Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

“August Rush”: Sentimiento y sensiblería en el cine

El otro día, una amiga me dijo que le había gustado mucho “August Rush”, que se había emocionado e incluso llorado. Quería que le recomendase otras con sentimiento y que fueran positivas, porque decía que cuando veía cine… quería pasarlo bien y quedarse a gusto al terminar de ver la película. Consciente de que no son exactamente del mismo estilo, le aconsejé que viera “Once”, “Mi querido Frankie”, “El niño con el pijama de rayas”“Eres muy guapo”, con la intención de que disfrutase del sentimiento que buscaba en el cine, pero un poco liberado del exceso sensiblero. No sé si habré acertado en mis sugerencias, y el tiempo dirá si he perdido una amiga o si me he confirmado como “asesor cinematográfico”. Lo que está claro es que resulta fácil apostar por una historia con sentimientos en estado puro como vía de empatía con un espectador que desea prolongar en el cine lo que tiene o busca en la vida, que si esa emotividad se le da ya bien cocinada con unos rostros dulces y llorosos, que si se sirve después con una música sinfónica que envuelva y que si concluye con un final feliz…, entonces la película tendrá muchas papeletas para llevarse una suculenta cuota de taquilla. Aunque la aspiración debe ser no solo endulzar el paladar sino llegar al corazón con la dosis adecuada de sentimiento, con la sutilidad que lleva a sugerir y no mostrar explícitamente, con la honradez para dejar un margen al espectador y no conducirle irrevocablemente a una reacción determinada.

Porque todos sabemos que algunos críticos y cinéfilos repudian el sentimiento cuando se convierte en sensiblería, por esos excesos melodramáticos y por la vía elegida para suscitar la emoción y en cierta manera “manipular” al espectador. También hay otros expertos que abominan de cualquier tipo de sentimiento y tono positivo-constructivo de la historia, aunque sea tratado con contención y sutilidad (como en el caso de las películas que recomendé a mi amiga, en mi opinión) porque piensan que entonces se renuncia a la verdad de la vida y que esconde cierto “adoctrinamiento”, cuando no supone una búsqueda descarada y fácil de la taquilla.Pero igualmente parace claro que, en gran medida, el espectador de la calle quiere sentirse bien en la butaca –o al menos cuando sale del cine (el cine de miedo o terror es asunto aparte)–, que prefiere identificarse con los buenos sentimientos e ideales de sus protagonistas, que quiere emocionarse y conmoverse con las historias, sufrir la tensión y el drama justos en un momento determinado pero para inmediatamente después experimentar con mayor intensidad el amor… que es lo que realmente le interesa.

Por eso pienso que “August Rush” habrá gustado a un buen número de espectadores, a pesar de sus carencias y de que todo esté demasiado a flor de piel. A películas como esa solo le faltaría suavizar un poco esa carga de azúcar en bruto y ofrecerlo con sutilidad, para seguir haciendo un cine muy humano pero donde al espectador no se lo den todo hecho, donde pueda descubrir por sí mismo lo que siente y goza su personaje. Así se habrá ganado en interioridad y sensibilidad, y la sensiblería se habrá convertido en sentimiento.

En la imagen: Fotograma de “August Rush” – Copyright © 2007 Southpaw Entertainment y CJ Entertainment. Distribuida en España por A.Zeta Cinema. Todos los derechos reservados.

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Publicado el 10 noviembre, 2008 | Categoría: 6/10, Año 2007, Drama, Hollywood, Musical, Opinión

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Un comentario en ““August Rush”: Sentimiento y sensiblería en el cine”

  1. Pau

    Vi la peli el niño del piyama a rayas , y si esta muy buena :)
    saludos

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