Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

“La buena nueva”: Cruzadas de ayer y de hoy

[4/10] “La buena nueva” es la que don Miguel, sacerdote joven venido de Roma, quiere llevar a un pueblo navarro dividido entre requetés y socialistas. En vísperas de la Guerra Civil, el ambiente no es precisamente acogedor y sus buenos deseos por atender a todos, sin acepción de creencias e ideología conforme señala el Evangelio que quiere predicar, choca y le enfrenta a los falangistas que se han hecho con el poder y también a las autoridades eclesiásticas. La Iglesia y su colaboración con la causa franquista es el meollo de esta producción de Helena Taberna, presentada en la última Seminci y donde declaraba que se había inspirado en un hecho sucedido a su tío (material que ya había recogido en su corto “Alsasua 1936”) aunque con personajes de ficción. En la rueda de prensa decía Taberna que abominaba del cine maniqueo y que había tratado de transmitir una visión equilibrada de lo sucedido en esos años de cruzada, y también que su película «no era oportunista sino oportuna” en estos momentos de recuperación de la memoria histórica. Eso era lo que pretendía.

Está claro que el tema es polémico y delicado porque en una guerra todos cometen barbaridades y salvajismos. Aquí se quiere implicar a la Iglesia en esa caza de quienes pensaban de otra manera, pero se hace sin sutileza y adivinándose el cariz ideológico que se esconde detrás de cada plano, y eso a pesar de que introduzca algunos hombres buenos entre los malos (y viceversa, no importa quiénes sean unos y otros). Prueba de ellos son esas estampas de los seminaristas haciendo instrucción con bayonetas o esa foto patética saludando con el brazo en alto, secuencias del bando represor y autoritario que desentonan y contrastan con el cariz más melodramático y suave con que se afronta la historia personal de la pareja protagonista y del humanismo de los represaliados. Oportuna u oportunista, Taberna hace suyas palabras que ahora resultan políticamente correctas –parecen sacadas del B.O.E.– en el revisionismo histórico fomentado en nuestro país: “ahora no podemos hacer nada salvo evitar que muera por segunda vez con el olvido” dirá don Miguel a una viuda a la que acaban de asesinar al marido. Nada que objetar al cine como cauce para mostrar la verdad de lo que haya sucedido en el pasado, pero no parece que la directora sea equilibrada en sus juicios sino que toma parte –de manera combativa y revanchista– hasta acometer su particular cruzada contra la Iglesia.

Y esa beligerancia activa contra el estamento clerical se aprecia desde el momento en que apunta a la línea de flotación acusando a la jerarquía –ya se sabe, estamos en una época que cuestiona cualquier autoridad– y distanciándola del buen cura que acabará desencantado (cuanto mejor cura es don Miguel… más sangre salpica a la Iglesia, como es evidente). Como el personaje del sacerdote no tiene sombras ni grietas y es íntegro, puro y bienintencionado, el clímax dramático ha de buscarlo en el entorno. Ahí Taberna logra algunos momentos emotivos e intensos pero también cae en el estereotipo al retratar a los secundarios: un falangista despechado y otro fanfarrón y ambos autoritarios y sin escrúpulos, una viuda desconsolada y enternecedora, un médico republicano tolerante e idealista, una mujer también republicana que se prostituye con el adversario para sobrevivir, otro cura de esquemas superficiales y oportunistas… La interpretaciones no destacan ni para bien ni para mal (Unax Ugalde lo intenta en un papel difícil y complejo, y Bárbara Goenaga carece de fuerza interior que sobrepase el gesto dulce): simplemente cumplen en un guión que dirige la mirada del espectador en una dirección sin dejar margen para disentir. En esa fácil manipulación con la imagen, la música de Ángel Illarramendi –sin duda lo mejor de la cinta– tiene mucho que ver pues conduce el sentimiento de quien la escucha para ayudarle a tomar partido y meterse en una historia que está bien contada y avanza a buen ritmo, y donde Taberna sabe no aburrir ni quedarse en lo morboso. Con un buen arranque en que rápidamente se sitúa en el contexto y las subtramas al espectador, en el segundo tercio la cinta pierde fuerza al llenarse de clichés y estereotipos, y en el tercero todo se ve venir (el propio estatus del cura y su relación con Margari, el futuro del pueblo y del nuevo párroco…).

Una película sin duda lastrada por la ideología y la necesidad de denunciar parte de nuestro triste pasado pero desde el sectarismo: el montaje paralelo del desenlace habla por sí solo de este sesgo comentado. Parece que las cintas sobre la República y la Guerra Civil tienen su agosto en estos tiempos de crisis porque, entre otras razones, subvenciones no faltan. En esta de Helena Taberna se aprecia un buen pulso para narrar historias pero no supera la prueba de los prejuicios y eso la hace despeñarse por uno de esos acantilados a los que los falangistas llevan a sus víctimas. Definitivamente el cine español tiene que aprender a distanciarse de su pasado para recogerlo con mayor rigor y desprovisto de la carga de venganza y del tópico. Por eso, si entonces hubo una cruzada, ahora parece que asistimos a otra… y eso demuestra que la Historia no nos ha enseñado mucho.

Calificación: 4/10

En las imágenes: Fotogramas de «La buena nueva» – Copyright © 2008 Lamia Producciones. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.

Publicado el 15 noviembre, 2008 | Categoría: 4/10, Año 2008, Críticas, Drama, España

Etiquetas: , , , , , , ,

Deje un comentario

Copyright © 2008 La mirada de Ulises. Todos los derechos reservados | Diseño: YGoY, modificado por rafacas | Cabecera: Echeve