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	<title>Comentarios en: La tragedia de una sociedad enferma: “Cassandra’s Dream” y “Antes que el Diablo sepa que has muerto”</title>
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	<description>Un viaje a través del cine, con el hombre y la sociedad como protagonistas</description>
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		<title>Por: Woody Allen o la construcción de la identidad en el mundo posmoderno &#124; CinemaNet</title>
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		<dc:creator>Woody Allen o la construcción de la identidad en el mundo posmoderno &#124; CinemaNet</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Dec 2009 11:51:06 +0000</pubDate>
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		<description>[...] Y es que el judío liberal que es Woody Allen sigue anclado en una visión superficial del cristianismo, reducido a una tradición seca y estereotipada, apoyada en la palabra hueca y no en la experiencia interior de cada persona. Como bien han dicho Juan Orellana y Juan Pablo Serra en su libro “Pasión de los fuertes”, aún sigue esperando la Encarnación de Dios, la humanización de quien puede dar respuesta a esas ansias de felicidad que se esconden en el corazón del hombre, y su crítica va dirigida hacia una entelequia que nada tiene que ver con la realidad. Woody Allen se refugia, por eso, en el uso prolífico de la palabra –no paran nunca sus personajes de hablar, y poco es lo que “hacen” en sus historias–, y concede a los diálogos una función terapéutica, como si nos introdujera con ellos en una sesión de psicoterapia: busca así sacar a la superficie esas culpas reprimidas en el subconsciente por una moral objetiva –es la vertiente psicoanalítica de este amigo de los psiquiatras–, y meter bajo la alfombra cualquier sentido de culpa que quite felicidad (como vimos en un tono de mayor gravedad en “Match Point” o en “Cassandra’s Dream”). [...]</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>[...] Y es que el judío liberal que es Woody Allen sigue anclado en una visión superficial del cristianismo, reducido a una tradición seca y estereotipada, apoyada en la palabra hueca y no en la experiencia interior de cada persona. Como bien han dicho Juan Orellana y Juan Pablo Serra en su libro “Pasión de los fuertes”, aún sigue esperando la Encarnación de Dios, la humanización de quien puede dar respuesta a esas ansias de felicidad que se esconden en el corazón del hombre, y su crítica va dirigida hacia una entelequia que nada tiene que ver con la realidad. Woody Allen se refugia, por eso, en el uso prolífico de la palabra –no paran nunca sus personajes de hablar, y poco es lo que “hacen” en sus historias–, y concede a los diálogos una función terapéutica, como si nos introdujera con ellos en una sesión de psicoterapia: busca así sacar a la superficie esas culpas reprimidas en el subconsciente por una moral objetiva –es la vertiente psicoanalítica de este amigo de los psiquiatras–, y meter bajo la alfombra cualquier sentido de culpa que quite felicidad (como vimos en un tono de mayor gravedad en “Match Point” o en “Cassandra’s Dream”). [...]</p>
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		<title>Por: La Mirada de Ulises &#187; Blog Archive &#187; Woody Allen o la construcción de la identidad en el mundo posmoderno</title>
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		<dc:creator>La Mirada de Ulises &#187; Blog Archive &#187; Woody Allen o la construcción de la identidad en el mundo posmoderno</dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Nov 2009 08:36:48 +0000</pubDate>
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		<description>[...] Y es que el judío liberal que es Woody Allen sigue anclado en una visión superficial del cristianismo, reducido a una tradición seca y estereotipada, apoyada en la palabra hueca y no en la experiencia interior de cada persona. Como bien han dicho Juan Orellana y Juan Pablo Serra en su libro &#8220;Pasión de los fuertes&#8221;, aún sigue esperando la Encarnación de Dios, la humanización de quien puede dar respuesta a esas ansias de felicidad que se esconden en el corazón del hombre, y su crítica va dirigida hacia una entelequia que nada tiene que ver con la realidad. Woody Allen se refugia, por eso, en el uso prolífico de la palabra –no paran nunca sus personajes de hablar, y poco es lo que “hacen” en sus historias–, y concede a los diálogos una función terapéutica, como si nos introdujera con ellos en una sesión de psicoterapia: busca así sacar a la superficie esas culpas reprimidas en el subconsciente por una moral objetiva –es la vertiente psicoanalítica de este amigo de los psiquiatras–, y meter bajo la alfombra cualquier sentido de culpa que quite felicidad (como vimos en un tono de mayor gravedad en “Match Point” o en “Cassandra’s Dream”). [...]</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>[...] Y es que el judío liberal que es Woody Allen sigue anclado en una visión superficial del cristianismo, reducido a una tradición seca y estereotipada, apoyada en la palabra hueca y no en la experiencia interior de cada persona. Como bien han dicho Juan Orellana y Juan Pablo Serra en su libro &#8220;Pasión de los fuertes&#8221;, aún sigue esperando la Encarnación de Dios, la humanización de quien puede dar respuesta a esas ansias de felicidad que se esconden en el corazón del hombre, y su crítica va dirigida hacia una entelequia que nada tiene que ver con la realidad. Woody Allen se refugia, por eso, en el uso prolífico de la palabra –no paran nunca sus personajes de hablar, y poco es lo que “hacen” en sus historias–, y concede a los diálogos una función terapéutica, como si nos introdujera con ellos en una sesión de psicoterapia: busca así sacar a la superficie esas culpas reprimidas en el subconsciente por una moral objetiva –es la vertiente psicoanalítica de este amigo de los psiquiatras–, y meter bajo la alfombra cualquier sentido de culpa que quite felicidad (como vimos en un tono de mayor gravedad en “Match Point” o en “Cassandra’s Dream”). [...]</p>
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