[8/10] Después de encontrar dificultades en su distribución, la calidad y exquisitez de “Deliciosa Martha” se han impuesto y conseguido importantes premios en numerosos festivales, a la vez que arrollado en la taquilla alemana. Sandra Nettelbeck nos presenta una película gastronómica que comienza al estilo de “El festín de Babette”, pero que pronto se trasforma en una comedia sentimental de toques dramáticos en torno a una mujer que tiene todas las recetas excepto la más importante, la del amor.

Martha es una mujer soltera, inteligente e independiente, jefe de cocina en un restaurante de Hamburgo. Allí todo está bajo su control y nada se escapa a su celo profesional, tan regulado como la comida francesa que prepara. Su vida aparentemente apacible será perturbada por tener que acoger a Lina, su sobrina, al morir la madre de la pequeña en accidente de tráfico, y también por la llegada de Mario, un ayudante de cocina italiano con un estilo de trabajo diametralmente opuesto al suyo.

En la cocina y en la vida de Martha todo es aparentemente delicioso y d ala impresión de tenerlo resuelto, si no es por esas escenas en que se refugia en el frigorífico del restaurante para llorar su soledad. Es un ser introvertido, pero sobre todo con una complicada psicología al no haber sabido dar cauce a unos sentimientos que han permanecido encerrados en su corazón, sometidos al mismo orden y perfeccionismo que se impone en su trabajo. Allí sólo hay precisión, pulcritud, seriedad,…, y una rigidez que la llevan a ser poco natural con su vecino divorciado o a no saber tratar a una niña inapetente y descentrada tras la tragedia familiar. Martha es una mujer que sabe cocinar como nadie, pero que no ha aprendido a jugar, que no concibe que se pueda comer sin usar platos o en el suelo, incapaz de vivir dando rienda suelta a sus afectos. Por un lado viene a ejemplificar el arquetipo de mentalidad germánica donde todo está planificado y donde hay poco lugar para el sentimiento; y por otro, habla más bien de la complejidad de un alma femenina que en ocasiones no sabe ya ni lo que quiere. En cierta medida, su sobrina sería su alma gemela, cambiante y con unas reacciones contradictorias que las han llevado a la soledad y la tristeza.

Para salvar a ambas de ese mundo apático y sin vida se nos ofrece el polo opuesto, encarnado –como ya se nos ha ofrecido recientemente en Italiano para principiantes- en el espíritu latino del cocinero. Mario es un hombre sencillo y amable, flexible y respetuoso, que sabe mirar y escuchar, que entiende la vida y que conoce el ingrediente de la felicidad. Su buena mano con la niña y su amor sincero por Martha se presentan como la mejor receta para arreglar los desaguisados que se van entretejiendo, y cuyo final es incierto. El choque de mentalidades queda magníficamente expuesto, gracias a la soberbia interpretación de Martina Gedeck –que sabe transmitir su complejidad y sufrimiento interior con un gesto contenido– y de Sergio Castellito –auténtico rostro lleno de vitalidad y sinceridad–, así como al buen trabajo de Sandra Nettelbeck con un guión y una planificación muy cuidados que mantienen el tono amable de la película sin llegar a caer en la cursilería ni el sentimentalismo. El acertado uso de la elipsis contribuye a crear esa progresiva transformación que se va dando en el alma de Martha, y que la permitirán encontrarse a sí misma.

Una película deliciosa, como los platos que se nos van mostrando en los primeros planos de la película -signos plásticos de lo que hay en alma de su cocinera-, que gustará al espectador, y que le dejará un regusto esperanzado y optimista para encarar los problemas de la vida.
En las imágenes: Fotogramas de “Deliciosa Martha” – Copyright © 2001 Nirvana Films. Todos los derechos reservados.
Publicado el 9 Octubre, 2008 | Categoría: Alemania, Años 2000 / 2005, Críticas, Melodrama
Etiquetas:amor, Deliciosa Martha, Martina Gedeck, Sandra Nettelbeck, Sergio Castellito
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Es una película en la que cada plano tiene un significado expreso. Se podría hacer un seguimiento de los cambios de la protagonista sólo fijandonos en su peinado: perfecto cuando lo tiene todo controlado, con mechones sueltos cuando se siente desconcertada o no controla su entorno, desordenado cuando la realidad que la circunda está fuera de control …
Para mí es especialmente atractiva la escena en que sale del comedor con sus compañeros y se coloca el mandil: ahí vueleve a retomar el control sobre su vida. Luego el plano neblinoso y cenital de la cocina nos muestra “su” universo, lo que controla.
Me encantó la película y la he vuelto a ver varias veces.
15 Octubre, 2008. 2:52 pm
Por cierto, no sé que ha pasado con la primera foto de tu artículo.
15 Octubre, 2008. 7:33 pm
Muy atinados comentarios, Juan Carlos. En detalles como los que mencionas del peinado es donde se nota la calidad de una buena película, terminada con cuidado y que pervivirá en el tiempo, porque cada vez que se ve se saca algo nuevo. Y gracias por lo de la foro: ya está resuelto.
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