[6/10] “El niño de Marte” es un homenaje a la paternidad y un emotivo encuentro entre dos personas que se necesitan para encajar en un mundo donde, al parecer, lo raro es ser humano. Así podría resumirse este drama intimista que nos ofrece Menno Meyjes y que tiene a John Cusack como pilar sobre el que construir una bonita historia de amor, de pérdida y de acogida, en torno a un niño “un poco especial” y dos padres “un poco marcianos”. Porque vemos cómo el pequeño Dennis dice provenir de Marte aunque en realidad sólo es eso… un niño de fuerte imaginación y gran sensibilidad que no tuvo el afecto de un padre –éste sí parece de otro planeta– que desconocía el valor de su hijo, y también descubrimos cómo encontró en David –un escritor de novelas de ficción que también podría ser tildado de “marciano”– al padre adoptivo que le enseñase a entender a los humanos… mientras éste recobraba a la vez las ganas de vivir tras la muerte de su esposa, y también la inspiración para seguir escribiendo.

Una historia entrañable y cargada de sentido positivo, que busca el lado amable de todos los personajes y que no hurga en los aspectos miserables que se suponen en algunos, tal y como deja constancia una fotografía luminosa y diáfana. Situaciones dramáticas de un David y Dennis que se necesitan y ayudan, que se dan su tiempo y se confían hasta llegar incluso a entenderse en el “lenguaje de los marcianos” –simpática es la escena del baile en que el niño arrastra al padre– cuando poco antes ha sido éste quien le haya enseñado el valor relativo de las cosas en la curiosa y práctica guerra de platos y tomate. “Nos movemos en el extraño universo de las relaciones humanas, donde un montón de partículas se juntan en unos cuerpos para buscarse y ayudarse a ser felices”: esta es la explicación con que David trata de convencer al nuevo E.T. que quiere volver “a su casa”, y así hacerle ver que en la Tierra tiene su sitio y misión. Un proceso gradual en la educación en la afectividad, lleno de paciencia y comprensión, con numerosos pasajes muy ilustradores de tal empeño que no esconden su carácter didáctico y aleccionador, con momentos en que lo sentimental se adueña de la historia hasta derivar hacia lo sensiblero, pero con otros de auténtica emoción –como el final dramático, en que el niño angustiado se pregunta por el porqué de todo lo ocurrido–.

El guión es narrativamente convencional y complaciente en el contenido, de ritmo irregular pero con un suspense sobre el origen del niño muy bien dosificado y preservado, con lo que la cinta conserva hasta el final la carta del desenlace incierto… si no supiéramos que “esto es América”. La puesta en escena y la planificación de Meyjes no esconden ningún artificio ni pretensión estética, a pesar de algunos planos cenitales que quieren referirse al origen extraterrestre del chaval y a la mirada de los marcianos, lo mismo que ese zoom de aproximación desde el Cosmos con que se inicia la película. Estamos ante un film muy americano y de aires televisivos, con su juego de béisbol y sus sándwich de queso fundido, con su marketing editorial de lanzar un libro a la conquista del mercado como si se tratara de un gran espectáculo. Es también el reflejo de un mundo literario que necesita nutrirse de la vida, y de un Harry Potter espacial que comienza protegiéndose de la luz solar con una caja de cartón o con cremas, que lucha contra la gravedad con un cinturón de pesos, o que busca a sus padres en un planeta tan imaginario –siempre la imaginación, poderoso lugar de evasión y autoprotección– como el construido por Rowling.

Una historia capriana con algunos tópicos y situaciones algo manidas, que cobran vida y frescura gracias a la buena interpretación de John Cusack en un papel de padre que necesita recuperar su lugar en el mundo tras haber sufrido la tragedia –en un registro semejante al de “La vida sin Grace”–, aquí con el mérito de sacar de un niño-actor toda naturalidad que le haga ser él mismo –esta es la máxima con que David trata de educar a su hijo adoptivo– y con la versatilidad emocional que su personaje precisa. Pero mejores sensaciones dejan las breves apariciones de su hermana Joan Cusack –también su hermana en la película–, con una chispa y frescura que dan otro aire al tono contenido del resto de la película. En cuanto al niño Bobby Coleman, es una pena soportar un doblaje que le quita toda su inocencia y expresividad y que impide valorar su interpretación, en principio no destacable ni excepcional.

Una cinta amable y agradable, conmovedora por momentos, quizá demasiado ilustrativa y un poco blanda. Pero, por todo ello, también adecuada para un público que quiera historias humanas y con sentimiento, llena de situaciones dramáticas resueltas con espíritu positivo, y para quienes no les importe un poco de tópico y una ausencia de estilo cinematográfico.
En las imágenes: Fotogramas de “El niño de Marte” - Copyright © 2007 New Line Cinema. Distribuida en España por TriPictures. Todos los derechos reservados.
Publicado el 6 Noviembre, 2008 | Categoría: Año 2007, Críticas, Drama, Hollywood
Tags: amor, Bobby Coleman, El niño de Marte, Joan Cusack, John Cusack, La vida sin Grace, Menno Meyjes, padre-hijos
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Good reads, love the info, keep up the good work.