“Revolutionary Road”: Unas vidas irremediablemente vacías

[6/10] Imaginemos por un momento que Jack y Rose –la joven pareja del Titanic– sobreviven al famoso naufragio, que se casan y forman una familia feliz, y que viven plácidamente en un conjunto residencial americano de los años cincuenta. Digo esto porque es lo que Leonardo DiCaprio y Kate Winslet presentan al espectador en “Revolutionary Road”, ahora dando vida a Frank y April –los nuevos enamorados por flechazo–, aunque sus altos ideales de convertirse en una gran actriz o de irse a un París de libertad hayan quedado enterrados por los convencionalismos sociales y por la llegada de los hijos. Esa es también la coyuntura que Sam Mendes retrata en este dramón que da vueltas y revueltas en torno a un matrimonio en crisis permanente y que no sabe salir del pantano de la apatía. Son personas convencidas de ser especiales y diferentes al resto –aunque solo sea porque todos se lo dicen de continuo–, que tratan de vivir la vida y escapar de la rutina, pero también que por inmadurez, capricho, complicación o sencillamente por falta de comunicación… parecen empeñados a dar al traste con su amor.

Tras el planteamiento inicial en que se nos presenta a los personajes y su insatisfacción vital, Mendes se adentra en una estructura narrativa que avanza a golpe de crisis conyugal e infidelidad, de intentos por deshacer embrollos, de equívocas o incomprendidas renuncias a sus sueños. Son giros narrativos y dramáticos para unas existencias que, en realidad, huyen de la verdad de unas vidas vacías –“irremediablemente vacías”, como dirá el loco de modo directo y brusco–, unas veces por la irresponsabilidad juvenil que echa a rodar un amor construido sobre lo pasajero y superficial, otras por el capricho idealista de un hombre con alma de adolescente, y otras por la desilusión de una mujer que no aguanta más la continua renuncia no correspondida y que necesita otra cosa. Dos vidas llamadas a quererse pero que marchan por sendas que parecen no volver a cruzarse a pesar de sus buenas intenciones… y que se encaminan hacia el precipicio. Problemas de relación y comunicación de quienes aspiran a una existencia de altos vuelos y que se siente amenazada por una presión social que no les entiende y les hace sentir distintos o sucumbir con tentadoras ofertas de comodidad y conformismo.

Una trama de desencuentros afectivos y corazones amargados que avanza a trompicones y no sucumbe gracias al buen hacer de la pareja protagonista y de una galería de secundarios –con Kathy Bates y Michael Shannon a la cabeza; él nominado a los Óscar como mejor actor de reparto– que hacen que lo confuso resulte llevadero y logren escenas de gran intensidad dramática. A veces no es fácil encontrar lógica en sus reacciones –quizá porque no exista en psicologías tan complejas–, en muchos momentos tan paradójicas como desconcertantes, pues cuando uno cede el otro da marcha atrás a la vez que esconde un as en la manga o se generan dudas y susceptibilidades. Sin embargo, tanto Winslet –premiada con el Globo de Oro– como DiCaprio son grandes actores y transmiten el amor, complicación y sufrimiento interior de sus personajes, y también su huida hacia adelante, aunque en alguna ocasión resulte algo extraña y desproporcionada una respuesta o una salida destemplada… pero eso es  problema del guión.

Nada fuera de lo convencional en el aspecto visual y en el lenguaje narrativo, con una conseguida ambientación en que fotografía y música miran a los años cincuenta, siempre con Douglas Sirk y Richard Yates en el horizonte, para volvernos a hablar de las apariencias, egoísmos, envidias y encorsetamiento de una sociedad reprimida que ahoga cualquier intento de frescura y autenticidad. Es el mismo Sam Mendes de ocasiones anteriores, que se sirve del desequilibrado –recurso un tanto fácil y algo forzado– para decir sus verdades y lanzar su crítica contra la falsedad e hipocresía del sueño americano, pero con menor fuerza que en “American Beauty”. Al final, la película nos deja el sabor amargo de un amor imposible, y la mirada triste de lo que pudo ser algo grande –en París o en el mismo Revolutionary Road, que el lugar importa poco–, y que se quedó en unas vidas “irremediablemente vacías”, espejo de una sociedad enferma que se asfixia en el bienestar… y que no tiene conciencia de ello.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de “Revolutionary Road” – Copyright © 2008 DreamWorks Pictures, BBC Films, Evamere Entertainment y Neal Street Production. Fotos por François Duhamel. Distribuida en España por Paramount Pictures Spain. Todos los derechos reservados.

Publicado el 26 Enero, 2009 | Categoría: Año 2009, Críticas, Drama, Hollywood

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4 comentarios en ““Revolutionary Road”: Unas vidas irremediablemente vacías”

  1. Javier Cercas Rueda

    Un saludo Julio. Acabo de descubrir tu blog a través de Compostela. Te felicito por la presentación y organización. Me encantan. Y he visto muchos. Te seguiré. Acabo de empezar, hoy, la novela en la que se basa esta película. Si te gustan también los libros, supongo que sí, puedes echar un ojo a mi blog.

  2. Julio

    Gracias, Javier. Espero que los contenidos estén a la altura de la presentación y organización del blog. Mis felicitaciones también por tu blog: acabo de entrar y veo que te gusta Rhomer y todo lo que supone un diálogo de cine y literatura.

    Aunque probablemente lo conozcas, por si acaso te recomiendo uno que funde literatura y cine: “Escritores de cine”, escrito por José María Aresté, publicado por Espasa hace un año; creo que disfrutarás con su lectura. Un saludo,

  3. ALMALADA

    Existe en “Doña Barbara” de Romulo Gallego, un personaje -Lorenzo Barquero- al que siempre recurro trato de plasmar la desilusión. El relata como todos en la facultad lo trataban como una persona muy inteligente, cuando en realidad él no era más que un fraude, una fuente de espejismos sin ningún sustento en cuanto cerraba la boca, sin embargo maestros y condiscípulos le auguraban un futuro muy brillante. Pero realmente no basta con serlo, ni con parecerlo. Siento que esa es la escencia de Revolutionary Road: en cuanto se decide huir no se puede tener ninguna otra consideración. El simple hecho de que todos consideraran a los Wheeler como una pareja excepcional no los convertia en tal. Eran simplemente el espejismo de muchos que deseaban una vida mejor, pero que al mismo tiempo no les permitirían huir, ó al menos no les colaborarían en sus planes. La conciencia de sus “inmejorables destinos” no les permitirían despertar en paz nunca más, la eterna insatisfacción los destruiría gota a gota. Ahogarse en la rutina o en el alcohol solo convertiría una insoportable vida pasajera en eterna. Los Wheeler debían huir juntos, no había otra manera: para ella no había otro camino, él no sería capaz solo. Pero cuando aparece la excusa de otro hijo Frank se da cuenta de que no quiere enfrentarse a él mismo, no quiere pensar ni buscar lo que sospecha que no va a encontrar, April , por otro lado, ya no puede cerrar la ventana que abrió, ójala existiera manera, pero no puede, no existe una manera. Pero no puede abandonar su hogar, sus hijos ¿como podrían ellos sobrevivir a su abandono? En “Las horas” existe un personaje femenino (el de Julianne Moore) que también se ahoga en su vida y que sobrepone a la culpa, pero con su abandono marca indeleblemente la vida de su hijo (hijos?)

  4. La Mirada de Ulises » Blog Archive » “Un lugar donde quedarse”: En busca de la esencia familiar

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