[4/10] Pasó por San Sebastián con más revuelo mediático que resultados y se fue de vacío. La crítica se centró entonces en la polémica por sus ataques al Opus Dei, y prácticamente prescindió de valoraciones cinematográficas serias. Ahora llega a las salas y es probable que encuentre más eco entre el público del que tuvo en Donostia, a pesar de su excesiva duración de dos horas y media. Y eso porque viene respaldada de una potente campaña publicitaria y porque la tecla de la provocación siempre atrae. Ya todos sabemos que se trata de la historia de una adolescente, Camino, a la que le descubren un cáncer y que se debate entre el primer amor por un chico del barrio y la enfermedad ante la que su madre siempre intenta que vea a Dios. Javier Fesser, tan dado a la mofa y la caricatura en sus anteriores películas, quiere aquí pasarse al lado humano y sensible, pero también terrible y duro de la realidad… otra cosa es que lo consiga y que sea la realidad.

Para ello se inspiró en la vida de una chica madrileña, Alexia, para después vaciar su historia de sustancia y quedarse en la ficción con el envoltorio sentimental. Dice que se documentó mucho pero solo se aprecian lecturas anecdóticas utilizadas según intereses precisos. Al parecer, no escuchó a la familia de la niña fallecida y terminó traicionándola al usar su nombre para la promoción, algo que denota muy poco tacto cuando aún viven. Al margen de estas bazas maquiavélicas, probablemente “Camino” tenga, como decíamos, un recorrido prolongado en las salas, y ello se deberá a esa explotación del sentimiento que su director sabe hacer. Llevar a la pantalla el sufrimiento de una niña inocente y dulce es algo siempre enternecedor y que suscita las emociones más encendidas… más aún si se contrapone a la frialdad de personas que parecen vivir más en el cielo que en la tierra.

Sin duda es la manipulación de alguien con oficio y sensibilidad que empuja al espectador a ponerse del lado del débil o a enjuiciar a ese sacerdote –bastan unos primeros planos de sus labios que trasmiten dureza en sus palabras–. Pero también es la mirada de alguien que no alcanza a entender –el propio director lo ha declarado– que por debajo de las apariencias, de unas palabras o hechos descontextualizadas… puede haber razones profundas que expliquen esa actitud ante la muerte. Por eso, Fesser se mete en terrenos pantanosos cuando pretende abordar el sentido del mal, del dolor, de la enfermedad en el mundo… y su aceptación en alguien que cree en Dios. Es un reto que han querido siempre afrontar los grandes cineastas, porque se adentra en lo más íntimo y profundo de la persona y porque encierra su dimensión más trascendente. En ese intento, el director de “El milagro de P. Pinto” se queda en la superficie y en la caricatura, en el esperpento y la ridiculez, y el proyecto le queda grande a todas luces.

Por eso, la película solo se sostiene desde el punto de vista del dramón sentimental, con sus momentos dramáticos –unas veces excesivos y otras increíbles, como el “inoportuno” accidente del padre, invento rocambolesco de guión– y otros de fuerte impacto emocional –como en la confidencia de Camino con su padre en el hospital– en que demuestra una sensibilidad que sí llega al espectador. La película funciona bien en las escenas mágico-fantásticas y también en las que protagonizan los niños –muy conseguida la espontaneidad en torno a la obra de teatro y la interpretación de Claudia Ortero como Begoña: se ve que Fesser tiene maña para capturar emociones y también para la espectacularidad. Más dudosos son los logros en las alucinaciones oníricas en forma de pesadilla con su ángel custodio o las imágenes hiperrealistas de las operaciones quirúrgicas –innecesarias y que rompen el tono general–; y claramente fallidas todas aquellas en que decide atacar frontalmente el modo de vida de personas del Opus Dei, y saca a escena retratos sin libertad, personalidad ni humanidad que resultan risibles, caricaturescos y donde se adivinan los prejuicios del director.

En definitiva, el problema de Fesser es que quiere tocar demasiadas teclas, ir del melodrama al realismo y de éste al cuento fantástico pasando por la crítica para volver de nuevo al comienzo. Con tanto viaje por los géneros, “Camino” acaba naufragando, con momentos repetitivos que llegan a cansar y aburrir, por ejemplo, al poner machaconamente en boca de la madre siempre expresiones de abandono y amor a Dios vaciadas de humanidad, como si la pobre mujer careciese de intuición y sensibilidad hacia lo que su hija necesita en cada momento y fuese una aguafiestas.

