivien–. El caso es no estar solo en nochevieja ni ningún otro día, ya sea con alguien querido o con un sucedáneo de ocasión.

El director de esta cinta independiente pulsa todas las teclas para que suene esa música melancólica y marginal, y junta los ingredientes necesarios para que se respire tristeza y soledad en cada esquina. Recurre con acierto al blanco y negro con una fotografía de fuertes contrastes, conocedor de que aportará esa “grisura” a la vida de los protagonistas. Es una estética precisa para una historia de encuentros y desencuentros que dura varias horas y que tiene un futuro incierto –recuerda a aquella otra sucedida en Viena en “Antes del amanecer”, aunque ésta mucho más fresca, positiva y oxigenante–, localizada en el entorno urbano de Los Ángeles –la ciudad emblemática del bullicio y «donde fracasan las historias de amor», como dice el protagonista–, con unos personajes que aspiran a ser guionista y actriz –a escribir y representar la vida de otros, en definitiva– pero que son unos perdedores en la suya, con unos fracasos sentimentales que les empujan a recurrir a internet –lo más impersonal y anónimo que puede existir– para “tener a alguien” y no acabar “con las venas abiertas en la bañera”.

En fin, que Alex Holdridge elige bien sus ingredientes –blanco/negro, megalópolis, cine y teatro, nochevieja, internet– para una historia de soledad, que tiene una chispa de ternura –ciertamente entre la pareja se da cierta confidencia al confesarse sus anhelos–, pero que solo sirve para contrastar un fondo vital que desea el color de la humanidad de las relaciones y al que le sobra lo procaz.

En las imágenes: Fotogramas de «Buscando un beso a medianoche» – Copyright © 2007 Midnight Kiss Productions. Distribuida en España por Sherlock Films. Todos los derechos reservados.

Publicado el 8 enero, 2009 | Categoría: 7/10, Año 2008, Drama, Opinión, USA independiente

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Un comentario en ““Buscando un beso a medianoche”: Ingredientes para la soledad”

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