Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

La mirada de “La escafandra y la mariposa”

 

A la hora de contar una historia, la narrativa cinematográfica dispone de eficaces recursos para encontrar la complicidad del espectador. Uno de ellos se apoya en la elección del punto de vista, en la óptica con que asistimos al desarrollo de la trama, de manera que a través de los ojos de un personaje quede éste caracterizado y su entorno mostrado de manera subjetiva. Lógicamente, el relato puede variar el punto de vista para mirar la realidad desde ángulos diversos hasta completar el puzzle —como recientemente ha hecho Sidney Lumet en “Antes que el Diablo sepa que has muerto”— o hacerlo a partir de los recuerdos del protagonista principal, que evoca su pasado y se lo hace partícipe al espectador. En este caso, esa visión personal puede ser, a su vez, expresada a través de la cámara subjetiva, medio eficaz —si no se abusa de él— para transmitirle sus sensaciones.

 

En la magistral “La escafandra y la mariposa”, Julian Schnabel acierta a servirse de esta cámara subjetiva y de la voz en off para mostrarnos el desconcierto y angustia inicial de Jean-Dominique Bauby —absolutamente inmovilizado tras una parada cardiovascular, sólo comunicado con el exterior a través de su parpadeo—, así como su sentido del humor y su nueva percepción de la vida a través del cariño. Especialmente en el primer tercio de la cinta, la planificación de las imágenes se corresponde con el ángulo de visión del enfermo, con lo que la composición queda frecuentemente descompensada, desequilibrada; y así, por ejemplo, al ver nosotros borrosamente la imagen intuimos la emoción que embarga a Jean-Dominique hasta provocarle la lágrima. Sólo la imaginación le hace volar por los campos de flores como si fuera una mariposa, liberado de la escafandra de un cuerpo que no responde; y sólo la memoria le permite recuperar fragmentos del pasado para revivirlos desde su cama del hospital. En todo caso, las tres maneras de recuperar la realidad nos son presentadas como una nueva forma de percibir la vida, de suscitar esas mismas emociones entre el drama y el humor.

En la vida, Jean-Dominique ha aprendido a sacar fuerzas del interior para escribir sus recuerdos desde el lecho, a armonizar todos los elementos que componen la vida de un hombre y entender también el sentido del dolor. En el celuloide, Schnabel ha conseguido sintetizar las posibilidades que música, fotografía, imagen, sonido, interpretación… permiten, y rendir homenaje a un hombre heroico. Y en la sala de cine, el espectador podrá vivir una experiencia única y extrema, sin angustias porque las imágenes respiran aliento e intimismo sereno, aunque sea a través de un cuerpo con apariencia de vegetal y con un fundido en negro como plano final. Habrán sido dos horas de acompañamiento e identificación con alguien que nos prestó su mirada y parte de su vida, de alguien con el que nos hicimos más humanos.

 

En las imágenes: Fotogramas de “La escafandra y la mariposa” – © 2007 Vértigo Films. Todos los derechos reservados.

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Publicado el 26 noviembre, 2008 | Categoría: Año 2007, Drama, Narrativa y estética, Opinión, USA independiente

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2 comentarios en “La mirada de “La escafandra y la mariposa””

  1. Rosenrod

    Totalmente de acuerdo, Julio. Una película magistral en un terreno lleno de minas en el que era muy, mero que muy fácil, deslizarse hacia lo manido, lo fácil o lo simplemente morboso.

    Un saludo!

  2. La Mirada de Ulises » Blog Archive » Recordando y “Deseando amar”

    […] el artículo anterior veíamos cómo Julian Schnabel acertaba en “La escafandra y la mariposa” a trasmitirnos las […]

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