Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

“¡Qué bello es vivir!”: Feliz Navidad con Capra

Se acercan las Navidades y el cine debe entrar en sintonía con estas fechas. Podríamos hablar de un buen número de películas ambientadas o que tratan sobre el “espíritu navideño”, pero ninguna como “¡Qué bello es vivir!” de Frank Capra. Todos la hemos visto, posiblemente un montón de veces, y no solo porque las televisiones acudieran a ella como fácil reclamo sino porque su esencia religiosa-espiritual, humana y solidaria permanecen actuales –quizá soterradas en el interior de cada persona– en nuestra sociedad laicista, consumista e individualista. Aunque la historia sea archiconocida, el encanto y atractivo que tiene no tiene parangón… porque todos queremos volver a sentir que se puede ser más o menos feliz, que no estamos solos en ese cometido, que somos necesarios para los demás y que la vida sería distinta si nosotros no hubiéramos nacido.

Evidentemente Capra construyó un cuento de Navidad sobre la bondad humana, donde todo es cuasi-perfecto aún en medio de las tinieblas en que el malo de Potter puede sumir a Bedford Falls. El sentido moral es incuestionable y explícito, pero qué hondo llega y qué plácida e intensamente se sufre o disfruta cada momento de un desesperado o enamorado George Bayly. Las sensaciones de amor y amistad, de renuncia callada, de superación frente a la crisis conmueven al espectador porque en esta película confluyeron unos actores en estado de gracia, porque la puesta en escena supo crear ambientes cálidos o tensos que resultaban familiares o deseables en el propio entorno, pero fundamentalmente porque dispuso de un guión perfecto que retrata a los personajes dándoles humanidad y sentimientos hondos, que hace avanzar la historia y logra varios momentos de clímax dramáticos o emotivos donde se sufre y llora de auténtica emoción, que supo calar hasta la esencia de lo humano y extraer unas verdades fundamentales válidas para todo tiempo.

Nada vale más que un amigo y ninguno somos un error de la vida, solo la desesperanza arruina a la persona y entonces hay que dejarse ayudar y confiar en los demás. Esos valores antropológicos y existenciales cobran vida en un contexto histórico en que Estados Unidos acaba de salir de la 2ª Guerra Mundial. Hay que levantar el ánimo de los compatriotas, hacerles creer que todos juntos pueden sacar el país adelante y que nadie sobra: en el New Deal americano construido sobre un optimismo sin límites, en el que cualquiera puede llegar a donde se propongo porque todos somos iguales y libres. América como tierra de oportunidades y la Meca del Cine como fábrica de sueños que debe contribuir al progreso del país. Sin duda, el 1946 americano era el terreno propicio para ese idealismo y alegría de vivir, pero su fuerza no se termina ahí.

Por debajo de esa coyuntura histórico-social, está un director con una mentalidad y una actitud ante la vida concreta, reflejada de modo palmario en su autobiografía “Frank Capra. El nombre delante del título”, publicada por T & B Ediciones en 1999, lectura muy recomendable. Por eso, podríamos decir que detrás del film y de sus personajes está un director que quería hacer cine para ayudar al espectador a ser mejor persona, que busca tocar las teclas y resortes que saquen lo mejor de él en forma de emociones y también de reflexiones para la vida. Sus coordenadas giran en torno a la familia y a la comunidad, a la amistad y a los valores que hacen al hombre más virtuoso: lealtad, solidaridad, servicio, sacrificio, trabajo… el mismo universo de otro de los grandes humanistas y cineastas de la historia, John Ford. Y también, en ese ambiente tan humano y entrañable y en íntima conexión con él, la referencia cristiana hacia un buen Dios que escucha los rezos de unos niños o de unos amigos, que da la segunda oportunidad a un ángel de segunda clase para que consiga sus alas y a un hombre que por momentos se deja llevar por la desesperación.

Recuerdo la primera vez que vi esta película, y lo profundamente impactado que me dejó: cada diálogo lleno de entusiasmo y calidez, cada gesto de James Stewart congelado por la cámara, cada canción cargada de ilusiones por coger la luna, cada uno de los amigos que llegaban al final más apoteósico –y lacrimógeno– que una película puede encerrar… Las veces siguientes que la he visto, bastaba dejarse llevar y disfrutar placenteramente con cada escena, convencido de que si había algún punto de apatía, tristeza o preocupación antes de sentarse ante el televisor, desaparecería al terminar. Supongo que algo parecido habrá pasado a quien esto lea, porque la película… llega hasta lo más hondo del corazón. Una alegría de vivir solo equiparable a la que refleja otro de los títulos clave del gran Capra, “Vive como quieras”, también de visionado repetido hasta la saciedad y de éxito asegurado. Por eso, con Capra podemos desear una feliz Navidad para todos.

En las imágenes: Fotogramas de “¡Qué bello es vivir!” – Copyright © 1946 RKO Radio Pictures y Liberty Films. Todos los derechos reservados.