Al final, demasiadas fracturas en un guión irregular y sin equilibrio, que juega puerilmente con diálogos de doble intención y equívocos sonrojantes, con algunos elementos pretenciosos –no podía faltar una imagen del mar como metáfora de la libertad que la niña y su hermana no tienen– y otros incoherentes que solo buscan etiquetar de fanatismo o masoquismo, de falta de humanidad o de rareza en todo lo que suene a religioso y espiritual. Por lo demás, retratos maniqueos con una madre impositiva –algo neurótica y desde luego que se hace antipática– y miedosa en su falsa seguridad, un padre tolerante y tremendamente humano (contrapunto a su mujer y mirada del propio Fesser), unos sacerdotes que obran de manera interesada y manipuladora (¡de nuevo el tópico del cura en el cine español!)… Libres del cariz ideológico y porque el guión se lo permite, los niños logran las mejores interpretaciones porque son naturales y auténticas, espontáneas y frescas, especialmente Nerea Camacho y la mencionada Claudia Ortero. Una curiosa y estudiada mezcla de ficción y realidad en la que ésta se distorsiona hasta hacerse irreconocible, hasta falsificar una vida –o muchas– y generar un clima de polémica nada respetuoso con la familia ni tolerante con quien vive como quiere. Por eso, es una pena que tanto talento –el de Fesser– se desperdicie, que se utilice una vida tan ejemplar –la de Alexia– de manera tan pobre e ingrata, que todo se quede en una nueva aventura de Mortadelo y Filemón pero con poca gracia e ingenio.
Calificación: 4/10
En las imágenes: Fotogramas de “Camino” – Copyright © 2008 Películas Pendelton y Mediapro. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados.
Publicado el 18 Octubre, 2008 | Categoría: Año 2008, Críticas, Drama, España
Etiquetas:Camino, Claudia Ortero, El milagro de P. Pinto, Javier Fesser, Nerea Camacho
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18 Octubre, 2008. 1:38 pm
Sobre la película Camino, basada en la vida de Alexia, cito los comunicados de la famila de Alexia González Barros, cuyos 4 hermanos aún viven. Me parece que son elocuentes:
* Fesser en “Camino” se sirve de Alexia González Barros
* “Camino” de Javier Fesser carece de la autorización de la familia de Alexia González Barros
* Carta abierta de uno de los hermanos de Alexia a Javier Fesser: Carta abierta a Javier Fesser: grave e injusto error demencial
* Camino de Fesser y Alexia: película y realidad, por Ninfa Watt ex alumna del colegio en el que estudiaron las hermanas González-Barros y amiga de la familia
* “Le ruego que deje de maltratarnos” : carta abierta de José Damián, hermano de Alexia González-Barros, a Javier Fesser, director de la película “Camino” (19.oct.08)
Más información en la web oficial de Alexia González Barros http://www.alexiagb.org
Estos textos se pueden leer también en: http://www.opusdeialdia.org/
18 Octubre, 2008. 8:50 pm
No coincido contigo en la valoración del personaje de Carme Elías: al contrario, creo que es el más complejo de toda la película, y que su interpretación tiene muchísimo que ver con ella. Quizá porque, en el fondo, hay algo tremendamente humano en ella, por más que la película nos presente una actitud difícilmente comprensible…
Un saludo!
18 Octubre, 2008. 9:18 pm
Respecto al personaje de Carme Elías, Rosenrod: no entro a valorar la interpretación, que me parece buena.
En cuanto al personaje dibujado en el guión, estoy contigo en que es el más difícil de la película, y muy complicado porque tiene que fundir, armonizar en su persona, unos sentimientos humanos de madre que ve sufrir a su hija con otros derivados de su fe en Dios…
Sin embargo, mi opinión es que Fesser no alcanza a comprender la profundidad de esa creencia religiosa que encuentra un sentido al dolor, y que como consecuencia lo que transmite al personaje es un conjunto de poses superficiales: por un lado muestras de afecto palpable y cariño (que llegan bien al espectador y demuestran sensibilidad) y por otra “frasecitas” -pesadas por lo repetitivo- de tono espiritual y abandono en Dios (que suenan a hueco, impostado, artificial en su vida… porque se desligan de humanidad).
Ese sentido espiritual -al que aludía en el artículo de Opinión relacionado- es algo que no alcanza a vislumbrar Fesser y que se funde con lo más humano: el plano sobrenatural (o religioso, o divino, como quieras) no anula lo humano, y en la madre sí lo anula hasta convertirla en antipática y rechazable por el espectador. Por eso, porque Fesser no entiende que lo humano y lo espiritual van unido, por eso el dibujo de la madre nace viciado, incompleto desde su origen, y lo que transmite es esquizofrenia, tópico, desconcierto, perplejidad, confusión…
Reconozco que no es fácil, y por eso hablo de un reto muy difícil en el que se empantana… Por supuesto, ninguna responsabilidad de esto tiene Carme Elías, que consigue mucho más de lo que otras hubieran logrado.