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Publicado el 17 diciembre, 2008 | Categoría: 10/10, Años 40, Directores, Drama, Filmoteca, Hollywood

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20 comentarios en ““¡Qué bello es vivir!”: Feliz Navidad con Capra”

  1. Manuel Márquez

    Excelente reseña, compa Julio; yo creo que la condición de obra maestra indiscutida de un film como éste queda probada por su “onda expansiva” temporal y personal: hasta el día de hoy ha llegado fresca como rosa recién cortada, y fascina por igual a gafapastas irredentos que a palomiteros absolutos, pasando por muchísima gente que no tiene en el cine, precisamente, una de sus opciones de ocio predilectas. Eso es ser grande, amigo.

    Un fuerte abrazo.

  2. alba llaurado

    No esta mal pero la encuentro aburrida para chicos de mi edad (14-15)
    Yo si le tuviera que poner una puntuación de estrellas del 1 al 5 le pondria 2 estrellas.

  3. Julio

    Está claro, Alba, que se trata de una película de los años 40 y de posguerra, que no tiene el ritmo trepidante ni la factura técnica de lo que actualmente se hace…, pero como historia y guión, como interpretaciones… me parece que es una gran película y que hay que verla en un momento y en un contexto determinado. Siento que te resultase aburrida y veo que no sintonizaste con los personajes, porque es muy emotiva y dramática. Un saludo, y feliz año nuevo

  4. Carlos

    Comprendo que la película pueda resultar aburrida a algunos jóvenes de hoy, acostumbrados a vivir a golpe de click y a una estética cinematográfica radicalmente diferente. Sin embargo, comparto la opinión de Julio y Manuel en que es una obra imperecedera; válida para todos los tiempos, a pesar de su factura “anticuada”. Es curioso que en su estreno pasara sin pena ni gloria y que, con el paso de los años, haya ido ganándose un sitio entre las mejores películas de toda la historia. Hay pocas que aguanten ser vistas una y otra vez.
    Un saludo.

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  11. ¡Qué bello es vivir!

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  12. miquel

    Cada año, durante las fechas navideñas las pantallas de televisión se inundan de películas en las que se intentan destacar el espíritu bondadoso que pueda albergar el alma humana. Ninguna de ellas puede compararse ni de lejos a esta maravilla

  13. Miri

    Me mandaron ver esta película en la universidad, para un trabajo de derecho en el que teníamos que relacionar al hombre con la sociedad y su función en esta. Al principio pensé que no me iba a gustar, que las películas en blanco y negro no eran lo mio, pero termine prácticamente llorando.
    Me encantó.

  14. Julio

    Es verdad, Miri, “Qué bello es vivir” sirve para disfrutar y emocionarse, para llorar a gusto y bien, y también para estudiar un momento histórico concreto en Estados Unidos y su entramado socio-económico… Por encima de colores y tecnologías, el cine clásico en b/n esconde muchos y buenos guiones, como ves. Me alegro de que te haya encantado, además porque seguro que habrás hecho con gusto tu trabajo.

  15. Mullin | Tiendas Muebles

    A mi “¡Qué bello es vivir!” o “What a Wonderful live” (su título original) me parece una de las películas más ñoñas y tramposa que haya visto nunca.
    Ñoña porque, a pesar de los pesares que sufre el protagonista, sigue teniendo muy buena posición, dueño de una empresa y con la capacidad de ayudar a sus vecinos. ¿Ha renunciado a sus sueños? Sí, pero estos eran un lujo, una “boutade”.
    Tramposa porque, cuando se trata la vida sin que él hubiese nacido se ve la influencia sobre las personas de su entorno a las que ha ayudado (que obviamente están peor) pero no se retrata la vida de aquellas personas para las que su influencia ha sido negativa. Y sobre todo tramposa, porque en la realidad el pobre hombre acabaría en la cárcel porque nadie le ayudaría.

  16. Julio

    Mullin: pienso que es una película de su tiempo en cuanto a la forma de narrar y a los temas que interesaban; pocas como esta refleja el espíritu del New Deal americano, por ejemplo, y los empréstitos…

    Aparte, recoge unos sentimientos e ideales que se pueden dar en cualquier tiempo y lugar, porque son humanos. Evidentemente no es cine realista sino que busca emocionar y unir a una comunidad en torno a una causa. Pienso que es verosimil (todo en ella tiene una unidad interna y es coherente), a pesar de ese futurible en que se apoya… parábola para una enseñanza.

    Su vocación didáctica y ternurista no resta nada de valor al buen trabajo de Capra y de los actores. Me parece buena película, y l aprueba es que ha resistido el paso del tiempo. Un saludo,

  17. La Mirada de Ulises » Blog Archive » El amor también es interesante en las historias

    […] con la que, hoy y ahora, me pongo a llorar cada vez que la veo? Les parecerá una tontería pero es “¡Qué bello es Vivir!” Porque, una vez más, es un maravilloso relato en torno al amor (en este caso, algo más volcado […]

  18. Ocucan

    Una pelicula clasica para ver y recordar en estas fechas navideñas.

  19. manuel

    Si alguien ha visto la película una, dos, diez veces… y no ha terminado llorando en todos y cada uno de los visionados, debería acudir inmediatamente a un psicólogo.

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