Un saludo, Rosenrod, y te agradezco tu comentario.
19 Octubre, 2008. 6:26 pm
[...] subvención de Esperanza Aguirre. En otro lugar, el crítico encargado de hacer la reseña de “Camino” se despacha a gusto… hablando del Opus Dei y del catolicismo y apenas de cine, apostillando [...]
20 Octubre, 2008. 12:32 am
La mejor crítica de la película que he encontrado hasta ahora.
20 Octubre, 2008. 9:06 pm
Al ver esta película recordaba un comentario de Antonio López sobre como pintar la realidad. Decía que era imposible pues nunca llegas a verla completamente. Si el director ha querido reflejar la realidad me parece que no ha sabido profundizar en ella.
Sin embargo no parece que Fesser haya pretendido realizar un retrato realista, es más bien una caricatura. Se exageran los rasgos fijándose en lo más llamativo (a juicio del autor) y deformándolo para que oculte el resto.
Si fuera así todavía se podría suponer una cierta rectitud intelectual, un intento de reflejar “su” visión, pero después de leer los comunicados de la familia me parece que hay algo más. Esos rasgos desenfocados y magnificados no parecen buscados de modo inocente sino cuidadosamente escogidos y exagerados sólo hasta el punto en que pueden parecer creibles en cada caso concreto pero que todos van conformando una imagen negativa y opresiva de todo el entorno que rodea a Camino.
Siguiendo con el simil de la representación pictórica me recuerdan más a los dibujos de Escher donde jugando con la representación de la perspectiva, para lo que hace falta un gran dominio del dibujo, nos presenta una realidad falsa e ilógica que no se aprecia en una primera vista.
20 Octubre, 2008. 11:16 pm
Tienes razón, fenar. Una comparación muy ilustrativa. En el propio cine documental siempre se habla de intentar acercarse a la realidad con el máximo respeto, mientras que en la ficción todos los recursos que ayuden a la dramatización… valen, pero entonces está claro que todo lo que se muestra es invención. Aquí la trampa, el error y el engaño está en mezclar hasta confundir… y dejar mentiras y alguna verdad para hacer creer que todo o casi todo (el ambiente) es verdad.
22 Octubre, 2008. 2:54 pm
Coincidencia plena en sus comentarios. Un sentido común aplastante. Saludos.
7 Noviembre, 2008. 10:00 am
Ya se ve que, después del fracaso en taquilla (la 7ª película de la semana pasada, y eso que no había muchas más), a Fesser le interesa crear polémica antes del fin de semana.
Cometí el error de ir a ver Camino, lo cual sólo me hizo pasar un mal rato con una película larga, lenta y sangrienta. Estoy de acuerdo con los críticos: el tema se aborda lentamente y la película resulta como una patada en el estómago. Tuve que irme al cabo de dos horas de película… y todavía le quedaba lo peor, según me han contado.
La película ya está en la red para descargar. Os recomiendo que os la bajéis y gastéis ese dinero en unas buenas copas, en lugar de pasar un mal rato en el cine.
29 Enero, 2009. 11:42 am
[...] del cine. Acabo de ver una peli basada en hechos reales, aunque no tenga nada que ver con la realidad, o sí, no lo sé. Ya [...]
29 Enero, 2009. 12:15 pm
He leído tu artículo “El Diario de Camino Frank”, y te felicito. Me ha gustado mucho… y ya solo queda que haya algún director de cine “políticamente acorrecto” que lleve tu historia a la pantalla. Un saludo,
31 Enero, 2009. 3:47 pm
De las 4 nominadas al Goya es la única que no he visto. Vi el trailer y no me proporcionó ningún interes verla y más aún sabiendo que la familia está en contra de la película.
Por cierto, sé que aquí no pega pero vamos……..que los Crímenes de Oxford esté nominada al Goya, me deja preocupada.
31 Enero, 2009. 5:56 pm
En mi opinión, Manuela, no te pierdes mucho con “Camino”, aunque -como en cualquier película- siempre hay algún elemento valioso, la madre está bien y Fesser tiene buena mano. El modo de recoger la historia y toda la polémica que ha querido generar para “venderse” juega en su contra porque es penoso.
En cuanto a “Los crímenes de Oxford”, a mí me sorprende la taquilla que ha tenido y tanta candidatura, porque me parece más bien mediocre, bastante confusa y pretenciosa (toda la trama matemática y pseudofilosófica), con un guión deslabazado e importantes caídas de ritmo, aparte de la forzada y gratuita concesión de Leonor Watling que no aporta nada a la historia.
2 Febrero, 2009. 9:33 pm
[...] más pendiente de rendir tributo a servidumbres ideológicas –ahí está Jaume Roures y su “Camino”, por ejemplo– o de darse incienso a sí mismo. Desde luego, con el cartel de premios de este [...]
7 Febrero, 2010. 12:15 pm
[...] hubiesen despertado con sus cantares en obras de menor calibre, más simplonas y partidistas como “Camino”. Fíjense, eso no me sorprende [...]